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Joheirry Mola: “La corona cambia tu vida, pero nunca debe cambiar quién eres.”
Representar a un país suele asociarse con vestidos de gala, coronas y escenarios internacionales. Sin embargo, para Joheirry Mola, la responsabilidad comenzó mucho antes de convertirse en Miss Mundo Dominicana 2025. Comenzó frente a una pizarra, rodeada de niños, aprendiendo que el liderazgo no siempre se ejerce desde un micrófono o una tarima, sino también desde los pequeños gestos que transforman la vida de otros.
A sus 24 años, Joheirry ha construido una trayectoria tan diversa como inspiradora. Es docente, comunicadora, licenciada en Administración y Gestión Empresarial, ex modelo y ahora la mujer que llevará la banda dominicana a uno de los escenarios más importantes del mundo, certamen Miss Mundo 2026. Pero detrás de los títulos y los logros existe una joven que todavía encuentra refugio en su familia, que sigue cuestionándose, aprendiendo y descubriendo nuevas versiones de sí misma.
Durante esta conversación, la reina nos habló de los sacrificios que nadie ve, de la presión que acompaña los grandes sueños, de la importancia de mantenerse auténtica en una industria donde constantemente se espera perfección y de cómo sus estudiantes se han convertido en uno de los motores más importantes de su vida.


¿En qué momento del día sientes que dejas de ser figura pública y vuelves a ser tú?
Yo digo que la autenticidad en todo momento es primordial. Sí, cuando tenemos una banda y una corona existen ciertos lineamientos y responsabilidades que debemos asumir, pero nunca dejo de ser quien soy.
Permanezco siempre fiel a mis valores y a mis principios. Además de ser reina de belleza, soy docente y trabajo diariamente con niños de cuarto grado. Esa experiencia me mantiene conectada con la realidad y conmigo misma. Soy una persona extrovertida, cercana, dinámica y conversadora, así que intento mantener esa esencia en cada espacio en el que me encuentro.
Ya estás en una etapa de mayor madurez y experiencia. ¿Hubo algún momento en el que entendiste que esto ya no era simplemente una corona?
Sí, definitivamente. La verdad es que una corona cambia tu vida completamente. Es una responsabilidad enorme porque llevas el nombre de tu país sobre el pecho y entiendes que cada acción representa mucho más que a ti misma.
En ese momento comprendes que no se trata solamente de una competencia o de un título. Se trata de representar una nación, inspirar a otras personas y hacer sentir orgullosos a quienes confiaron en ti. Por eso siempre trato de mantenerme firme en mis valores y principios. Es una responsabilidad grande, pero también un compromiso que asumo con mucho amor.
¿Qué es lo que la gente no alcanza a ver detrás de todo este proceso?
Hay muchísimas cosas que ocurren lejos de las cámaras. Detrás de cada sonrisa hay sacrificios, lágrimas, noches sin dormir y momentos de duda. Hay días en los que sientes que no diste lo mejor de ti o en los que simplemente no tienes el ánimo para continuar, pero aun así sigues adelante.
Todo ese proceso te obliga a desarrollar seguridad, autoestima y confianza en ti misma. Aprendes que el éxito no llega por casualidad, sino como resultado de una decisión constante de seguir avanzando incluso cuando nadie está mirando.
Has sido modelo, docente, comunicadora y profesional de administración. ¿Te ha costado encontrar un balance?
Puedo decir que mi vida cambió por completo cuando obtuve el título de Miss Mundo Dominicana.
De repente llegaron nuevas responsabilidades, nuevos proyectos y oportunidades que jamás imaginé, como convertirme en corresponsal de Univisión. Y claro que hubo momentos en los que me cuestioné si realmente estaba preparada para asumirlo todo.
Sin embargo, cada cosa que hago intento hacerla desde el corazón. Creo que eso ha sido la clave para encontrar el equilibrio. Ser docente es algo que amo profundamente. Poder compartir conocimientos con los niños y acompañarlos en su crecimiento tiene un valor inmenso para mí.
Sí, ha sido un sacrificio mantener tantas facetas al mismo tiempo, pero también ha valido completamente la pena porque me ha permitido descubrir capacidades que ni siquiera sabía que tenía.


Ustedes proyectan mucha seguridad. ¿Cuál ha sido tu reto más reciente fuera de tu zona de confort?
Ser corresponsal de Univisión New York. Sin duda ha sido uno de los retos más grandes que he enfrentado recientemente. Entrar al mundo de la comunicación me obligó a confiar en mí de una manera distinta y a demostrarme que soy capaz de aprender cosas nuevas.
A veces somos nosotras mismas quienes nos ponemos límites antes de intentarlo. Esta experiencia me ha enseñado que cuando haces las cosas con amor, disciplina y disposición para aprender, puedes llegar mucho más lejos de lo que imaginas.
Trabajas directamente con niños. ¿Hay alguna historia que todavía te acompañe?
Sí, muchas. Como docente me toca conocer historias que a veces se quedan conmigo incluso después de salir del aula. Hay estudiantes que llegan cargando situaciones familiares complejas, emociones difíciles o realidades que no siempre sabemos cómo resolver.
Lo más difícil es que muchas veces quieres hacer más por ellos y entiendes que existen límites. Puedes acompañarlos, escucharlos y apoyarlos dentro de la escuela, pero también deseas poder ayudarlos fuera de ella.
Por eso siempre intento que mis estudiantes sepan que tienen un espacio seguro conmigo. Que hay alguien dispuesto a escucharlos y acompañarlos en su proceso.
¿Sientes presión por mantenerte siempre a la altura de las expectativas?
Soy una persona muy autoexigente. Y he aprendido que, si no tienes cuidado, esa autoexigencia puede convertirse en autosabotaje. Por eso trato de encontrar un equilibrio entre mis metas y mi bienestar emocional.
La presión social existe, especialmente cuando llevas un título visible, pero siempre regreso a la misma idea: ser auténtica. Cuando intentas encajar en todos los espacios, corres el riesgo de perderte a ti misma. En cambio, cuando permaneces fiel a quien eres, todo se vuelve mucho más ligero.
Cuando nadie está mirando, ¿qué ha sido lo más difícil de sostener?
Aceptar que la perfección no existe. Durante mucho tiempo sentí que todo tenía que salir exactamente como lo había planeado, especialmente porque una reina suele estar expuesta constantemente al juicio de los demás.
Con el tiempo entendí que lo importante no es hacerlo todo perfecto, sino hacerlo con dedicación y con propósito. Eso mismo intento transmitir en mi proyecto social y a los niños con los que trabajo cada día: los errores forman parte del camino y nunca deben convertirse en una razón para rendirse.
Cuando se apagan las cámaras, ¿qué te devuelve a la realidad?
El abrazo de mi mamá. Después de los días intensos, los eventos y los compromisos, ese abrazo sigue siendo uno de mis lugares seguros. También me aterriza observar las realidades que viven muchas personas. Eso me recuerda que debemos ser más empáticos, más conscientes y más humanos.
Porque al final, detrás de una corona sigue existiendo una persona real, con emociones, desafíos y sueños como cualquier otra.
Representar al país es una responsabilidad enorme. ¿Cómo cuidas tu salud mental?
Mis niños.
Cuando entro al salón de clases, desconecto completamente de todo. Ahí no está Miss Mundo Dominicana. Ahí simplemente está Miss Mola. Ese espacio me permite reconectar con lo esencial. Me recuerda por qué hago lo que hago y me da la oportunidad de aportar algo positivo a la vida de otros.
Mis estudiantes son mi refugio, mi inspiración y una de las razones por las que sigo creyendo en el impacto que puede tener la educación.
Si una niña dominicana quisiera seguir tus pasos, ¿qué te gustaría ahorrarle del proceso?
La inseguridad. Porque muchas veces el mayor obstáculo no está afuera, sino dentro de nosotras mismas.
Si pudiera decirle algo a una niña dominicana sería que crea en sí misma antes de que el mundo lo haga. Que no espere sentirse perfecta para intentarlo y que nunca permita que el miedo le robe oportunidades. La seguridad en una misma puede cambiarlo todo.


Hablar con Joheirry es entender que algunas coronas pesan menos por los cristales que llevan encima y más por todo lo que representan. Su historia no gira únicamente alrededor de la belleza, sino alrededor del servicio, la educación y la autenticidad.
Mientras se prepara para representar a República Dominicana en el escenario internacional de Miss World, Joheirry parece tener claro cuál quiere que sea su legado: demostrar que el verdadero liderazgo comienza cuando utilizas tu voz para abrir caminos a otros.
Y quizás por eso, entre títulos, bandas y compromisos internacionales, sigue encontrando su lugar favorito en un salón de clases rodeada de niños. Porque allí, donde no importan las coronas ni las cámaras, es donde recuerda quién es realmente.






