Madame Carven, fundadora de la marca del mismo nombre con la que triunfó entre las jóvenes de la posguerra francesa, ha fallecido este lunes en París a los 105 años, dejando décadas de innovadora creación textil a sus espaldas. Y eso que se convirtió en modista por accidente. Ella no tenía formación específica –había estudiado en la Escuela de Bellas Artes e iba para arquitecta y diseñadora de interiores– ni un gusto particular por la moda, aunque sí un grave problema para encontrar talla. Al no dar con modelos que se ajustaran a su metro y medio de estatura, decidió crear una marca para mujeres menudas. “Si hubiera sido alta y hermosa nunca habría creado mi propia firma de costura”, dijo una vez.

Nacida en Châtellerault (al sureste de Francia) como Carmen de Tommaso, un nombre que nunca le gustó, esta hija de editor italiano decidió rebautizarse como Marie-Louise Carven, contracción de su nombre y del apellido de su tía, Josy Boyriven, que solía llevarla a ver escaparates de pequeña. Con los años terminaría erigiéndose en uno de los grandes nombres de la moda de la posguerra francesa, además de en una de las escasas mujeres que lograron rivalizar con Dior, Balmain, Givenchy o Saint Laurent, pese a que no siempre la tomaran en serio.

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“Fui una mujer pequeña entre grandes hombres. Si me aceptaron, fue solo porque creé un estilo sencillo. Yo no les molestaba en absoluto, porque trabajaba para las jóvenes de mi época”, explicó a Le Monde en 2010. Vistos con perspectiva, sus diseños constituyen un eslabón perdido entre la alta costura de los cincuenta y el prêt-à-porter que brotó en la década posterior, del que ella fue una de las pioneras, ya que lo abrazó hasta 15 años antes que Saint Laurent. Durante la Segunda Guerra Mundial, escondió a uno de sus empleados judíos y a varios miembros de su familia. Por eso, en 2000 sería nombrada justa, la condecoración oficial concedida a los gentiles que ayudaron a salvar vidas de judíos durante la persecución nazi.

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