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Sandy Hernández y Juan Carlos Pichardo dan vida a  “Milly: Reina del Merengue”

Sandy Hernández y Juan Carlos Pichardo dan vida a  “Milly: Reina del Merengue”

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Contar la historia de Milly Quezada exige sensibilidad y conciencia cultural. “Milly: Reina del Merengue” dirigida por Leticia Tonos no reconstruye una carrera, sino una identidad que forma parte de la memoria colectiva de los dominicanos. Nicole Padrón da vida a la Milly de los inicios, mientras Sandy Hernández y Juan Carlos Pichardo sostienen el relato desde la madurez emocional, el amor y el acompañamiento. 

En una conversación íntima, ambos hablaron sobre el respeto y la responsabilidad de contar la vida de una mujer profundamente amada. ‌

¿Qué fue lo primero que sintieron cuando leyeron el guión y entendieron que estaban contando la historia de una figura tan querida como Milly Quezada?

Sandy Hernández: Cuando me mandan el guión para audicionar y luego me piden un video cantando, ahí fue cuando entendí realmente la magnitud del proyecto. Me di cuenta de que estábamos haciendo un musical, y eso automáticamente me generó mucho estrés. Yo no vengo del canto ni del baile, vengo de la actuación, así que fue un reto enorme. Pero al mismo tiempo sentí mucha responsabilidad y mucho respeto por la historia que se estaba contando. Decidí confiar en el proceso, prepararme lo mejor posible y entregarme por completo, porque no todos los días te toca interpretar a una mujer como Milly.

Juan Carlos Pichardo: Para mí fue impactante desde otro lugar. Siempre quise hacer un musical, pero lo que realmente me movió fue entender que iba a interpretar al esposo de Milly, un personaje del que no existía prácticamente material visual. No había videos, no había referencias claras. Tuve que investigar, hablar con personas cercanas, leer, escuchar, imaginar. Fue un trabajo muy profundo. Viví tanto a Rafa durante el proceso que el día que me quité el bigote por última vez sentí literalmente que estaba asistiendo a su funeral. Fue muy fuerte.

Sandy, interpretar a Milly implicó cantar, bailar y sostener una carga emocional enorme. ¿Qué fue lo más desafiante de ese proceso? 

Lo más retador no fue conectar, porque la conexión se dio de forma muy natural: con Juan Carlos, con el equipo, con las familias. Todo fluyó desde un lugar muy humano. Lo más difícil fue despedirme. Grabé la escena de la muerte de Rafa en la última semana del rodaje, y para mí eso fue devastador. Sentía que no solo me despedía del personaje, sino también de la familia que se había creado en el set. Milly es una mujer de lucha, de constancia, y eso se te queda dentro. Ahora, después de terminar, el reto ha sido soltar y dejar que la película haga su camino sin mí.

Juan Carlos, tu personaje acompaña la carrera de Milly desde un lugar clave pero silencioso. ¿Cómo construiste esa presencia sin robar protagonismo, pero siendo esencial?

Creo que así fue también en la vida real. Rafa entendía perfectamente cuál era su rol. Él sabía que su lugar no era estar delante, sino ser apoyo, motor, estructura. Sin Rafa, no hay Milly. Y eso no se dice desde el ego, sino desde la realidad. Él usó su inteligencia y su experiencia para impulsar el proyecto, para sostenerla emocionalmente y estratégicamente. Nunca quiso brillar más que ella, y eso es lo que hace que su presencia sea tan poderosa.

La película habla de música, pero también de identidad, migración y sacrificios. ¿Con qué tema conectaron más a nivel personal? 

SH: Con la dominicanidad y con el empoderamiento femenino. Llevo muchos años viviendo fuera del país, pero me siento dominicana todos los días de mi vida. Milly siempre tuvo una personalidad fuerte, siempre supo lo que quería y luchó por eso, incluso cuando el entorno no era favorable. Eso me representa muchísimo como mujer y como artista.

JC: Yo conecté mucho con la resistencia. Todos los artistas grandes tienen una historia de rechazo cerca, de momentos donde parece que nada va a pasar. Milly no trabajó para demostrarle nada a nadie, trabajó para demostrarse a ella misma que podía. Eso es algo con lo que me identifiqué profundamente.

Sandy, ¿cómo encontraste el balance entre interpretar a Milly y no caer en una imitación literal? 

Eso fue algo que trabajamos muchísimo con Leticia Tonos. Para mí había varias Milly coexistiendo: la joven, la artista, la mujer fuera de la tarima. No se trataba de imitar gestos o copiar movimientos, sino de encontrar su esencia. Esa sonrisa tan suya, su forma de mirar, su energía. Desde ahí se construyó todo. ella, y eso es lo que hace que su presencia sea tan poderosa.

Juan Carlos, ¿qué fue lo más complejo de interpretar a un hombre que sostiene una carrera tan poderosa desde el acompañamiento emocional? 

Curiosamente, no fue tan complejo. Rafa tiene mucho de mí. Cuando conocí su historia a través de su familia sentí una identificación inmediata. Me sentía cómodo en ese lugar, en el de apoyar, en el de empujar sin necesidad de protagonismo. La mancuerna con Sandy funcionó de una forma muy natural.

¿Hubo alguna escena que los marcara especialmente durante el rodaje? 

JC: La escena antes de la muerte de Rafa. Fue muy real, muy triste. Todo el set estaba en silencio, cargado de una energía muy fuerte. Sentí que me estaba despidiendo de verdad.

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SH: Después de eso vino la grabación de una balada preciosa, una adaptación de una canción que Milly cantó cuando murió su esposo. Ese día fue durísimo. Todo el mundo lloró. A mí me costó mucho salir de ese lugar emocional. Nos metimos profundamente en los personajes y no fue fácil desprenderse.

Juan Carlos, tu personaje representa una masculinidad poco retratada: la del apoyo sin competencia. ¿Qué valor crees que tiene mostrar eso hoy en pantalla?

Siempre que se muestra un valor en pantalla, eso resalta. En el caso de Rafa, tiene todavía más fuerza porque él venía de un entorno muy duro. Estaba rodeado de personas de la calle, trabajando en una bodega donde tenía que luchar todos los días para que no lo engañaran. Desde ahí usó su inteligencia no solo para sobrevivir, sino para impulsar la carrera de Milly. Rafa entendía que ambos tenían el mismo deseo de crecer. Sabía que tenía herramientas, respuestas, y que podía ayudarla. No había una necesidad de protagonismo, sino de empujar el proyecto hacia adelante. Esa fue la mancuerna: alguien que decide apoyar sin competir y que entiende que el brillo del otro también es parte de su propio logro.

Sandy, si tuvieras que describir a Milly hoy, después de habitar su historia, en una sola palabra, ¿cuál sería y por qué?

Reina. Porque lo es. Toda su personalidad es la de una reina real. Lo que tú ves en la tarima es lo mismo que ves en una entrevista, y es la misma persona que tienes al lado cuando conversas con ella. No hay un personaje distinto, no hay una máscara.

¿Qué les gustaría que el público dominicano sienta al salir del cine después de ver esta película? 

SH: Orgullo. Orgullo de esa dominicana. Y también que se inspiren a seguir sus sueños. Si sienten aunque sea un poco de lo que yo sentí viendo la película, la mente se activa, te quedas pensativo, reflexionando sobre tu propio camino.

JC: Yo creo que esta es una película que no debería ver solo el dominicano, sino cualquier persona que tenga un sueño. Alguien que quiera emprender, que entienda que la vida no es fácil, que hay que luchar y que hay que creer en uno mismo. Muchas veces tu propio círculo cree más en ti que tú mismo, y esta historia habla justamente de eso: de insistir, de trabajar y de no soltar, aunque todo alrededor te diga que no.

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