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Raquel Peña: “La maternidad me enseñó que amar también es acompañar, escuchar y aprender a soltar en el momento correcto”

Raquel Peña: “La maternidad me enseñó que amar también es acompañar, escuchar y aprender a soltar en el momento correcto”

Redacción Pandora

En la vida pública, pocas figuras logran sostener el equilibrio entre la firmeza que exige el liderazgo y la sensibilidad que habita en lo más íntimo del hogar. Pero detrás de la vicepresidenta de la República Dominicana existe una mujer profundamente marcada por la familia, la fe y la maternidad. En esta conversación, Raquel Peña abre las puertas de una dimensión mucho más personal: la madre que encontraba sentido en acompañar torneos de pelota, clases de ballet y desayunos improvisados; la abuela que hoy se derrite cuando sus nietos la llaman “Abuquel”; y la mujer que, aun en medio de las responsabilidades del Estado, continúa creyendo que ningún logro tiene valor si no puede compartirse con quienes ama.

Con honestidad, sensibilidad y una serenidad que atraviesa cada respuesta, la vicepresidenta reflexiona sobre liderazgo femenino, legado, pérdidas, fortaleza emocional y el verdadero significado del éxito cuando la familia ocupa el centro de todo.

Pandora: Usted ocupa uno de los roles de mayor responsabilidad y exposición institucional del país. En medio de una vida marcada por el servicio público, ¿cómo ha logrado resguardar el espacio emocional, íntimo y humano de su familia? 

Raquel Peña: Para mí la familia es un espacio sagrado, y siempre he procurado protegerla de la exposición innecesaria. Hay alegrías, conversaciones y también momentos difíciles que encuentran su verdadero sentido en la intimidad del hogar. Mis hijos son adultos, tienen sus propias vidas, y he querido respetar siempre esa libertad. Sin embargo, he tratado de cuidar esos pequeños espacios que nos mantienen unidos: una llamada en medio del día, un desayuno cuando podemos visitarnos o simplemente sentarnos a conversar sin prisas. 

Antes de llegar a la Vicepresidencia, su historia estuvo profundamente ligada a la academia, la gestión y el sector empresarial. ¿Cómo moldearon esas experiencias la mujer y la líder que hoy ejerce funciones de Estado? 

Cada etapa de mi vida me fue formando desde dimensiones distintas. La academia me enseñó el valor del conocimiento, de escuchar y de construir oportunidades a través de la educación, por ejemplo la gestión y el sector empresarial me dieron disciplina, capacidad para tomar decisiones, el valor del trabajo en equipo y la eficiencia. Pero, sobre todo, esas experiencias me permitieron entender que el liderazgo verdadero no se ejerce desde la distancia, sino desde la cercanía humana. Hoy, en el servicio público, procuro mantener esa visión: trabajar con responsabilidad, escuchar a las personas y nunca perder de vista que detrás de cada decisión hay vidas, familias y sueños que merecen respeto.

La maternidad suele transformar profundamente la manera en que una mujer mira la vida, el amor y sus prioridades. En su caso, ¿qué cambió en Raquel Peña a partir del momento en que se convirtió en madre? 

Mis hijos, Rosa Estela, Marco José e Isabel Amelia, me enseñaron que el amor más profundo es una combinación de entrega, paciencia y responsabilidad. Desde que los tuve, mis prioridades cambiaron. Antes que cualquier cosa primero esta su bienestar, su futuro y su tranquilidad. Mis hijos han sido siempre una inspiración y, con el tiempo, esa alegría se multiplicó al convertirme en abuela.

A lo largo de su vida, la maternidad ha convivido con importantes responsabilidades profesionales y públicas. ¿De qué manera ser madre ha influido en su sensibilidad al momento de liderar y tomar decisiones? 

Creo que desde que me convertí en madre aprendí a mirar la vida con más sensibilidad y también con más fortaleza. Cuando una es madre comprende mejor las preocupaciones, los miedos y las esperanzas de las familias. Eso hace que las decisiones se tomen con mayor empatía porque la sensibilidad que nace en el hogar también ayuda a construir un liderazgo más cercano y más responsable.

Sus hijos han crecido viendo de cerca tanto a la mujer profesional como a la figura pública. ¿Qué conversaciones, aprendizajes o momentos compartidos siente que han fortalecido más profundamente el vínculo entre ustedes como familia? 

Mis hijos crecieron viendo a una madre comprometida con su familia y también con su trabajo, y eso nos permitió hablar mucho sobre responsabilidad, respeto y servicio. Siempre he querido que entiendan que ningún logro vale la pena si uno pierde la capacidad de cuidar a los suyos y de mantenerse humano. Hoy valoro mucho ver cómo esos principios siguen presentes en la forma en que ellos viven sus propias vidas.

Cuando mira hacia atrás y recuerda la crianza de sus hijos, ¿qué momentos permanecen intactos en su corazón como algunos de los más valiosos de su vida? 

Cuando miro hacia atrás, recuerdo con especial cariño esos años en que acompañaba a mis hijos en sus torneos de pelota, los recogía en el colegio y los llevaba a clases de francés, ballet, música o piano. Fueron momentos muy valiosos porque siempre he creído en la educación integral: en esa formación que no solo se construye en el aula, sino también a través del deporte y del arte.

¿Qué enseñanzas de su madre siguen acompañando hoy a la mujer, la madre y la vicepresidenta en la que se ha convertido? 

Mi madre me enseñó a tratar a todos con respeto y a vivir en fe. Ella nos corregía con mucha disciplina pero desde la dulzura; era una mezcla de amor y firmeza que me marcó y que yo también procuré aplicar en la crianza de mis hijos. De ella aprendí, además, que una mujer puede sostener a su familia sin renunciar a su propia definición de éxito.

Hoy muchas jóvenes dominicanas la observan como referente de liderazgo femenino. Desde su experiencia, ¿qué necesita una mujer para ocupar espacios de poder sin desconectarse de su esencia y sensibilidad humana? 

Creo que una mujer necesita, primero, creer en sí misma y que nadie limite sus sueños, las mujeres aportamos una mirada humana, resiliente y cercana en los espacios de decisión. Yo siempre he creído firmemente en la mujer dominicana: en su valentía silenciosa, en su capacidad de sostener hogares, construir oportunidades y levantarse cada día con esperanza. Así que a las jóvenes les diría que no permitan que nadie las haga sentir que deben escoger entre sus sueños, su familia o su esencia. Se puede liderar con firmeza sin dejar de ser una misma.

Entre la exigencia de la vida institucional y los afectos más importantes de su vida, ¿cómo logra encontrar equilibrio entre la responsabilidad pública y su rol como madre y abuela? 

He aprendido a cuidar mucho los espacios familiares, porque son los que me ayudan a mantener equilibrio y perspectiva. Cuando estoy con mi familia, procuro estar presente de verdad. Ellos representan calma, sostén y también una forma de volver a lo esencial en medio de una agenda tan exigente. 

Una manera de encontrar equilibrio es con la comunicación constante, cada vez que puedo nos llamamos y desde que tengo algún hueco en la agenda aprovecho y visito alguno de mis hijos y nietos para pasar un tiempo con ellos, aunque tenga que regresar a Palacio.

Convertirse en abuela suele transformar la manera en que una mujer entiende el amor, el tiempo y el legado familiar. ¿Qué significado tiene para usted esa etapa de su vida y qué emociones despiertan sus nietos en medio de una agenda tan demandante?

Ser abuela ha sido una de las experiencias más hermosas y especiales. En medio de una agenda tan demandante, mis nietos son un refugio emocional y una fuente constante de alegría. Con ellos vuelvo a conectar con la ternura, la espontaneidad y esa capacidad de asombro que a veces los adultos dejamos atrás. Ellos me recuerdan que el tiempo compartido tiene un valor enorme y que todo esfuerzo por el país también debe hacerse pensando en las próximas generaciones. Cada momento con ellos me ayuda a mantener los pies sobre la tierra y a valorar lo verdaderamente importante, con ellos no soy la vicepresidenta; soy “Abuquel”.

La vida pública suele exigir firmeza constante, incluso en los momentos más complejos. En los días difíciles, ¿qué personas, valores o afectos sostienen emocionalmente a Raquel Peña?

Definitivamente mi familia, mis hijos y mis nietos, me da mucha felicidad compartir con ellos. Mi mayor sostén siempre ha sido mi familia, Dios y la fe que ha guiado mi vida desde muy joven. Además, mi trabajo, que me permite aportar a las familias dominicanas, es el verdadero valor de esta labor pública que decidí asumir.

Detrás de la serenidad que proyecta públicamente, ¿qué emociones siente que pocas veces el país alcanza a ver en usted?

Siento una gran empatía frente al dolor ajeno. Hay historias, especialmente de madres, jóvenes y familias vulnerables, que me conmueven mucho y que permanecen conmigo aún después de terminar una actividad o una reunión. A veces uno debe mantener la compostura, pero eso no significa que deje de sentir.

Otra emoción, es la felicidad que me nace del hecho de poder llevar esperanza, cuando veo el rostro de los niños a quienes se les lleva mejoría a sus barrios, o a un envejeciente a quien se le mejora su calidad de vida a través de los programas auspiciados por el Gobierno, esas emociones son inexplicables y no se imaginan lo que me llenan.

Usted ha atravesado procesos personales profundamente transformadores. ¿Cómo logra una mujer reencontrarse con la fortaleza después del dolor y continuar siendo sostén emocional de su familia? 

En mi caso, la fe, el amor por mi familia y el sentido de responsabilidad fueron fundamentales para seguir adelante. Cuando se atraviesa por momentos difíciles, uno entiende que, aunque exista tristeza, también hay personas que necesitan de nuestra calma y nuestra capacidad de seguir adelante. También he aprendido que ser sostén emocional no significa tener todas las respuestas, sino permanecer presente y unidos.

En una época donde muchas mujeres sienten la presión de sobresalir en todos los ámbitos al mismo tiempo, ¿qué reflexión le gustaría compartir sobre el verdadero significado del éxito y la maternidad? 

El verdadero éxito no debería medirse únicamente por los reconocimientos o los logros materiales, también por la capacidad de vivir con propósito, aportando a la sociedad y, sobre todo, con la construcción de una vida que vaya de la mano con nuestros valores.

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Y aunque la maternidad transforma significativamente la manera de entender ese éxito, ser madre enseña sobre la entrega y resiliencia. Muchas mujeres viven el desafío de combinar sus sueños personales y profesionales con la responsabilidad de criar y acompañar a sus hijos. Y aunque no siempre es fácil, la maternidad también puede convertirse en una fuente de inspiración, sensibilidad y fortaleza para seguir creciendo.

Desde su posición como Vicepresidenta y mujer de Estado, ¿qué tan importante considera que es para las nuevas generaciones crecer viendo mujeres liderando espacios de decisión y transformación nacional? 

Las nuevas generaciones necesitan crecer viendo que el liderazgo, la capacidad y la vocación de servicio no tienen género. Cuando una niña observa a mujeres ocupando posiciones de liderazgo, entiende que su voz tiene valor, y esto no debe ser visto como algo extraordinario, sino como una muestra de una sociedad que avanza hacia mayores oportunidades, equidad y participación para todos. Uno de los mayores compromisos que debemos tener como sociedad es seguir creando oportunidades para que las niñas y jóvenes dominicanas puedan desarrollarse plenamente, creer en sus capacidades y participar activamente en la construcción del futuro de nuestro país.

Usted ha construido una trayectoria poco común: académica, empresaria, madre y hoy una de las mujeres más influyentes del país. ¿Qué significado tiene para usted representar a la mujer dominicana en espacios históricamente reservados para hombres? 

Sé que cada espacio que una mujer conquista abre camino para muchas otras. Representar a la mujer dominicana es un gran reto. Ser la que gestione y ser la voz de todas representa un orgullo y gratitud y, con esto, buscamos recordar que el liderazgo no tiene género. Me siento honrada de formar parte de una generación de mujeres que ha ayudado a transformar la manera en que el país mira el liderazgo femenino, no desde la confrontación, sino desde la preparación, el trabajo constante y la capacidad de servir con resultados y cercanía humana. La presencia de mujeres en posiciones de liderazgo no solo amplía oportunidades, sino que también enriquece la manera en que se construyen las políticas públicas y se abordan los desafíos nacionales.

Más allá de cualquier reconocimiento público o logro profesional, ¿qué valores espera que permanezcan para siempre en sus hijos y nietos como parte de su legado familiar? 

Me gustaría que vivan siempre con amor por la familia, fe, honestidad, el trabajo digno, la disciplina y el respeto a los demás. Pero, al mismo tiempo, que comprendan que ningún éxito tiene verdadero sentido si no puede compartirse con valores firmes.

Y algo que considero esencial y llego conmigo, es que nunca olviden sus raíces ni la importancia de vivir con gratitud. Las personas pasan, los cargos pasan, pero la forma en que uno impacta la vida de su familia y de los demás permanece para siempre.

Después de todo lo vivido y construido, ¿cuál considera que ha sido la enseñanza más profunda que la maternidad le ha dejado como mujer? 

La maternidad me enseñó que amar también es acompañar, escuchar y aprender a soltar en el momento correcto. Me hizo entender que la fortaleza no siempre está en tener todas las respuestas, sino en permanecer presente aun en los momentos difíciles. Ser madre me volvió una mujer más sensible frente al dolor ajeno, más paciente y más consciente de la enorme responsabilidad que tenemos de construir un mejor país. Creo que gran parte de la empatía con la que hoy ejerzo el servicio público nace precisamente de esa experiencia humana y transformadora. 

Cuando piensa en el concepto de éxito desde una dimensión más humana y personal, ¿qué lugar ocupa la familia dentro de esa definición? 

La familia ocupa el centro de todo. Uno puede alcanzar metas profesionales, asumir grandes responsabilidades y vivir momentos importantes, pero si no tiene con quién compartirlos, nada tiene el mismo sentido. Para mí, el éxito verdadero también se mide en la tranquilidad de saber que los hijos crecen con valores, que la familia permanece unida y que, aún en medio de tantas exigencias, uno logra cuidar los lazos esenciales. 

El país conoce a la Vicepresidenta y a la servidora pública, pero desde la intimidad del amor familiar, ¿cómo le gustaría ser recordada por sus hijos, sus nietos y las futuras generaciones dominicanas? 

Me gustaría que me recuerden como una mujer cercana, trabajadora y coherente con sus valores. Como alguien que sirvió al país con amor genuino, sin perder nunca su esencia humana ni su compromiso con la familia. Más allá de cualquier cargo, quisiera que mis hijos y nietos puedan decir que estuve presente, que acompañé, que escuché y que intenté dejar un país más digno para ellos y para todos los dominicanos. Y si las futuras generaciones pueden ver en mi historia la prueba de que una mujer puede liderar con firmeza y sensibilidad, entonces sentiré que valió todo el esfuerzo.

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