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Cortisol: la hormona que no es tu enemiga 

Cortisol: la hormona que no es tu enemiga 

LIA  CHALAS
Cortisol

¿Te ha pasado que, tras dormir ocho horas, te despiertas con una sensación de cansancio profundo, como si no hubieras descansado nada? ¿O quizá sientes una ansiedad punzante a media tarde sin una razón aparente? Aunque estos síntomas pueden tener muchas causas, como una mala calidad del sueño hasta problemas de salud o el estrés cotidiano. Existe una hormona clave en cómo responde nuestro cuerpo a las exigencias del día a día: el cortisol.

En los últimos años, la cultura del bienestar ha convertido al cortisol en el «villano» de la salud, culpándolo de todo, desde el insomnio hasta el aumento de peso. Sin embargo, antes de demonizarlo, vale la pena entender que esta hormona no es un error del organismo.

Cortisol

Kit de supervivencia biológico

El cortisol es una hormona esteroidea producida por las glándulas suprarrenales. Su función principal no es hacernos sentir mal, sino ayudarnos a responder ante situaciones que requieren energía inmediata. Además, participa en la regulación de la presión arterial, el metabolismo de la glucosa, el sistema inmunológico y los procesos inflamatorios.

Hoy nuestro cerebro responde de forma muy similar ante amenazas que no ponen en riesgo nuestra vida, como un correo urgente, una reunión estresante, problemas económicos o el tráfico. Esto hace que el inconveniente no sea que el cortisol exista, sino permanecer en estado de alerta durante demasiado tiempo.

Cuando el estrés se mantiene durante semanas o meses, el organismo continúa liberando cortisol con mayor frecuencia de la necesaria. Aunque esto no significa que una persona desarrolle una enfermedad hormonal, sí puede generar cambios que afectan el bienestar físico y emocional. Como el aumento del apetito, enfocados en azúcar y grasas, dificultades para regular el peso y una mayor tendencia a acumular grasa en la zona abdominal.

Cortisol

De igual forma, las investigaciones muestran que el estrés crónico puede afectar el funcionamiento de regiones como el hipocampo, relacionado con la memoria y el aprendizaje, y la corteza prefrontal, responsable de la toma de decisiones, el autocontrol y la planificación. Al mismo tiempo, la amígdala, el centro cerebral que procesa el miedo y las amenazas, puede volverse más reactiva.

La naturaleza también ayuda a bajar el volumen del estrés

No todas las estrategias para cuidar el cortisol requieren cambios radicales. De hecho, algunas de las más efectivas son también las más sencillas.

Diversos estudios han encontrado que pasar entre 20 y 30 minutos en espacios verdes varias veces por semana puede reducir la percepción del estrés y favorecer una disminución de los niveles de cortisol en algunas personas. Sin embargo, la alimentación también desempeña un papel importante. Aunque ningún alimento «elimina» el cortisol, una dieta equilibrada ayuda al organismo a responder mejor al estrés.

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Algunos nutrientes/suplementos importantes son: el magnesio, el cual ayuda a los procesos metabólicos y al funcionamiento del sistema nervioso; la vitamina B, fundamental para el rendimiento cognitivo. Igualmente el Omega-3, el cual se asocia con reducir la inflamación. Y los polifenoles y las grasas saludables.

Cortisol

Al final, el objetivo no es eliminar el cortisol, sino devolverle su función original: ayudarte cuando realmente lo necesitas y permitir que descanse cuando la amenaza ha pasado. En un mundo donde el estrés parece permanente, aprender a crear momentos de recuperación puede ser una de las decisiones más importantes para cuidar tu bienestar.

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