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¿Muerte al clean look? El fin de una estética que dominó las redes
Primero fueron las cejas laminadas. Luego llegaron los peinados pulidos o sleek buns, la piel luminosa y los labios hidratados con tonos neutros. Durante años, el clean look definió lo que estaba de moda. Ahora, cada vez más señales sugieren que su «reinado» podría estar llegando a su fin.
Su éxito no se debió únicamente a la apariencia que proyectaba. El clean look llegó en un momento en el que muchas personas buscaban simplificar sus rutinas y alejarse del maquillaje cargados que habían marcado la década anterior. La naturalidad comenzó a verse como algo aspiracional y, poco a poco, el «menos es más» se transformó en la nueva norma.
Además, la tendencia conectó con otros movimientos que ganaban fuerza en paralelo. El auge del lujo silencioso, la estética wellness y la obsesión por el cuidado de la piel ayudaron a consolidar esta imagen. No se trataba solo de maquillaje. Era toda una identidad visual.
El “problema” del clean look

Este caso es curioso, ya que el mismo factor que impulsó su éxito terminó generando cuestionamientos. A medida que más personas adoptaban la tendencia, comenzó a surgir una sensación de repetición. Los feeds estaban llenos de los mismos peinados, los mismos productos y los mismos resultados.
La promesa de realzar la belleza natural también empezó a generar contradicciones. Aunque la estética se presentaba como sencilla, muchas veces requería una rutina extensa de cuidado facial, productos específicos y una atención constante a los detalles. Lo que parecía espontáneo, rara vez lo era.
Por otro lado, las nuevas generaciones han demostrado un interés creciente por la individualidad. En un entorno donde las tendencias cambian a gran velocidad, destacar se ha convertido en una forma de expresión. Cuando todos comienzan a verse iguales, surge la necesidad de romper con la fórmula.
Quizás por eso muchas personas ya no se sienten identificadas con una estética que, durante años, definió lo que debía considerarse «bonito». Hoy existe una mayor apertura hacia propuestas que permiten experimentar y asumir riesgos.
El regreso del maquillaje divertido

La respuesta al cansancio del minimalismo parece estar tomando forma a través de una nueva ola de creatividad. El color está regresando a las sombras, los delineados vuelven a ocupar protagonismo y los detalles decorativos han comenzado a aparecer con más frecuencia tanto en editoriales como en redes sociales.
Este cambio no significa que todas las personas estén abandonando el maquillaje natural para adoptar looks extravagantes. Lo que está ocurriendo es algo más interesante, el maquillaje vuelve a verse como una herramienta de expresión y no únicamente como un medio para corregir o perfeccionar el rostro.
La conversación también ha cambiado. Durante años, muchas tendencias se centraron en ocultar imperfecciones o lograr una apariencia impecable. Ahora el interés parece estar en construir una imagen que refleje personalidad. El maquillaje vuelve a ser una extensión del estilo propio.
En ese contexto, los acabados brillantes, las aplicaciones de pedrería y las combinaciones de colores inesperadas han encontrado un nuevo espacio. No porque sean necesariamente más favorecedoras, sino porque permiten jugar, experimentar y comunicar algo diferente.
Las que lideran la nueva tendencia
Sophia Sinot y el maquillaje como parte del espectáculo

Si hay una maquilladora que representa este cambio, es Sophia Sinot. Su trabajo junto a la cantante sueca Zara Larsson ha sido señalado por muchos seguidores como una de las piezas clave detrás del renovado interés que ha generado la artista en el último año.
A través de maquillajes con cristales, color y detalles gráficos, Sinot ha ayudado a construir una identidad visual que acompaña esta nueva etapa de Larsson. Sus propuestas se han vuelto parte de la conversación en redes sociales y han contribuido a diferenciar la imagen de la cantante en una industria donde destacar es cada vez más difícil.
Su talento también la ha llevado a colaborar con artistas como SZA y el grupo femenino KATSEYE, consolidando una carrera marcada por propuestas que desafían los límites del maquillaje tradicional.
Más que complementar un look, su maquillaje se ha convertido en un elemento reconocible de la marca personal de Zara Larsson, demostrando el poder que tiene la belleza dentro de una estrategia visual bien construida.
Donni Davy y el legado de Euphoria

Mucho antes de que comenzara a hablarse del declive del clean look, Donni Davy ya estaba explorando otros caminos. Como maquilladora principal de la popular serie web Euphoria, ayudó a construir una de las identidades visuales más influyentes de los últimos años.
La serie convirtió el maquillaje en una herramienta narrativa. Los delineados, el glitter y las aplicaciones de color dejaron de ser simples detalles estéticos para convertirse en parte de la personalidad de cada personaje.
Su influencia sigue siendo evidente. Muchas de las tendencias que hoy dominan TikTok, Pinterest e Instagram tienen relación directa con las propuestas que popularizó la serie. Incluso quienes nunca vieron Euphoria han sido impactados por una estética que redefinió la forma de entender el maquillaje.
Entonces, ¿el clean look realmente murió?
No del todo. De hecho, sigue siendo una de las estéticas más utilizadas en el día a día y continúa teniendo una fuerte presencia dentro de la industria.
Lo que parece estar cambiando no es la existencia del clean look, sino su posición dentro de la conversación. Ya no es la única referencia ni la única forma de entender la belleza. Por primera vez en años, otras propuestas están ocupando espacio y generando interés.
Tal vez el verdadero cambio no sea el regreso del maximalismo ni la desaparición del minimalismo. Tal vez se trate de algo más simple, la idea de que ya no existe una única forma correcta de maquillarse.
Y para una generación que valora cada vez más la autenticidad, eso podría ser mucho más interesante que cualquier tendencia.








