Un toque de ambigüedad

La apreciación de la belleza se contempla en una actitud estética, que tiene como propósito apreciar algo. Para la mayoría de los autores esta actitud es la búsqueda de goce por lo atractivo, algo que puede estar determinado por los sentidos, el pensamiento, la imaginación, la inteligencia, o cualquier combinación de ellos.Una de las primeras discusiones sobre la interacción entre la razón y lo bello corresponde al siglo V a.C., cuando el filósofo Jenofonte afirmó que existen tres categorías diferentes para este concepto: la belleza ideal: basada en la composición; la belleza espiritual: el alma, que se expresa a través de la mirada, y la belleza funcional: las cosas son bellas mientras sean útiles. En este sentido, algo puede ser bello o feo, según el fin que persiga.

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El inicio del debate

Según los filósofos griegos, la belleza se atribuye a la juventud; los jóvenes se consideraban naturalmente hermosos en comparación con la generación anterior. El antropólogo Doug Jones de la Universidad de Cornell llevó a cabo un estudio en varios países para determinar la relación entre juventud y belleza, descubriendo que la mayoría de personas entrevistadas preferían parejas con características faciales juveniles.

Platón fue uno de esos filósofos que intentaron arrojar algo de luz sobre la definición de la belleza. Este estudiante de Sócrates, que enfrentó a la belleza como uno de los más altos valores humanos, consideraba “lo bello” como placer de los ojos o elemento de idoneidad. Esto significa que, según él, para que un cuerpo sea considerado hermoso debe ser útil para el propósito que fue hecho y también debe ser agradable a la vista.

 

Todo depende

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En su libro Historia de la belleza, Umberto Eco explica que la belleza ideal (objetiva) depende de la esencia de lo que es considerado bello y no tanto de la apreciación de quien observa. Pero, con el transcurso del tiempo, el debate filosófico comenzó a abandonar la discusión sobre las reglas de qué hacen reconocer qué es bello y se plantea mejor los efectos que la belleza produce.

Eco cita el planteamiento de David Hume, quien en el siglo XVIII en su libro de Ensayos morales, políticos y literarios reflexiona entre los dos enfoques contrapuestos: “Si bien es cierto que belleza y fealdad, sin más aún que dulzura y amargura, no son cualidades de los objetos sino que pertenecen enteramente al sentimiento interno o externo, hay que admitir que existen ciertas cualidades en los objetos que están adaptadas por naturaleza para suscitar esos sentimientos específicos”.

 

Lo bello hoy

¿Puede ser definido por la edad, el género, el color, la forma o el tamaño del cuerpo? ¿Quién decide? Multimillonarias industrias de belleza y de moda tienen los efectos de esas decisiones. En una exposición fotográfica denominada “La cultura de la belleza”, realizada en Los Ángeles, en 2011, 175 imágenes de fotógrafos emblemáticos tuvieron como objetivo motivar a la gente a pensar y hablar sobre la belleza femenina; y la realidad es que sí, hay un montón de cuestiones en cuanto a cómo los medios de comunicación y el mundo de la belleza y de la moda nos muestran de una manera particular las cosas.

Sin embargo, se ha visto un cambio importante en lo que respecta a la diversidad de la belleza en publicidad y revistas. Varios estudios sugieren que muchos comparan hoy en día la belleza con la simetría, pero incluso dentro de esto cada quien tiene su propio estándar, y aunque se esté sujeto a predilecciones personales en esta industria, la diversidad y el respeto a la misma se está imponiendo, incluso existe un vínculo entre belleza, diversidad y lo que es “inusual”.

 

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Entonces, ¿es subjetiva?

La realidad es que la definición de la belleza depende de una interpretación propia. Hay aquellos que la relacionan con la juventud, mientras que otros lo relacionan con la aptitud para un propósito determinado. Aunque ambas pueden aplicar en diferentes situaciones, un aspecto de belleza que destaca es que se determina principalmente por el nivel de atracción que tiene para el ojo humano.

¿Hay realmente algo común entre todas las experiencias de belleza en el mundo? Quienes han dedicado por mucho tiempo a comparar distintas experiencias estéticas, como por ejemplo el ver una película de terror y visitar una casa embrujada, confirman que ninguna idea coincide. Por lo tanto, prefieren creer que la belleza es una etiqueta que atribuimos a los diferentes tipos.

La investigación psicológica ha demostrado también que el comportamiento de una persona puede afectar cómo es percibida por los demás. Algo que a la vez muestra cómo la definición de belleza también está determinada por la persona que la “posee”, además del espectador. 

 

Una perspectiva global

El tiempo ha demostrado que la industria de la belleza está abierta a campañas que, más que mercadeo, tienen como objetivo liberarnos de los estereotipos y contribuir con la autoestima.

 

“Solo el 4% de las mujeres alrededor del mundo se consideran bellas”

Una mejor calidad de vida se traduce en un estado anímico y físico saludable.

 

Sobre si la belleza va ligada al placer o si vale la pena vivir en búsqueda de lo bello, hay que aclarar que sí. Por un lado la belleza está vinculada al placer; es de esto que habla el hedonismo, doctrina filosófica basada en la búsqueda del placer y la supresión del dolor como razón de vida. Pero, la belleza también puede ser considerada como un valor. Por ejemplo, hoy día las clases de terapia o apreciación del arte ofrecen valoración de la belleza y estética como algo cultural.