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‘Icarus’ de Schiaparelli: Todo sobre la nueva colección de Alta Costura SS25
¿Nuestra obsesión por lo moderno se ha convertido en un límite creativo? Esta pregunta, cargada de intención, guía la visión de Daniel Rosebery, director creativo de Schiaparelli, en su nueva colección Haute Couture Primavera-Verano 2025, presentada en el icónico Petit Palais de París. Inspirándose en el mito griego de Ícaro, Rosebery reinterpreta la historia no como un lamento sobre la arrogancia, sino como un tributo a la valentía de perseguir lo sublime, incluso a riesgo de quemarse en el intento.

Desde la invitación al desfile, una delicada pluma dorada, hasta la pasarela dorada que reflejaba los rayos del sol, cada detalle fue un augurio de grandeza.
La colección, titulada “Icarus”, no solo celebró la opulencia característica de Schiaparelli, sino que también trajo consigo una reflexión profunda sobre el pasado y el presente de la moda, explorando cómo lo antiguo puede ser reinventado para sentirse absolutamente moderno.

En palabras de Rosebery: “Estoy cansado de asociar modernidad con simplicidad. ¿No puede lo nuevo ser también barroco, extravagante? ¿Nuestra obsesión con lo moderno nos ha robado la imaginación?”
Una narrativa de vuelo y riesgo
El mito de Icarus sirvió como una metáfora poderosa para la narrativa de la colección: el deseo de alcanzar lo inalcanzable, con todas las glorias y peligros que conlleva. Pero Rosebery decidió subvertir el desenlace clásico. En lugar de un descenso trágico, su Ícaro persiste, volando más alto que nunca, un reflejo de su compromiso con la grandeza y la innovación en la moda.

Los colores, inspirados en antiguas cintas de Lyon de los años 20 y 30, marcaron el tono: verdes pavo real descoloridos, marrones tostados y grises cálidos. Cada tonalidad evocaba una nostalgia que se fusionaba con técnicas contemporáneas, creando un equilibrio entre tradición e innovación.
Las siluetas de un nuevo pasado
La colección tomó elementos icónicos del legado de Elsa Schiaparelli, como las palomas y los candados, y los reimaginó con una audacia contemporánea. Las siluetas evocaron décadas pasadas: formas curvilíneas de los años 20 y 30, corsés victorianos y chaquetas de hombros marcados reinterpretadas para una estética minimalista y alargada.

Rosebery también rindió homenaje a los grandes maestros de la alta costura, como Paul Poiret y Yves Saint Laurent, no copiándolos, sino aprendiendo de ellos. La herencia de estos diseñadores influyó en piezas que parecían pinturas vivas: vestidos de seda bordados con cuentas japonesas, chaquetas estructuradas y plumas tratadas con glicerina que otorgaban movimiento y peso inesperados.
La moda como arte y desafío
El desfile fue un recordatorio de que la alta costura no es solo un lujo material, sino un proceso artístico. Desde bordados que requerían cientos de horas de trabajo hasta técnicas innovadoras que desafiaban las normas modernas, la colección “Icarus” marcó un hito en la narrativa de Schiaparelli.


En el centro de todo, Daniel Rosebery planteó una reflexión sobre los límites de la moda. Su Ícaro no teme volar alto. Nos invita a seguirlo, a atrevernos a soñar, incluso si eso significa arriesgarlo todo. Porque, en el arte –y en la moda–, el verdadero fracaso no está en caer, sino en no intentar volar.
Publicista de profesión, asesora de imagen y estilista de moda por pasión. Con el pasar de los años ha abrazado la profesión de las letras como una herramienta con la que puede comunicar sus conocimientos, informar sobre novedades y tendencias del mundo de la moda tanto local como internacional.







