Pero Lacayo llevó la relación arte-moda un paso adelante, al convertir la plástica nicaragüense en una propuesta de moda en 3D, con prendas básicas y volumétricas que envuelven el cuerpo femenino. Lo mejor: no requiere el uso de lentes especiales sino del simple conocimiento de la silueta femenina.

«Por eso jugamos con esta morfología envolvente que viene de atrás para adelante, cosas adherentes que son características de mi marca y prendas más holgadas», dijo Lacayo a The Associated Press al término del desfile presentado la noche del miércoles en el exconvento de Regina en la capital mexicana.

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Las pinturas de frutas de Correa se convirtieron en estampados de vestidos, pantalones, blusas y pequeñas capas. Sus esculturas fueron reinterpretadas en forma de jumpsuits, vestidos tipo vaina y blazers, que sobrepuestos generaban un efecto voluminoso.

La inspiración de la colección «Dimensiones», relató Lacayo, surgió en medio de un bloqueo creativo.

Era enero y aun no tenía definido su punto de partida cuando Correa tocó la puerta de la casa de Lacayo para visitar a su madre, una galerista y representante de artistas plásticos.

«Me dice: ‘La voy a esperar’. Se sienta enfrente mío y yo, ‘¡Ay, estoy tan apurada! Tengo que hacer esto’, y me dice tengo que conocer tu área de trabajo», recordó.

Mientras le mostraba el taller, Lacayo le preguntó al artista si podía crear para ella unas versiones pequeñas de sus esculturas hiperrealistas de manzanas y peras, que fueron incluidas en la pasarela a manera de bolsos. «En ese momento se me ilumina el cerebro, y dije, ‘¡Ahí está! ¡Esto es!’. Se fue y empecé a diseñar».

El acierto de la colección, que retomó a la casa Balenciaga de los 50, resultó en el potencial comercial que mantuvo la propuesta. La mayoría de la colección funciona de forma separada y prendas como blazers, blusas y faldas pueden combinarse fácilmente entre sí o incluso con unos jeans.

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Mantener un equilibrio entre el arte y la moda no fue tarea fácil.

«Para eso hay que quebrarse la cabeza un poco», señaló la exparticipante de «Project Runway Latin America». «Uno siempre quiere tirar más y más, pero no podemos olvidarnos de que es una industria que buscas vender. Ya tendremos tiempo a futuro, cuando estemos posicionados en el mercado, para hacer piezas que no importa si se venden o no. Ahorita lo importante es que se vea identificada con la ropa y que es algo que pueden utilizar en el día, mezclado con piezas básicas, para el trabajo, coctel o la noche», agregó sobre la colección, con la que busca abrirse paso en el mercado mexicano.

La línea incorporó textiles de tejidos indígenas desarrollados por una cooperativa de Matagalpa, Nicaragua, donde se crearon algodones y telas pesadas con las que se confeccionaron voluminosas capas que aunque gruesas resultan ideales para un invierno latinoamericano.

La creativa nicaragüense encontró espacio para una mujer «un poco más excéntrica» a quien imaginó en vestidos con cintillas y con un profundo escote en V al frente y en la espalda así como en un par de jumpsuits deconstruidos de las piernas y con exquisitos drapeados en el pecho. Estos últimos fueron de los atuendos más ovacionados.

«Hay que presionar un poco a la cabeza y decir: tengo que hacer algo ponible pero salir del corte regular si ya todo existe… Tratar de ver como desarmar y desestructurar las prendas y que sigan siendo funcionales».