Aló, ¿Me escucho?

Hace un tiempo, mi mejor amiga me llamó la atención sobre algo que ella había notado en mí,
que yo ni idea.

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Yo no soy la persona más optimista ni más positiva del universo, yo ‘toy clara, incluso yo sé que algunas personas por otras cantaletas pudieran pensar lo contrario. Pero yo no sabía que yo me expresaba de mí y de las situaciones que me pasan, de una manera tan fatalista, hasta que ella me lo dijo.

¿Qué tan grande es el poder de lo que digo?

palabras

Y es raro, porque tú no vas por la vida diciéndole a lxs demás frases desalentadoras o sazonando
las situaciones negativas que le pasan.

Bueno, yo esperaría.

Sin embargo, hacerlo para connosotrxs mismxs es súper fácil, es como un chip en automático que tenemos. Y si nos llevamos de la famosa frase, “las palabras se las lleva el viento”, ‘tamo a salvo, pero no y esa es la cantaleta.

Cantaleta de hoy: ¿Cómo evitar auto-destruirnos con nuestras propias palabras?

Las palabras pueden construir o pueden destruir. Eso que nos decimos, esa manera en la cual nos expresamos sobre las situaciones que nos pasan con nuestras amistades, esas palabras crean realidades y esas expresiones se quedan tan dentro que llega un momento en el cual son capaces de afectar nuestro ánimo y de nuestra manera de ver las cosas. 

Algo tan sencillo como la frase “tengo que”, y esto lo digo como testimonio verídico y real, yo uso demasiado el “tengo que…”. Es una frase que te condiciona y te predispone, porque tu mente identifica que es algo que tienes que hacer, entonces es algo obligado, forzado. Y es aprender a cambiar eso. Tú no “tienes que” hacer nada, tú lo haces por responsabilidad, porque quieres agradar a alguien, porque quieres adelantar algo. Pero tú no “tienes que” hacer las cosas. 

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Hagamos el ejercicio de reeducar nuestro vocabulario, de reestructurarlo, de prestar más atención a cómo nos hablamos a nostrxs mismxs. Cambiemos las palabras negativas por afirmaciones, tratémonos con más cariño, usemos expresiones que creen realidades positivas. 

Y aquí un ojazo grandísimo, cuidado con la manera en que te hablas, lo que pronuncias con tu boca hoy, puede ser tu realidad de mañana.