A diferencia de muchas jóvenes que me siguen y escuchan mi podcast, a los 23 años nunca había consumido ningún tipo de contenido sobre maternidad. Hablar de bebés, lactancia, coches y pañales, era casi como un cuento mítico del cual borrosamente tenía referencia [por mis sobrinos], pero que definitivamente no era de mi interés. 

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De hecho, mi tipo de literatura favorita repelía cualquier libro de «no-ficción» ¿Realidad? ¿Para qué? Si yo lo que quería era escapar de ella. 

Para mi suerte, mi repulsión hacia la aburrida realidad siempre ha competido con mis ganas de entender las cosas, esa competencia conmigo misma de no permitir “que nadie me impresione” [que por cierto, muy mala filosofía; una sola estrella; no la recomiendo], me permitió estar abierta a explorar aguas desconocidas. Por lo tanto, luego del pánico, la incertidumbre, las conversaciones incómodas y el ejercicio [doloroso] de subir la cabeza y enfrentar la situación de mi embarazo a «destiempo», cayó en mis manos por recomendación de una amiga el libro “Bringing up bébé” de Pamela Duckerman.

Bringing up bébé” de Pamela Duckerman

Confieso que al leerlo yo era un lienzo en blanco. Absorbí todo lo que proponía como una esponja sedienta de lo que sea que me dieran. Hoy en día lo re-leo y hay cosas que me digo “JAAAA muy bonito en las páginas, pero ven Pamela y tírate el lío conmigo”. Fue mi primer referente de que podía hacer las cosas diferente a los modelos que ya había visto a través de mi propia historia. Que podía ser «más yo», que hay distintos modos de crianza, y que la crianza europea tiene muchas cosas buenas que podemos extraer.

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El libro básicamente es una investigación que hace la americana Pamela Duckerman sobre la crianza en Francia. Por temas de reubicación, la autora se vio obligada a mudarse a Europa y ubicar a su familia en el país del amor, los croissants y el buen vestir. Al ver cómo las madres de su ecosistema social francés se llevaban a sí mismas (y a sus hijos), le despertó la curiosidad de indagar en técnicas, filosofías y costumbres que parecerían encaminar a la mujer a un modo de crianza en donde no había tanta tensión, llanto y enojo, como en su experiencia americana.

Es un libro práctico y entretenido. Por momentos redundante, pero definitivamente útil. Las 3 mayores enseñanzas que pude extraer de él son las siguientes:

  1. El Niño debe tener límites y los padres deben hacer un buen trabajo en no flexibilizar esos límites. Pero dentro de esos límites, debe haber completa libertad. Una vez trazas con lo que estás cómoda aceptando como permitido, tienes que darle la libertad de elegir dentro de este parámetro;
  1. A los niños no se le debe dar todo inmediatamente. La pausa nos enseña a que la inmediatez no es siempre una opción y a desarrollar la paciencia. Los llamados “padres helicópteros” que responden de una vez, que «solucionan» inmediatamente. Crían seres que de adultos, demandarán la misma atención cuando la vida no responda tan rápido como sus padres;
  1. Las prohibiciones deben ser consistentes, pero siempre hay que dar una razón para ellas. El famoso “porque yo lo digo” de nuestras madres, hacen que lo incuestionable sea la norma, y no entiendan el por qué de los límites.

Podríamos abundar en muchísimos aspectos del libro que hablan de temas específicos como el sueño, el embarazo, la alimentación. Pero la realidad es que he aprendido con el tiempo que las mejores lecciones que me ha dejado la literatura de crianza, maternidad y psicología, me las regalan esos grandes principios que te sirven de base para todo lo demás. 


Sólo hay que abrir la mente, absorberlos y [aquí viene el gancho] practicarlos.

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