A las hijas de la comunicadora Miralba Ruiz, Mara Palacios (15 años) y Ainhoa Palacios (9 años), muchos las hemos visto crecer ante nuestros ojos. Por consiguiente, a ella también. Miralba ha sabido moverse con el cambio que implican las nuevas tecnologías en el desarrollo y gustos de sus hijas. También ha sabido manejar su rol profesional con el personal; un fin que perseguimos muchas madres trabajadoras.

Por ello, y para tomar algunos truquitos de crianza de la Generación Z, en esta primera edición de “5 preguntas a…”, conversamos con Miralba sobre maternidad.

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¿Siempre soñaste con ser madre o fue una decisión que tomaste luego de casarte?

Honestamente no era algo con lo que “soñaba”. Lo veía como una etapa que llegaría a mi vida, pero con algo de aprehensión por la gran responsabilidad y lo que para mí en ese momento implicaba la maternidad: falta de libertad.

¿Cuáles fortalezas admiras de tus hijas?

Para su edad Mara es extraordinariamente profunda, empática y analítica. Ainhoa es un torbellino de energía, siempre dispuesta a colaborar y tiene un corazón inmenso.

¿Cuéntanos de sus personalidades, alguna te recuerda a ti cuando eras adolescente?

Mara es la que está en la etapa de la adolescencia y me recuerda a mí en lo mucho que le gusta leer e investigar el mundo a su alrededor.

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¿Hubo algún aspecto de la educación que recibiste de tu madre que tuviste claro que querías traspasar a tus hijas?

Sí. Tanto mi madre como yo, somos mujeres que siempre hemos tenido metas personales y profesionales. Mi abuela fue también una mujer muy independiente. Así es que quiero que mis hijas crezcan, entendiendo el valor de la autonomía y que busquen un compañero por decisión, no por necesidad.

¿Qué piensas del rol de los padres en la sociedad actual, donde vemos que los hijos e hijas tienen tanto acceso a la información y estamos ante una crisis de valores y empatía?

La censura es imposible. Los temas vedados son imposibles. Hay tanta información que se hace necesario formar a los hijos desde el criterio y la humanidad. ¡Hay que estar dispuesto a hablar de todo!, siempre poniendo en perspectiva lo que como familia uno defiende y los valores que como persona son importantes, pero ya no hay manera de ocultar información. Hay que enseñarlos a discernir y a tener conciencia crítica.