Tomado del estudio “Comunicación materno-filial: vínculo de apego”, elaborado por expertos de la Universidad de Navarra, España.

Para nadie es un secreto que tras la noticia de un embarazo la mujer comienza a experimentar una serie de cambios que van más allá de lo meramente físico. Nos asignamos la tarea de investigar qué se esconde detrás de todo este proceso.

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María Fernanda contrajo nupcias hace dos años. Está feliz. Se encuentra junto a su pareja en una etapa que podría catalogar casi perfecta. Y ahora mucho más. Ayer, durante una consulta de rutina, su médico le ha informado que pronto será mamá. En su vientre lleva consigo una pequeña criatura de tan sólo tres semanas y media. Con lágrimas en sus ojos llama emocionada a Eduardo, su esposo, para darle la gran noticia. En un abrir y cerrar de ojos su vida ha cambiado totalmente. Ya está pensando qué será: si varón o hembra, aunque esto la tiene sin cuidado. Si se parecerá a ella o al papá. En comenzar a organizar poco a poco su habitación, que debe estar atiborrada de detalles. No hay duda: su vida ha dado un giro de 180 grados. María Fernanda comenzará a vivir grandes cambios, de los cuales debe estar consciente para un mejor desarrollo de su personalidad, durante y después del embarazo.

“Lo primero es aclarar que una cosa es el cerebro y otra los esquemas psicológicos. A nivel de este órgano ocurren cambios neuroquímicos, y ante los patrones psicológicos se activan los temas que haya aprendido cada mujer sobre lo que significa ser madre”, nos cuenta el psicólogo y terapeuta familiar Ramón Emilio Almánzar, quien entiende que influye en gran manera el momento de vida en el cual se encuentre la mujer cuando quede embarazada, pues si se da en una etapa en la que todavía no lo desea, donde piensa que puede interferir con sus proyectos, entonces se genera un conflicto personal.

Por otro lado, si la mujer se siente a gusto con la noticia, surgirán una serie de pensamientos automáticos enfocados a desarrollar todo un protocolo aprendido a nivel de su familia, o lo que observó en su entorno referente al papel que debe asumir.
“En la mayoría de los casos, la parte instintiva está orientada al cuidado y la protección del feto, por lo que independientemente de lo cómoda o no que se pueda sentir con el embarazo, recurre a una serie de estrategias con el objetivo de que el tiempo de gestación sea lo más confortante para su hijo/a”, detalla Almánzar, agregando que en este sentido hay que tomar en cuenta que en la gestación humana, el comportamiento de la madre estará motivado por la parte biológica, psicológica y social.

Vivencias. Estela Jiménez, madre por primera vez hace 10 años, al contarnos su experiencia nos recuerda una frase que escuchamos con frecuencia desde pequeños: “Lo comprenderás cuando seas madre”, dándonos a entender que cuando una mujer tiene un hijo son muchas cosas las que cambian en la vida.

“No sólo se transforma nuestro día a día, sino que tenemos una gran responsabilidad: una o varias vidas dependen totalmente de nosotras. Por eso nos vemos en la necesidad, si no tenemos ayuda, de abandonar algunas actividades que seguramente también disfrutábamos”, detalla Jiménez, quien nos cuenta que es algo que se debe tener claro y solucionar con apoyo de la pareja o familiares.

“Cuando supe que estaba embarazada surgieron en mí distintos sentimientos y dudas: ¿Seré capaz de ser una buena madre?”, recuerda nuestra entrevistada, asegurando que el modo de vivir el embarazo marca esta respuesta.

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Y es que un embarazo deseado y vivenciado con tranquilidad y bienestar será diferente a uno no deseado y donde se experimente malestar. Los sentimientos oscilan entre preocupaciones, euforia e ilusión por el encuentro con una nueva vida donde cada mujer se posiciona de manera distinta.

Otra de las cuestiones más importantes que se plantean las mujeres en los primeros meses de embarazo es si su hijo será un niño normal. “Tuve mucha ansiedad y angustia frente a este nuevo ser, en el que había depositado grandes deseos y esperanzas”, recuerda Estela. Pero gracias a los modernos estudios que se realizan en la actualidad se disipan junto a la guía del ginecólogo. A esto se le suma la preocupación por el parto y lo que siempre se ha escuchado: es doloroso, maravilloso, peligroso, rápido, complicado… P

Cambio de “mente”
La periodista americana premiada con el Pulitzer, Katherine Ellison, se preguntó hace ya algunos años si la maternidad hacía menos inteligentes a las mujeres. El resultado de su investigación lo publicó en El cerebro de mamá. Cómo la maternidad nos hace más inteligentes, donde destaca tres importantes aspectos:

1-CEREBRO ENCOGIDO.

Estudios demuestran que literalmente éste se encoge durante el embarazo. Pero parece que ayuda a su reestructuración al aumentar considerablemente las conexiones neuronales en áreas como el hipocampo (centro dedicado a la memoria emocional). El cerebro de la madre se prepara para asumir la responsabilidad de garantizar la supervivencia del nuevo ser.

2-MULTITAREA, MAYOR EFICIENCIA.
Las madres, al dar a luz, tienen que hacer frente a multitud de nuevos quehaceres. Para asegurar la supervivencia del bebé, la progenitora tiene que priorizar, lo que conlleva a una mayor eficiencia. Es habitual estar cocinando y hablando por teléfono, aprovechar mientras duerme el bebé para poner una lavadora, hacer las camas, la cocina y barrer.

3-AGUDEZA DE SENTIDOS.
Por ejemplo, el sentido del olfato se hace más fino durante el embarazo y el parto, y en este momento se activan las estructuras cerebrales dedicadas al mismo. Esto parece ser debido a la hormona prolactina. Ocurre igual con la audición: las madres suelen reconocer el llanto de su bebé entre otros tantos. La capacidad visual también aumenta, a fin de proteger a su niño de potenciales peligros. Aunque el sentido más importante es el del tacto. Las zonas de la corteza cerebral dedicadas al tacto se cambian en la maternidad. Por ejemplo, en estudios con animales, la zona del cerebro dedicada al pecho doblaba su tamaño durante el tiempo de amamantamiento. Cuando una madre toca a un bebé y éste a ella, recibe información muy sutil, pero muy poderosa, sobre cómo es su bebé, sobre qué siente y sobre cómo es su relación con él. Esto tiene un efecto a nivel cerebral.

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“Las mujeres embarazadas aumentan su capacidad empática (para ser más capaces de conectar con su hijo y de entender y atender sus demandas). Además de esto, se ha visto que se modifican regiones cerebrales encargadas de manejar el estrés, algo que sin duda es necesario para las primeras semanas con el bebé”. 
Estudio realizado por la Universidad de Chapman, Estados Unidos.