El tercer día del RDFW 2025 fue una gran celebración al talento dominicano en la más máxima expresión. Desde las primeras pasarelas, se sintió que no se trataba solo de moda, más bien era una conversación entre generaciones, estilos y emociones. Las luces iluminaron más que siluetas, estas sin duda alguna iluminaron visiones distintas de lo que significa crear, inspirar y dejar huella desde República Dominicana.
Fue una jornada con alma, donde la técnica se encontró con la pasión, donde cada diseñador apostó por contar una historia, y cada modelo se convirtió en parte de ella. La energía, la autenticidad y la identidad caribeña dominaron el ambiente, confirmando que el país vive un momento de evolución creativa en la industria de la moda.
Las academias dominicanas toman la pasarela con propósito y poder



Las academias abrieron la jornada con una pasarela repleta de juventud, actitud y disciplina. Fue un momento donde la energía se sintió desde el primer paso. Las modelos mostraron seguridad, porte y un entrenamiento evidente, reflejando la nueva generación que viene subiendo fuerte en la industria. Más que una pasarela de academias, este bloque se sintió como una declaración fuertísima, y es que la moda dominicana tiene cantera, y su futuro desde ya está en buenas manos.
Una generación creativa que diseña desde la autenticidad
El talento emergente tomó el protagonismo del día con propuestas frescas, arriesgadas y con sello propio.



Ismael Sánchez (Zean) presentó Súper Colmado, una colección que transformó lo cotidiano en arte. Inspirado en los rincones más auténticos del barrio dominicano, su pasarela fue un viaje visual por las fundas, las texturas y los personajes que habitan el colmado. Con humor, identidad y estilo, Zean convirtió la cultura popular en tendencia.



Versa by Mariu Jones impactó con Retiro 9, una colección profundamente emocional que celebra la multiplicidad femenina. Con tonos vibrantes, estructuras versátiles y un discurso de poder interior, Mariu logró capturar la esencia de la mujer que evoluciona sin perder su esencia.



Tiffany Fermin enamoró con una colección tan femenina como poderosa. Con siluetas suaves, colores pasteles, fuertes satinados y acabados impecables, reflejó una mujer segura, elegante y moderna. Cada pieza habló por sí sola: sofisticación sin excesos, belleza que nace de la calma y el detalle.



Soraya Khury, reconocida por su maestría artesanal, presentó una línea de carteras y accesorios de lujo hechos con una precisión admirable. Sus diseños elevaron los looks sobre la pasarela, demostrando cómo el arte hecho a mano sigue siendo el toque más sofisticado de cualquier outfit.
Dos diseñadores, una misma visión que es elevar lo hecho en casa



El cierre del tercer día fue tan potente como emocional. Joel Reyes presentó una colección de novias que brilló por su romanticismo moderno: vestidos que jugaban con volúmenes, transparencias y detalles delicados que celebraban la feminidad desde una mirada contemporánea. Cada diseño parecía contar su propia historia de amor, reafirmando la maestría del diseñador para crear piezas que trascienden el tiempo.



Benito Antonio, por su parte, también apostó por una propuesta nupcial donde la sofisticación se mezcló con una estética minimalista. Su desfile combinó cortes limpios, texturas sutiles y una elegancia que evocaba pureza y estilo. Fue un cierre sereno, impecable y poderoso, que demostró que el talento dominicano también conquista el universo bridal con una identidad única.
Lo vivido en el Día 3 del RD Fashion Week fue una muestra clara de que la moda dominicana está más viva que nunca. Desde los primeros pasos de las academias hasta los cierres majestuosos de los diseñadores consagrados, todo se sintió como un mismo latido creativo que une generaciones, estilos y visiones. La libertad que nos une se hizo visible en cada tela, cada color y cada historia contada desde la pasarela. Porque cuando el talento dominicano se expresa, no solo se luce, también se celebra.








