Al tapar lo superficial, revelamos lo más importante: la personalidad». Así se expresa Adi Heyman, judía ortodoxa de 31 años, en su blog fabologie.com. Desde esta plataforma, que combina fotos de pasarela con looks de Olivia Palermo o Miroslava Duma, se dirige a mujeres que profesan su misma religión o comparten un mismo ideal estético: ir a la última, pero respetando el decoro. Con 200.000 visitas al mes, es parte de una tendencia que los anglosajones han bautizado como modest fashion y que, según Heyman cuenta aS Moda, «cada vez va a más».

Da fe de ello la proliferación de tiendas online como jcluforever.comshabbyapple.com,mikarose.com o apostolicclothing.com, orientadas a conciliar ambas facetas. ¿Una ardua tarea? «Para nada. Valentino, Céline, Michael Kors y The Row, por mencionar algunos, apuestan por faldas de largura media o camisas con mangas; y prendas similares se encuentran en Zara o Topshop», sentencia Heyman. No opinan lo mismo Mimi Hecht y Mushky Notik, dos chicas de 28 y 25 años que fundaron su propia firma de ropa modesten Nueva York, Mimu Maxi, en 2013. «Hay oferta, pero es necesario que haya más (y más asequible) para las mujeres que han de vestir así a diario», explica Hecht. Ellas decidieron emprender porque «resultaba frustrante no encontrar ropa decente, según los estándares judíos, y al mismo tiempo estilosa», dice Notik. En un año y medio, estas dos cuñadas de Brooklyn han vendido prendas por valor de 200.000 dólares. Entre sus superventas, básicos negros y skirt leggins, unas faldas con efecto malla.

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Ciertos sectores del cristianismo comparten ideas similares sobre cómo combinar diseño y creencias. La clave está en cubrir (con más o menos rigor) el escote, el abdomen, los hombros, los muslos y las rodillas, sin por ello parecer anticuada. Católicas, baptistas y judías se nutren de propuestas como jenclothing.com, una tienda online fundada en Utah por la mormona Jen Loch. La joven, de 33 años, ha logrado ventas por valor de un millón de dólares en el último año. «Siempre me han gustado las revistas de moda, pero a causa de mi fe, no podía llevar muchas de las prendas que veía», recuerda.

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