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Balón intragástrico vs. manga gástrica: Todo lo que tienes que saber antes de decidir
Cuando se trata de bajar de peso, no existe una fórmula universal. Lo que funciona para una persona puede no ser la mejor opción para la otra, especialmente cuando hablamos de procedimientos médicos diseñados para apoyar la pérdida de peso. En los últimos años, mucho se ha hablado de alternativas como Mounjaro y Ozempic, pero otras opciones que continúan atrayendo interés son el balón intragástrico y la manga gástrica, dos procedimientos cuyos enfoques, resultados y recuperación son muy diferentes.
Aunque ambos comparten el objetivo de ayudar a las personas a mejorar su calidad de vida y alcanzar un peso más saludable, cada uno responde a necesidades y perfiles distintos. Si estás considerando alguna de estas opciones, aquí te contamos todo lo que necesitas saber antes de tomar una decisión.

Naturaleza del procedimiento
La diferencia más notoria entre ambos tratamientos está en cómo se realizan.
Por un lado, el balón intragástrico no pasa por un proceso quirúrgico ni ambulatorio, sino que, mediante una endoscopia, se coloca un dispositivo dentro del estómago llenándolo posteriormente con solución salina. Al ocupar espacio, genera una sensación de saciedad más rápida y ayuda a reducir la cantidad de alimentos a consumir.
Por otro lado, la manga gástrica es una cirugía bariátrica realizada generalmente por laparoscopia. En la intervención, se extirpa aproximadamente el 80% del estómago, reduciendo significativamente su capacidad y limitando la cantidad de comida que la persona puede ingerir.


Reversibilidad
El balón intragástrico es temporal y reversible. Dependiendo del tipo utilizado, suele permanecer entre seis a doce meses antes de retirarse.
La manga gástrica, en cambio, es un procedimiento permanente. Lo que quiere decir que los cambios anatómicos que suceden en la extracción no pueden revertirse. Sin embargo, esto no significa que el estómago sea inmune a malos hábitos; con el tiempo puede dilatarse si el paciente no sigue las recomendaciones médicas y nutricionales.

¿A quiénes se les recomienda cada procedimiento?
El balón suele recomendarse a personas con obesidad leve, que buscan apoyo para perder peso sin someterse a cirugía. Estas personas, generalmente, tienen un índice de masa corporal (IMC) entre 27 y 40.
La manga gástrica está dirigida a casos de obesidad severa, especialmente cuando de por medio se podría ver enfermedades como diabetes, hipertensión o apnea del sueño. Por lo general, se recomienda a pacientes con un IMC igual o superior a 40, o a aquellos que necesitan un choque en su cuerpo para facilitar el proceso del peso.

Tiempo de recuperación
Al tratarse de un proceso ambulatorio, una de las ventajas del balón intragástrico es que el paciente puede regresar a casa el mismo día, y retomar la mayoría de sus actividades habituales en poco tiempo.
En el caso de la manga, es más complicado y requiere paciencia. Muchos pacientes pueden reincorporarse a sus actividades cotidianas después de 21 días (recomendado). En el caso del ejercicio físico, suele regresar de forma gradual y bajo supervisión médica. La adaptación alimentaria pasa por diversas etapas: líquida, semisólida y sólida, y puede tomar varios meses hasta normalizarse por completo.

Riesgos y efectos secundarios
Como ocurre con cualquier procedimiento médico, ambos tratamientos presentan riesgos y efectos secundarios. Sin embargo, debido a que uno es un tratamiento mínimamente invasivo y el otro es una cirugía bariátrica, el nivel de complejidad es diferente.
El balón intragástrico suele provocar náuseas, sensación de pesadez, vómitos o malestar abdominal mientras el cuerpo se adapta al dispositivo. Aunque, es importante entender, que no todos los pacientes toleran dicho dispositivo. En este caso, se deberá retirar antes de lo previsto. También puede suceder que la persona pueda recuperar los kilos perdidos tras la extracción si no mantiene los hábitos adquiridos durante el proceso.
La manga gástrica, al ser una cirugía mayor, conlleva riesgos asociados a la anestesia, la intervención quirúrgica y el proceso de recuperación. Existe el riesgo de presentar deficiencias nutricionales, por el hecho de no consumir aquello que el paciente estaba acostumbrado, especialmente las vitaminas, el calcio y el hierro. Igualmente, existe la posibilidad de que el paciente desarrolle problemas digestivos, tales como acidez, reflujo o molestias gastrointestinales.

No existe una respuesta única. Ambos procedimientos son herramientas efectivas para la pérdida de peso, respondiendo cada una a sus necesidades. La decisión a tomar debe ser, siempre, de la mano de profesionales especializados donde evalúen los factores de cada paciente, incorporando en la rutina actividad física y hábitos sostenibles. Al final, por más allá del número que puede aparecer en la báscula, el objetivo es construir una vida con más bienestar, energía y confianza.








