De bisexualidad, problemas  con Hollywood y la ley, son temas de los que Michelle Rodríguez habla abiertamente, pero ofreció la entrevista especial a El País con la condición de que no se mencionará a Paul Walker, pues la muerte de su amigo y compañero en la popular saga de acción y automóviles A todo gas  (Fast and furious). Comparte que su partida es todavía muy reciente  y su recuerdo aún vivo en la última y séptima entrega  de la franquicia.

Nacida en San Antonio (Texas), esta latina de 36 años conoce las reglas para sobresalir, si es ella quien lo hace. Expresa que hay muchos ingredientes  en el éxito de “A todo gas”. “Pero también sé que este triunfo es un mensaje a Hollywood para que aumente su diversidad, para que aumente su diversidad, para que aumente sus colores, sus idiomas. Hollywood tiene la responsabilidad de reflejar el planeta. Y el planeta no es blanco ni sólo hombres. Los latinos hemos llegado por la puerta de atrás, pero ahora somos el centro de este baile”, resume alzando los brazos  a ritmo de cumbia.

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“Es algo natural, orgánico”, dice sobre su bixesualidad.

Comparte que existe un cambio marcado, contando hace 14 años, cuando cruzó el umbral de la gran puerta del cine. “¡Jesús! ¡Qué de tiempo! Salí de Nueva York justo después de 11-S”. Esta actriz tejana sabe mucho de diversidad y su mezcla explosiva lo dice todo. Es hija de padre militar, boricua, y madre dominicana. Rodríguez deja claro, con un mono de cuero color hueso ceñido a su cuerpo, que atrás quedo la comida rápida  que tomaba en Nueva York para llegar a fin de mes, sin estudios ni trabajo, donde un momento después fue descubierta por la directora Karyn Kusama, como la chica de aspecto fiero que necesitaba para Girl fight.

Se paga carreras en un circuito de Las Vegas y la moda es su nuevo vicio.

Ahora, en el circuito Exotic Cars en Las Vegas se paga de su bolsillo unas carreras de lujo sin temor a ser detenida –una vez más- por exceso de velocidad. Cada año se gasta cientos de miles de euros en su nuevo vicio, la moda. “No quiero morir monja y la moda significa sexo”, afirma como si no lo dijera a voces su indumentaria “cuztomizada”.    

“Cuando no importas lo que vistes  atraes gente  a la que tampoco le importa. Militares cooperantes. Y está bien. Pero quiero ver lo que hace la gente sexy. Tengo curiosidad”, se ríe.

En el inicio de su carrera, Rodríguez llegó a tomar títulos  de su filmografía de manera muy seria, entre ellos: Girl fight o una más de las serie Perdidos. Papeles poco usuales para una latina en Hollywood. “Yo he evitado el sexo como quien evita un disparo porque los papeles de hispana siempre  eran los de mujer de mala vida, la intención, la ramera. Pero eso se ha acabado. Me he ganado la libertad sexual”, comparte con carajadas.

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Fuera de la pantalla, la actriz ha sido de lo más activa: novia de Vin Diesel cuando comenzaron n la saga en 2001; Oliver Martínez cuando coincidieron en S. W. A. T  Los hombres  de Harrelson (2003). Luego junto a la actriz Kristanna Loken, con quien descubrió  su bisexualidad y ha alternado desde entonces los brazos de la modelo Cara Delevingne con los de Zack Efron. “Es algo natural, orgánico. Quiero probar cosas nuevas y sentirme libre”.

Su acompañante y relacionadora publica, Annie, está cada vez más nerviosa. Una cosa era hablar de Walker y otra muy diferente es descubrir los planes para su futura vida artístico-sexual. Pero comenta que la que manda es Rodríguez. Concluye diciendo: “Es que hay una responsabilidad a la hora de ser famoso. Y es hora de que asuma alguna responsabilidad y haga lo que quiero hacer”. ¿Cómo qué? “Dejar de quejarme por la imagen de la mujer en el mundo y unirme a gente con talento con la que hacer magia”.