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Amor propio vs. hiperproductividad ¿Cuándo dejarnos para después se volvió normal?
“El hombre está condenado a ser libre”, escribió el filósofo Jean-Paul Sartre para hablar de las decisiones que acompañan la vida adulta. Cuando somos niñas, crecer parece emocionante: jugamos a ser doctoras, maestras o mamás imaginando una vida llena de posibilidades. Con el tiempo descubrimos que la adultez también llega con agendas llenas y la sensación constante de que siempre hay algo más por hacer. En medio de ese ritmo aparece un fenómeno cada vez más común: la hiperproductividad, que según explica la psicóloga clínica Yraida Lorenzo Marte, se manifiesta en la necesidad constante de mantenerse ocupados y llenar cada momento libre con actividades.
Cuando estar ocupadas se vuelve la norma
La hiperproductividad no es simplemente trabajar mucho. Se trata de la necesidad constante de mantenerse ocupadas y llenar cada momento libre con tareas, compromisos o pendientes. Con el tiempo, el descanso empieza a sentirse incómodo e incluso aparece una sensación de culpa cuando no estamos haciendo algo “productivo”.
La cultura de hacer más
La cultura actual ha normalizado esta dinámica. Vivimos en una época que valora el rendimiento, la eficiencia y los resultados visibles. Las redes sociales también influyen en esta percepción al mostrar constantemente metas cumplidas, logros y rutinas que parecen no detenerse nunca. Poco a poco se instala una idea peligrosa: siempre deberíamos estar haciendo más.

La trampa de la hiperproductividad
La hiperproductividad se sostiene sobre una premisa engañosa: creer que mientras más hacemos, más valiosos somos. Esta presión empuja a muchas personas a asumir más responsabilidades de las que realmente pueden sostener. Sin embargo, lejos de generar bienestar, suele provocar fatiga constante, estrés acumulado y dificultad para desconectar.
Cuando el autocuidado se vuelve una tarea más
Paradójicamente, incluso el autocuidado puede quedar atrapado dentro de esta lógica. Actividades que deberían ayudarnos a descansar como hacer ejercicio, meditar o dedicar tiempo a un hobby terminan convirtiéndose en otra obligación dentro de la agenda. Así aparece una contradicción clara: el autocuidado empieza a sentirse como una tarea más.

Amor propio más allá de la productividad
Hablar de amor propio implica reconocer nuestros límites y cuestionar la presión constante por rendir. Nuestro valor personal no depende únicamente de lo que producimos. Desde la psicología se plantea que una forma de salir de la trampa de la hiperproductividad es aprender a actuar de acuerdo con nuestros valores y no únicamente con las expectativas externas.
Recuperar el equilibrio
En una sociedad que muchas veces normaliza el agotamiento, el descanso también debe entenderse como una necesidad. Detenernos, cambiar de ritmo y permitirnos pausas es parte del bienestar. El amor propio, muchas veces, comienza con algo tan simple como dejar de exigirnos estar siempre produciendo.

En una cultura que premia estar siempre ocupadas, detenernos puede sentirse extraño. Sin embargo, aprender a bajar el ritmo también es una forma de amor propio. No todo en la vida debe medirse por lo que producimos. A veces, lo más importante es recordar que también merecemos pausas, descanso y tiempo para simplemente estar.
Entre un café y una prenda con historia, se me van las ideas bonitas: moda, estilo de vida y creatividad. Soy creadora de contenido, escritora y alma soñadora; second hand lover desde siempre. ♥








