En la actualidad, es común y resulta ideal que las parejas se planifiquen con tiempo para materializar la mayoría de sus proyectos en conjunto: la boda, el alquiler o adquisición de una vivienda, los hijos y hasta los viajes, que vienen a ser los puntos claves de todo matrimonio.

De todas estas decisiones la de “agrandar la familia” es la que más inquietud trae a la pareja, ya sea por inseguridad, miedo a no saberlos criar, por motivos laborales o garantía económica. En el caso particular de la mujer, puede ser por los cambios que experimentará en su cuerpo o si podrá desempeñar su rol como es debido (el padre también tiene su responsabilidad, pero en nuestra sociedad la crianza de los hijos se asocia más a la madre).

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Por eso, posponerlos es la decisión oportuna, mientras lo demás se ordena según lo esperado. Todo va según lo previsto pero, de repente, hay una falta. Sin que ninguno de los dos lo esperase, hay una vida gestándose en el interior del vientre de mamá. ¿Qué pasa por la mente de una madre ante una situación como ésta? 

“Siempre soñé con ser madre, pero también me preocupaba la responsabilidad que implica este rol. Cuando me casé, como es de esperar, la finalidad era formar una familia. Esto nos inquietaba a ambos, ya que para esto queríamos estabilidad económica y más tiempo para fortalecer nuestra unión. Por esta razón acordamos esperar al menos un año para comenzar la búsqueda”, nos cuenta Helen Jáquez, que sólo tiene meses de casada y ya la vida la ha premiado con el don de la maternidad.

“Para prepararme comencé hacer ejercicios, fui a un endocrinólogo y al ginecólogo. Todo con el fin de que mi cuerpo estuviera listo para cuando diéramos el paso conscientemente (de ser padres), pero el momento se adelantó, a los 7 meses de casada quedé embarazada”, sigue contando nuestra entrevistada, quien debido a una situación hormonal que atravesaba, su doctora le había informado que las posibilidades de quedar embarazada en ese momento eran muy pocas. 

Ante esto, la sorpresa fue mucho mayor. “¿Mi reacción? Fue una mezcla de miedo, culpabilidad y alegría. Sentí miedo porque me enfrentaba a algo nuevo y porque no sabía cómo iba a reaccionar mi esposo, pues era claro que teníamos otros planes; culpable porque iba a cumplir casi un mes de embarazo y había estado corriendo e ingiriendo sustancias para perder peso (solo pensar en el posible daño a su criatura le hizo sentir muy mal); y alegría porque iba a recibir el regalo más hermoso que toda mujer pudiese recibir: ser madre”, detalle la futura mamá, quien actualmente tiene tres meses de gestación. El llanto llegó y con él, todas las preocupaciones: cómo decírselo a su esposo; su peso no era el adecuado para un embarazo saludable; su situación económica la idónea para brindarle la calidad de vida que quiere para su hijo(a). Le inquietaba si sería lo suficientemente madura para saber educar a un pequeño ser, de protegerlo… Muchas cosas en cuestión de minutos. Sin embargo, todo fue tomando su curso. “Me calmé cuando hablé con mi madre, mi esposo y amigas. Ahora, sólo espero que sea un bebé sano y que yo pueda ser capaz de darle el amor y los cuidados que necesite. No me importa si es hembra o varón. Sólo quiero que venga ‘completo’ y que sea un ser feliz. Que yo y mi esposo tengamos la capacidad de saber guiarlo”, enfatiza.

 

Ante un caso similar

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Tener un hijo supone un gran cambio en la vida de una pareja, por lo que hacerse todas estas preguntas al quedar embarazada sin esperarlo es algo habitual. “Para muchas mujeres el embarazo es motivo de felicidad, pero para otras puede ser una etapa de miedos, ansiedad, confusión, hasta incluso de depresión, explica Cecilia Salamanca, psicóloga de la Fundación Eduardo Punset, que tiene como uno de sus objetivos, prestar apoyo psicológico a través de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información para contribuir en las políticas de prevención.

“Saber cuándo se está preparada para ser madre es una cuestión muy personal. Es de suma importancia intentar descubrir si realmente no se está preparada para ser madre o si es el miedo a un cambio tan importante en tu vida lo que hace dudar y impida tomar una decisión”, agrega la especialista, para quien, “ser madre requiere exigencias y conlleva mucho trabajo, a la vez que muchas gratificaciones”.

“Hablar con tu pareja sobre el tema y reflexionar conjuntamente puede que sea la mejor forma de actuar. Y sobre todo, confiar en el instinto y no arrepentirse de las decisiones tomadas, siempre y cuando sea lo mejor para ambos”, finaliza Salamanca.