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Alana Ruiz: “Quiero que el mundo entienda que la mujer dominicana es diversa”
Con apenas 18 años, Alana Ruiz ya ha aprendido una lección que a muchas personas les toma toda una vida descubrir: la autenticidad vale más que cualquier etiqueta. Antes de convertirse en Miss Teen Mundial República Dominicana, su nombre ya comenzaba a hacerse familiar dentro de la industria de la moda. Pasarelas, campañas, sesiones fotográficas y reconocimientos formaban parte de una trayectoria que inició cuando todavía era una adolescente. Sin embargo, la corona llegó para presentarle un desafío completamente distinto: dejar de ser únicamente una imagen frente a una cámara para convertirse en una voz capaz de inspirar a otras jóvenes.
A diferencia de quienes sueñan con los reinados desde niñas, Alana encontró este camino desde otra perspectiva. Su experiencia en el modelaje le enseñó a proyectar seguridad, pero asumir un título nacional le ha exigido desarrollar nuevas herramientas, descubrir otras responsabilidades y entender el impacto que puede tener su presencia mucho más allá de una pasarela.
Durante esta conversación, la joven reina nos habló sobre crecimiento personal, confianza, liderazgo juvenil y el compromiso que siente con proyectos como Conexión que Incluye, una iniciativa inspirada en sus experiencias trabajando con niños neurodivergentes. Entre sueños académicos, aspiraciones internacionales y una carrera que apenas comienza a desplegar todo su potencial, Alana transmite la serenidad de quien entiende que el verdadero éxito no consiste en transformarse para encajar, sino en encontrar espacios donde tu esencia pueda brillar con más fuerza.

¿En qué momento del día sientes que dejas de ser figura pública y vuelves a ser tú?
Realmente no veo mi vida como dos versiones diferentes de mí misma. No creo en ser una persona cuando hay cámaras y otra completamente distinta cuando nadie está mirando. Para mí la autenticidad es muy importante y trato de mantenerla en todos los espacios.
Si tuviera que elegir un momento específico, diría que es justo antes de salir de casa. Cuando me estoy arreglando, frente al espejo, organizando mis ideas y preparando todo para el día. Es un momento de reflexión en el que pienso en lo que voy a hacer y en cómo quiero asumir cada compromiso.
Pero más allá de eso, siempre intento sentirme cómoda siendo quien soy. Considero que una de las mayores responsabilidades que tengo es transmitir los valores y hábitos que me han formado para que otras personas también puedan sentirse identificadas e inspiradas.
Han pasado apenas unos días desde que te coronaron Miss Teen Mundial República Dominicana. ¿Qué sentiste en ese momento y qué emoción te ha sorprendido después?
La primera palabra que me viene a la mente es orgullo.
Este ha sido un proceso largo, de muchos meses de preparación, trabajo y crecimiento personal. Llegué a la coronación sintiéndome lista para asumir el reto, pero cuando finalmente sucede, las emociones son imposibles de describir por completo.
Ahora que han pasado algunos días y he tenido la oportunidad de asimilar lo ocurrido, siento que estoy comenzando a entender realmente lo que significa portar una banda y una corona. Más que un título, lo veo como un propósito nuevo. Una oportunidad para crecer, representar a mi país y aportar algo positivo desde mi posición.
Eso es precisamente lo que más me ha sorprendido: darme cuenta de que la corona no representa un final, sino el comienzo de una responsabilidad mucho más grande.
¿Qué es lo que la gente no alcanza a ver detrás de un proceso como este?
Creo que muchas veces las personas solo ven el resultado final.
Ven la corona, las fotografías, los eventos y todo lo que ocurre sobre el escenario, pero detrás existe un proceso lleno de sacrificios, preparación y crecimiento personal.
En mi caso, algo que ha sido fundamental es contar con una red de apoyo. Tener personas que me acompañen, que me escuchen cuando tengo dudas y que me ayuden a mantener los pies sobre la tierra ha hecho toda la diferencia.
Por más preparada que esté una persona, siempre habrá momentos de incertidumbre. Poder compartir esas emociones con quienes te quieren y creen en ti hace que todo el camino sea mucho más llevadero.
Has construido una carrera dentro del modelaje y ahora también eres reina. ¿Cómo ha sido esa transición?
Ha sido uno de los cambios más grandes que he experimentado.
En el modelaje estaba acostumbrada a comunicar principalmente a través de mi imagen. Mi trabajo consistía en interpretar una visión, proyectar una estética y transmitir emociones desde una pasarela o una fotografía.
Ahora el reto es diferente. Ya no se trata únicamente de cómo me veo, sino también de cómo hablo, de los mensajes que comparto y de la influencia que puedo tener sobre otras personas.
Es un proceso de adaptación constante, pero también una oportunidad de crecimiento enorme. Sé que cuando entregue esta corona no seré la misma persona que soy hoy, y eso me emociona porque significa que habré aprendido y evolucionado durante el camino.


También quieres estudiar Derecho. ¿Qué te atrae de esa carrera?
A lo largo de los años me he encontrado en escenarios donde he tenido que comunicar, liderar y conectar con otras personas.
Por eso el Derecho siempre ha llamado mi atención. Me interesa porque me permitiría ayudar a las personas, comprender diferentes realidades y formar parte de procesos que generan cambios positivos.
Además, es una carrera muy amplia y llena de posibilidades. Me gusta la idea de seguir preparándome y construir una formación sólida que me permita impactar más allá de cualquier título o proyecto específico.
Lo veo como una extensión natural de mi deseo de servir y aportar desde diferentes espacios.
Proyectas mucha seguridad. ¿Cuál ha sido el reto más reciente que te sacó de tu zona de confort?
Sin duda, convertirme en reina.
Yo venía del modelaje, un entorno en el que me sentía cómoda porque ya conocía sus dinámicas. Sin embargo, asumir un título nacional implica desarrollar habilidades completamente distintas.
De repente te conviertes en una figura de representación, en alguien que debe comunicar, liderar e inspirar. Eso requiere preparación, disciplina y una capacidad constante de adaptación.
Ha sido un reto importante, pero también una experiencia que me está enseñando muchísimo sobre mí misma y sobre lo que soy capaz de lograr.
¿Sientes presión por mantener siempre un alto nivel de exigencia?
Creo que la exigencia forma parte de cualquier proceso de crecimiento. Cuando entras a un mundo tan completo como el de los reinados descubres áreas que quizás antes no formaban parte de tu vida: la oratoria, las labores sociales, el liderazgo, la representación internacional y muchas otras responsabilidades.
Lo importante es encontrar puntos de conexión con aquello que haces. Cuando descubres algo que te apasiona dentro del proceso, todo se vuelve más natural y disfrutable. Para mí la clave está en aprender a querer lo que haces, entender por qué lo haces y asumir cada reto con la mejor actitud posible.
Tienes un proyecto llamado “Conexión que Incluye”. ¿Cómo nació?
Nació de una experiencia muy personal. Durante dos años trabajé en un campamento infantil donde conviví con niños neurodivergentes. Tuve la oportunidad de compartir con ellos, conocer sus historias y entender muchas de las realidades que enfrentan. Esa experiencia me marcó profundamente.
Actualmente se habla mucho más sobre inclusión, pero considero que todavía tenemos trabajo por hacer, especialmente entre los jóvenes. Creo que es más fácil construir una sociedad inclusiva cuando sembramos esos valores desde edades tempranas.
Por eso nació Conexión que Incluye. Quiero contribuir a que las nuevas generaciones comprendan la importancia de la empatía, el respeto y la inclusión, y que aprendan a valorar las diferencias como algo que nos enriquece.


Cuando se apagan las cámaras y terminan los eventos, ¿qué te devuelve a la realidad?
Mi familia.
Aunque muchas personas ven la parte más glamurosa de este mundo, la realidad es que en mi día a día soy una joven bastante sencilla. Disfruto de mi hogar, de los momentos con mi familia y de esos espacios donde no existe ninguna expectativa más allá de ser yo misma.
Esos momentos me recuerdan quién soy, de dónde vengo y cuáles son las cosas que realmente importan.
Cuando estás en una pasarela o frente a una cámara, ¿qué versión de ti decides mostrar?
Siempre intento transmitir confianza.
Por supuesto, cada diseñador o cada proyecto tiene una visión específica que debemos interpretar, pero independientemente del concepto, me gusta que las personas perciban seguridad y autenticidad.
Creo que una persona puede transformarse para una producción, asumir distintos personajes o estilos, pero sin perder su esencia. Para mí, esa ha sido una de las claves más importantes de mi carrera: adaptarme a cada oportunidad sin dejar de ser quien soy.
Si tu carrera internacional comenzara mañana, ¿qué te gustaría que el mundo entendiera de ti en apenas unos segundos?
Que la mujer dominicana es diversa. Me gustaría que entendieran que venimos de una cultura rica, llena de talento, fuerza, sensibilidad y capacidad de liderazgo. Quiero representar una generación de jóvenes dominicanas que sueñan en grande, que trabajan por sus metas y que entienden que no existe una única manera de ser mujer.
¿Qué admiras de Joheirry Mola y de Valentina Navarro?
De Valentina admiro muchísimo su entusiasmo. Tiene una energía muy especial y una forma de asumir cada experiencia con alegría y cariño que resulta inspiradora.
Y de Joheirry admiro su elegancia. Tiene una presencia muy natural, una manera hermosa de comunicarse y una capacidad admirable para mantenerse fiel a sí misma mientras asume tantas responsabilidades. Ambas son mujeres increíbles y ha sido un honor compartir esta experiencia con ellas.

Alana pertenece a una generación que no teme redefinir lo que significa portar una corona. Su historia no gira únicamente alrededor de títulos o competencias, sino alrededor de identidad, propósito y evolución personal.
A sus 18 años, se encuentra en una etapa donde los sueños todavía están tomando forma, pero también donde las convicciones comienzan a fortalecerse. Y quizá eso es precisamente lo que hace que su historia resulte tan interesante: la sensación de que todo apenas está comenzando.
Mientras se prepara para representar a República Dominicana en el escenario internacional, Alana avanza con la misma tranquilidad con la que respondió cada pregunta de esta conversación: convencida de que el verdadero éxito no está en parecer perfecta, sino en permanecer fiel a quien eres mientras construyes el futuro que imaginas para ti misma.


