Un nuevo perfil se abre paso en el mundo de los tatuajes. Además de optar por ellos por convicción, por inmortalizar recuerdos o, simplemente por filosofía de vida, se suman ahora las personas que han encontrado en el tatuaje al mejor aliado para disimular cicatrices.

Muchas personas tienen algún tipo de cicatriz en su cuerpo, ya sea provocada por una cirugía, un desafortunado accidente o por cualquier otra circunstancia. Cualquiera que sea la razón, aunque la cicatriz no sea demasiado visible, nadie se siente cómodo mostrándola. Algunas desaparecen con el tiempo, mientras que otras duran de por vida.

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Una moda que está en boga es disimular o cubrir estas marcas de la forma más creativa: haciéndose un tatuaje, aprovechando la forma de la cicatriz para hacer un diseño de lo más original. En este sentido, el carácter más rebelde de dibujarse el cuerpo está dando paso al más humano, ya que es capaz de devolver la sonrisa a aquellas personas que han librado grandes y valientes batallas contra enfermedades que dejan huellas y levantándoles la autoestima a muchos individuos que la han perdido.

Esta técnica está logrando que el tatuaje se vea como una solución estética eficaz, incluso, capaz de cambiarles la vida a muchas personas. En cuanto al tema, el doctor Freddy Santana, ginecobstetra del Centro Intimag, comenta que desde el punto de vista médico, tatuarse no representa ningún cambio negativo para el paciente. La única precaución que debe tener es escoger el momento adecuado para realizarse el tatuaje. “En el caso de una abdominoplastía, que deja una cicatriz que va de extremo a extremo, que es una herida, el proceso completo de cicatrización total es de 8 meses, siendo en las dos primeras semanas cuando la piel está más susceptible a reacciones por agresión externa. Por lo tanto, es recomendable esperar que finalice el proceso de cicatrización, ya que hasta ese momento, puede producirse lo que llamamos “cicatriz hipertrófica”, que se caracteriza por ser ancha pero no hace relieve, o queloides, que se reconoce cuando deforma la cicatriz, tanto porque aumenta de dimensión como elevación en su relieve “, comenta el especialista.

Desde el punto de vista de comodidad de la paciente, Santana sostiene que el tatuarse luego de pasar por una cesárea o una abdominoplastía ayuda a eliminar el factor de “down” o de pérdida de estima que provoca tener esa gran cicatriz, tornándose de algo desagradable, a sentir una cierta sensación de aceptación , a sentirse más sexy y eliminando el temor de mostrarse ante su pareja.

Hay que tener en cuenta algunas características de la piel y el color antes de realizarlos. La piel cicatrizada, por lo regular, tiene una textura diferente a la piel normal, y por tanto es mejor que vayan bien con la forma de la cicatriz, el cuerpo y el estilo de vida.

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