Por Norys Sánchez

Aunque se conocen como nanas las canciones de cuna que sirven para arrullar al bebé antes de dormirlo, en muchas culturas, como la nuestra, el término es utilizado para referirnos a esas cuidadoras de bebés y niños que por el cariño y la confianza depositados en ellas ha venido a reemplazar con frecuencia el nombre de niñeras por considerarlo frío y menos familiar.

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Y son estas nanas quienes cada vez están cobrando mayor protagonismo en la vida de los infantes por haberse ganado el afecto de los pequeños y la confianza de los mayores. Se les ve acompañando a los niños no solo al colegio y fiesta de cumpleaños, también en la cita del pediatra y hasta en los viajes de recreo, incluso fuera del país.

En ocasiones, el vínculo es tan fuerte que llegan a formar parte de la vida adulta de esos niños. De hecho, la canción “Lady Laura”, interpretada por el brasileño Roberto Carlos, hace referencia clara a esa figura que nos confortaba de niño en momentos de aflicción y que aún en la adultez.

 “Un niño espera que su madre desempeñe ese rol. Vincularse afectivamente con él, cuidarlo, educarlo, regalarle lo que más aprecia, tiempo para compartir. La sociedad moderna ha llevado a ambos padres a entrar en la vida productiva y el tiempo de compartir con los hijos es escaso. Por eso se recurre a las nanas como apoyo para su crianza. Si ellas no sustituyen el rol materno, siendo solo una ayuda por la ausencia de los padres, la madre preservará su rol privilegiado” explica la psicóloga Vanessa Espaillat.

Abunda y dice que en el caso de que las madres en el tiempo que tengan para la familia no suplan esas necesidades esenciales de los hijos, y lo hagan las nanas en el corazón de sus hijos, estas nanas estarían ocupando el rol materno, evitando que la falta de afecto y de guía los enferme emocionalmente, pues muchas patologías infantiles se asocian con la falta de estimulación, de afecto y de límites en la primera infancia.

“Para estos hijos la ausencia de la madre, teniendo una madre, será un duelo que tendrán que superar, pero la presencia de las nanas les habrá evitado una patología mayor”, asevera Vanessa.

“El lugar que ocupan los padres en la vida de los hijos es insustituible, ya que, desde aquí se trazan las formas de convivencia, crianza y lo más importante, afecto. Las ocupaciones de los padres han contribuido a que estos tengan menos tiempo para invertirlo en los niños y se toma como apoyo la colaboración de las queridas nanas, quienes no solo procuran que quienes están bajo su cargo se alimenten o estén bien cuidados, sino que muchas veces, son quienes se ocupan de educarlos y darles el amor que necesitan. Así que, muchas veces, las nanas no solo cumplen con las exigencias de los padres sino que se ocupan de todas las necesidades de los niños y terminan conociéndolos más que quienes las contratan”, explica la también psicóloga Daysi Massiel Santana Meregildo.

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A su entender, cuando los hijos, carentes de necesidades, tienen la oportunidad de encontrar a alguien que los escuche, comprendan o mimen, tienden a acoger a ese adulto de forma significativa en sus vidas y la relación con los padres puede ser secundaria. “Estas mujeres pueden convertirse en su paño de lágrimas y confidentes, quienes al crecer, se las llevan a su casa para no romper el fuerte vínculo creado”, abunda Daysi Massiel, a la vez que considera que si la relación establecida con la nana es tan estrecha “se debe a que la relación con los cuidadores primarios, que serían los padres, se desplazó hacia esa relación, ya sea por las tantas horas de trabajo o por dar prioridad a otras cosas, menos a lo más importante: desarrollar una vinculación estrecha y armónica con los hijos”.

Pros y contras

Daysi Massiel califica de beneficioso que los padres se puedan asistir de las nanas y valora la tranquilidad que les proporciona el dejar a sus hijos con personal de confianza y capacitado para sus cuidados, “pudiendo extender el estilo de crianza que los padres modelan a sus hijos, mientras los padres trabajan, pueden sentirse confiados de que sus hijos están en un lugar seguro, el hogar”.

De igual modo Vanessa opina que estas “pueden ser un apoyo a la crianza, si los padres eligen a alguien que tiene capacidad de vincularse y poner los límites que los padres consideren adecuados para la educación de sus hijos. Que no sustituyan a los padres, y que los representen solo mientras trabajan, para que ellos puedan compartir son sus hijos los fines de semana, o cuando salgan a alguna actividad familiar y social”.

En cuanto a los contra, Vanessa dice que la ausencia de los padres cuando delegan totalmente la crianza de sus hijos en las nanas, “tendrá como consecuencia que los valores de los hijos y su manera de vincularse con los demás, y de comportarse, dependerá de las nanas. Si es una persona enferma emocionalmente le hará mucho daño a los hijos”.

Para Daysi Massiel “mientras menos tiempo se les dedique a los hijos y las actividades con ellos sean exclusivas de las nanas, se fomenta un distanciamiento en la relación paterno-filial. Se deja de conocer cómo son, qué les gusta o qué necesitan. No hay garantía de que la educación se basará en lo que los padres desean ya que, toda persona que se involucra en el desarrollo de los hijos aporta un poco o mucho de sí”.

Vanessa afirma que si la madre se da cuenta que su hijo quiere estar más con la nana que con ella, “indica que deben mejorar la cantidad y calidad del tiempo con ellos. Si aparta a los hijos bruscamente de la persona que ella misma eligió para que ocupara su lugar, les haría mucho daño a los niños. Tendría que ocupar su lugar, y así los niños también las tendrían como un referente emocional, y la nana ocuparía su lugar, como un apoyo, no como un sustituto materno.

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¿Esa dependencia podría ser dañina en el desarrollo del niño?

Vanessa explica que toda dependencia es sana en los primeros años, de hecho la considera necesaria “para que el niño luego desee experimentar la independencia con el estímulo de sus cuidadores primarios. Si las nanas o los padres prolongan esa dependencia sana inicial, el niño se infantiliza y no madura emocionalmente.”

Depender de los padres será más sano que depender de las nanas, en la etapa inicial. Si se vinculan solo con las nanas, y ellas los infantilizan no generaran un vínculo sano, concluye Vanessa Espaillat.