La psicología juega un rol trascendental en las personas que reciben un diagnóstico de cáncer. La manera de sentir, pensar y actuar frente a esta nueva realidad, será determinante para poder lograr la victoria a la enfermedad.

La psicología detrás de un diagnóstico de cáncer

Aquella mañana, Roselyn Ramírez tenía consulta con su doctora de cabecera. Salió de su casa algo nerviosa, pero optimista –su actitud natural–. Encomendó su día a Dios y se puso en marcha. La cálida brisita de las mañanas de verano arropaba la ciudad de Barcelona; mientras que para la vida de Rossy (como le llaman sus cercanos), se aproximaba una tormenta que no veía venir. Finalmente, su doctora le dio un diagnosticó que no esperaba: cáncer de mama.

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“¿Qué voy a hacer?”, “¿Cómo podré lidiar con esta enfermedad, estando tan lejos de mi familia y de mi país?, “¿Qué pasará con mi trabajo, en el que apenas tengo pocos meses?, y así un montón de interrogantes más se agolpaban en su mente. Pero, después de unos minutos sopesando lo que estaba ocurriendo y lo que le devenía, su espíritu de Wonder Woman se hizo presente y con todo el estoicismo del que hacía acopio le dijo a su doctora: “Pondré todo lo que esté a mi alcance para que este proceso sea lo menos tortuoso y largo posible, tanto para mí como para mi entorno. Con Dios, para adelante, sin tristeza, con entereza y determinación. Lo que haya que hacer, eso haré”.

¿Qué pasó con Roselyn Ramírez, entonces?

Rossy estaba decidida a darle una bofetada al cáncer con una sonrisa y sentido del humor. Por eso, le puso un mote a su enfermedad y hasta se inventó una canción jocosa para referirse a ella. El tratamiento de quimioterapia estaba pautado para iniciar en octubre del año pasado, por lo que, en septiembre, cuando apenas quedaban unos pocos días para que acabase el verano del 2021 y el frío abrumador hiciese su entrada avasallante, se le ocurrió una idea: realizar un viaje a una casa de veraneo en la playa con su marido (su único familiar en Barcelona) y sus amigas. Durante ese fin de semana se realizaron muchas cosas, entre ellas, celebrar la vida y construir recuerdos para poder sobrellevar la batalla que le aguardaba.

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Días antes de iniciar la quimioterapia, Roselyn envió una fotografía muy especial a sus familiares y amigos más cercanos. Ella se había raspado su voluminosa cabellera afro rizada porque no quería sufrir la tortura de ver cómo sus mechones de pelo se caían inevitablemente. En esa fotografía, lo más impactante no era ver su cabeza rapada, lo que realmente destacaba era su espléndida sonrisa. Una sonrisa radiante, deslumbrante y muy sincera, que enmarcaba su rostro y le hacía lucir tan hermosa como siempre. “La actitud es lo primero. Si tienes buena actitud, te verás bien con pelo o sin él”, confiesa.

Después de un año con varias sesiones de quimioterapias, una operación de doble mastectomia y reconstrucción, y varias radioterapias, su sonrisa y su fe siguen en pie. Indudablemente, la historia de Roselyn es un ejemplo de cómo el optimismo ante un diagnóstico de cáncer puede suponer un cambio tangencial en la vida del paciente y su entorno?

¿Qué lección podemos aprender de este diagnóstico de cáncer?

“Con una actitud positiva llevas la mitad de la guerra ganada. Si se toma una postura negativa nuestro sistema inmunológico tiende a deprimirse, por lo que perdemos parte de nuestra defensa innata para atacar el cáncer. He visto casos en estadios muy tempranos de la enfermedad consumirse por una negatividad, falta de apoyo familiar o depresión. Pero también he visto cómo en casos de estadios de cáncer avanzados, responden de manera un tanto milagrosa gracias a su positividad”, resalta la radio oncóloga Isabel Reyes.

Pero, esta postura tan optimista y pragmática no es la más habitual. Según Reyes, normalmente cuando una persona es diagnosticada con cáncer la negación surge de manera inconsciente. Luego aparecen las preguntas: ¿Por qué a mí?, ¿Qué hice mal?, ¿Me voy a morir?, así como un sinnúmero de emociones y luego el llanto (aunque no siempre se da frente al médico, porque hay procesos emocionales que solo acontecen luego de salir de la consulta). Después de esa primera etapa llega la pregunta clave: ¿Cómo lo podemos solucionar?

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Lamentablemente, hay pacientes que se quedan estancadas y paralizadas en la etapa de negación y prefieren buscar múltiples opiniones de otros expertos de la medicina. Acción que es totalmente aceptable y válida, siempre y cuando la enfermedad no esté en una etapa muy avanzada, porque con el cáncer se juega a contra reloj.

El acompañamiento de un psicólogo/a es sumamente importante, a fin de poder lograr el necesario equilibrio emocional, la aceptación de la enfermedad y ponerse en ánimo de lucha”, sustenta la psicóloga Mabel López Zapata, quien también es sobreviviente de cáncer de mama.

El papel de la familia

No en vano se le atribuye a la familia ser el núcleo vital de todo individuo, y en lo referente a la salud desempeña un rol muy relevante. López Zapata resalta que un paciente diagnosticado con cáncer necesita saberse acompañado y arropado por su familia y personas cercanas. A la vez, enfatiza que la familia ha de tener cuidado en no transmitir sentimientos de lástima, pero sí ha de brindar mucho apoyo emocional y buen ánimo. “Mi familia y amigos se volcaron hacia mí, no sobreprotegiéndome, sino haciéndome ver que no estaba sola y… eso para mí fue súper importante”, recuerda.

También es cierto que una enfermedad como el cáncer, que llega a rozar etapas terminales, puede llegar a desgastar no solo a quien la padece sino también a quien le cuida. Por eso, se recomienda que las familias también busquen orientación psicológica y se den ánimos mutuamente.

Enfrentando los miedos tras un diagnóstico de cáncer

El temor se acrecienta cuando no sabes a qué te enfrentas, por eso, Reyes recomienda el conocimiento como una herramienta para vencer el miedo al cáncer. “Es importantísimo que el paciente se oriente sobre su enfermedad y que sienta confianza en su equipo médico. Mientras más empapado está el paciente de su diagnóstico, menos temor presenta”.

También recomienda a los pacientes buscar alguna afición que les guste como leer, pintar, escribir o incluso, si las condiciones físicas se lo permiten, podría realizar alguna actividad deportiva. “Se ha demostrado que la actividad física es muy favorable en pacientes oncológicos, pues mejora su estado de ánimo. El paciente se siente con más energía, libera toxinas y mantiene su organismo más saludable. Además, hay estudios que han demostrado menor riesgo de recaída de la enfermedad en personas que mantienen una actividad física regular. Sobre todo si hace ejercicios de resistencia, ya que los músculos también liberan sustancias que ayudan a atacar células malignas”. Uno de los estudios que sustenta esta tesis fue realizado por el American College of Sport Medicine y respaldada por la Sociedad Americana Contra el Cáncer. 

En el caso de Mabel, durante la quimioterapia no tenía fuerzas ni siquiera para leer, por lo que la música fue su mayor terapia. La música clásica le acompañó durante los momentos más oscuros de su enfermedad dándole tranquilidad y relajación.