“Estamos viviendo en la era de la big data”, dice la prestigiosa analista de Kleiner Perkins Caufield & Byers (KPCB), Mary Meeker, en uno de sus esperados reportes anuales sobre tecnología. La big data no es más que un término que describe el cúmulo enorme de datos estructurados y no estructurados, que por su magnitud, no pueden ser procesados o analizados con las herramientas tradicionales.

La gran pregunta es, ¿de dónde proviene tanta información? De dónde más: de nosotros, los seres humanos; de las actividades que realizamos varias veces al día (la mayoría) desde nuestros teléfonos inteligentes. Según IBM  (empresa de tecnología y consultoría), diariamente se generan unos 2.5 quintillones de bytes de datos a través de ellos. (1 quintillón = 1030 = 1.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000).

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Esto es gracias a que el tiempo que invertimos cuando estamos despiertos, lo utilizamos para estar frente a la pantalla de un dispositivo electrónico. Así lo afirma un estudio realizado en el 2014 por la Universidad Complutense de Madrid, que reveló que el 60% de nuestras horas de actividad es con los ojos fijos en la computadora, el celular o la tableta, durante los días laborables. De este tiempo, unas dos horas están repartidas entre dos de estos aparatos juntos. Únicamente los fines de semana el porcentaje disminuye. No se animen, que no es mucho, es tan sólo un 10%.

Y que no te sorprenda que las redes sociales tengan gran parte del terreno ganado en este juego de la generación de datos. Sólo Twitter reproduce cerca de 12 terabytes de tweets diariamente y Facebook almacena alrededor de 100 petabytes de fotos y videos, según IBM.

Pareciera que viviéramos en universos paralelos, o que tuviéramos vidas paralelas, gracias a estas plataformas sociales digitales. No es una idea descabellada. Cuesta creerlo, pero el boom que han tenido las redes en esta, la era de las telecomunicaciones y la información, no sólo son cuantificables. También hay una expresión cualitativa de las mismas, proporcionada también por nosotros, los usuarios. No son las palabras, ni las fotos o videos las que funcionan como el espejo de nuestra personalidad. Al menos no únicamente. Hay una función, tan sutil y minúscula como evidente, que dice más de lo que cualquier persona pudiera pensar acerca de lo que somos, cómo pensamos y hasta qué queremos. Ya saben de qué se trata: el famoso like o “me gusta”, en Facebook, Instagram, Pinterest o su equivalente al “favorito” en Twitter.

“Los likes marcan tendencia, preferencias, ayudan a tomar decisiones de negocios”, explica el experto en tecnología Jonathan Montero, Manager de Tecnología de la Información en Theorem Creations, para describirme la importancia de lo que podría considerarse un simple acto de anuencia con algo que veo publicado.

Lo cierto es que, debido a que se filtra información desde esa red hacia empresas como Amazon, por ejemplo, ellos pueden tener acceso a lo que una serie de usuarios señala como preferido y así sugerirle de manera sutil pero nada fortuita, algún tipo de producto. Digamos que constantemente das likes a publicaciones relacionadas con cámaras fotográficas. Si te fijas, no pasará mucho tiempo para que aparezca un anuncio de dicha tienda, ubicado en el lado derecho de tu página de inicio, en el que te sugieran un modelo muy parecido al que ya previamente habías aprobado dando un like. Es así como fácilmente has dicho, sin mediar palabras y de forma indirecta, cuáles son tus preferencias.

Según explica Montero, empresas comerciales como estas pagan a Facebook para que les permita tener acceso a su red o les incluya en un círculo, de manera que notificaciones como esta, sobre un determinado producto, les llegue. No hay privacidad que valga en estos casos. El espionaje existe y lo quieras o no, te pone en evidencia. Aquí, mientras más me “gustas” des, más Facebook sabrá sobre ti. Y así también, quienes estén colados por ellos. 

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Salvo que tengas un candado de seguridad para personas que no sean tus amigos, tus publicaciones y likes son públicos, y les están gritando a todo el mundo quién eres… o lo que quieres que ellos crean que eres. Y he aquí es cuando el arma saca su doble filo.

De Acuerdo al Centro de Ayuda en Facebook, un like es “una forma de dar retroalimentación positiva o conectar con personas que te interesan”. Cerca de 65 millones de usuarios dan like a diversas fotos y videos diariamente.

 

Cuando se convierte en una necesidad

“Estamos en una época en la que casi todo el mundo tiene control de la información, y el medio más libre para conseguirla (y distribuirla) son las redes sociales”, precisa Montero y, nos revela el secreto psicológico que hay tras la tecnología y sus “pulgares arriba”: “La tecnología saca a flor de piel lo que es el ser humano por dentro. Yo manifiesto lo que soy, pues a lo que le das “me gusta”, los demás lo pueden ver. Tan sencillo y tan asombrosamente completo como eso”.

¿Y por qué es aquí cuando el arma puede apuntar a tu favor o en contra? Pues, si lo que posteas es una realidad o no, de igual manera muestras quién en realidad eres… aunque los demás no se enteren. Podrás engañarlos a ellos(as), pero jamás a ti mismo(a). ¿O sí?

Esto sucede cuando tiendes a realizar publicaciones para conquistar “corazones” en Instagram, pulgares hacia arriba en Facebook o estrellitas doradas en Twitter (como en el colegio, ¿recuerdas?). Estas notificaciones son una aprobación a lo que haces en tu vida virtual, un alimento que para algunos es tan necesario como la comida real: hay quienes viven literalmente de lo que postean en las redes, porque es parte de su trabajo.

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El resto, busca aceptación, afirma el especialista en tecnología.

Su punto de vista lo refuerza Kaly Baéz, psicóloga clínica con un Máster en el Tratamiento de la Ansiedad y el Estrés: “Mientras más likes (tengo) más intereso, más gusto, más me buscan, más aprobación”, señala, y al mismo tiempo asegura que esta percepción está muy fuera de la realidad. ¿Por qué? La sed por obtener un “me gusta” es una máscara que esconde una gran necesidad de aprobación y falta de atención, entienden los expertos. Por eso, hay quienes no miden o filtran lo que postean en la red: cierto, falso, demasiado, excesivo…  en tanto ganen likes, nada importa.

En ese tenor, la psicóloga analiza lo siguiente: “La eterna búsqueda de aprobación, el sentirnos aceptados, que pertenecemos a ese grupo de referencia, puede llegar a robarnos nuestra esencia, lo que somos, sin saber que quizás lo que ese receptor desea es lo mismo que tú: dejarse ver tal y como es y ser aceptado por lo que es”.

Es cuando el reiteradamente mencionado “me gusta”, se convierte en una dependencia dañina: “Las situaciones de conflicto aparecen cuando dependemos de las redes para conocer personas, para relacionarnos con lo demás. Muchos internautas que poseen pocas habilidades sociales se esconden detrás del computador para relacionarse sin enfrentarse a su mayor temor: el frente a frente”. Lo peor es que, según lo que expone la especialista, esto aumenta la ansiedad social y a largo plazo hace que estas personas se aíslen mucho más, incluso de los que tienen a su lado. Y hay más. Según su análisis, este problema está presente y lo seguirá estando, porque es la oportunidad que tiene quien está detrás del computador o de un móvil inteligente, aunque sea por un breve lapso de tiempo, de ser quien desea ser, mostrar únicamente lo que quiere de sí mismo y crear esa persona que, entiende, el receptor desea que sea.