En verano, nos ayuda a regular la temperatura corporal frente al calor exterior, pero, si se duerme de forma adecuada, ofrece otros beneficios en niños (mejora su capacidad de aprendizaje) y mayores (previene infartos). Estas son las claves de la siesta perfecta.

No tome café después. Aunque es habitual tomarse uno para estimularnos tras la siesta, el doctor Diego García-Borreguero, director del Instituto del Sueño de Madrid, no lo considera necesario. “La cafeína bloquea la adenosina, neurotransmisor inhibidor del sistema nervioso central, y estimula el cerebro, manteniéndonos más despiertos. Si dormimos unos minutos por la tarde, se convierte en una sustancia innecesaria”, asegura.

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No coma con exceso antes. Tras una comida copiosa y bien regada, es habitual que el cuerpo nos pida echar una cabezada. “El alcohol inicialmente induce al sueño, pero cuando los niveles en sangre empiezan a reducirse, se produce una reacción del sistema nervioso simpático que produce microdespertares, desvelándonos por completo o haciéndonos entrar en una fase de duermevela que no proporciona un sueño reparador. Un atracón también puede facilitar la somnolencia, aunque en menor medida. Eso sí, una digestión pesada hará que el tiempo que estemos durmiendo sea de peor calidad. Y tumbarnos dificultará la digestión”, prosigue el doctor.

La siesta no engorda. “Durante el sueño, liberamos un tipo de hormona llamada leptina, cuya función es transmitir sensación de saciedad. La siesta es demasiado corta para interferir en procesos metabólicos, por lo que, a pesar de las leyendas, ni engorda ni adelgaza”, explica el doctor García-Borreguero.

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