Por Airam Toribio

 

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Hace más o menos dos años, estábamos buscando un preescolar para mi hijo Dante. Dentro de las preguntas que hacíamos a los centros que visitábamos estaba si se trataba de uno inclusivo. Nuestro deseo como padres era que Dante pudiera compartir con niños y niñas diferentes a él mientras se educaba, para así reconocer que en la diversidad hay valor y que son esas mismas diferencias las que nos hacen únicos y únicas.

 

Entonces desconocía la realidad por las que muchas personas con discapacidad o condición especial realmente atraviesan a lo largo de su vida. Esta edición me abrió los ojos, y me atrevo a decir que también al resto del equipo.

 

Conocer muchas de las historias de este número nos mostró otra perspectiva del mundo a través de situaciones a las que no estamos expuestas y expuestos porque no nos han tocado de cerca. Mi equipo llegaba con anécdotas sorprendentes y nostálgicas de aquellos a quienes entrevistaba.

 

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Para las personas con discapacidad, para las minorías o para alguien con una condición especial, la vida es totalmente distinta a lo que la mayoría conocemos; sus gastos, la forma en como el mundo les percibe, y lo poco tolerantes que podemos ser ante las diferencias fue una constante en los testimonios, también lo fue el deseo de que sencillamente se les permita ser feliz teniendo los mismos derechos y oportunidades que los demás.

 

Estas páginas son pocas para mostrar todas las historias, pero asumimos el compromiso de fomentar su visibilidad y las de sus aliadas y aliados mientras existencia tengamos.