Constantemente me encuentro ante situaciones difíciles en la vida, algunas más que otras. Y mi mente se va directamente a “debo dejar las cosas fluir”.

Hmmm.

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Y me doy cuenta de cómo yo me he acomodado en la “fluidera”. A ver cómo me explico, es tanto lo que lo escucho, que debo dejar las cosas fluir, que mi mente ya ha adoptado ese pensamiento en automático cuando me pasa algo.

La fina línea entre fluir y actuar: ¿Cómo lo hago?

Cualquier consejo, meme de Insta, frase inspiracional, hasta canciones te invitan a fluir. Es un recordatorio constante. Yo siento que tal vez no le estamos dando el uso o el significado correcto a esa palabra. Veo como a veces en mí o en otras personas, desde que las cosas se complican un chin, queremos soltar y dejar las cosas fluir.

Es como si nosotros nos quitáramos responsabilidad de hacer o no hacer, porque hay un bien mayor que va a decidir hacia dónde se van a direccionar las cosas. O si vemos un obstáculo que no esperamos, ya sea en algún proyecto de trabajo, alguna relación de pareja, cualquier situación personal, nos ataca la idea de que si no está siendo fácil, de que si no está fluyendo, de acuerdo a como lo tenemos imaginado o idealizado en nuestra mente, entonces no está destinado a ser y debemos desistir. 

¿A dónde voy con todo esto?

 Y no, la respuesta no es forzar porque acuérdense, el que gusta no fuerza. (¿Ustedes sabían que no se dice “no forza”, eso lo aprendí con @soymabellopez).

El punto de esta cantaleta es que tengamos cuidado con la fina línea entre fluir y actuar, entre dejar que las cosas pasen y hacer que las cosas pasen. Estemos claros y claras de que fluir no es dejarlo todo en manos del azar, ni es un comodín para cuando las cosas se ponen complicadas o tenemos miedo de enfrentar alguna situación.

Que el arte de “fluir” no te arrebate sueños, personas, vivencias, experiencias, metas, solo por el pensamiento mágico de que todo debe ser fácil.

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Fluye pero también actúa.