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Patricia Peña: “Los regaños con amor de María Josefina nos invitan a liberarnos de las expectativas que nos imponen”
Pocas mujeres dominicanas logran que una verdad incómoda suene a carcajada… y aun así dejarte con la idea rondando la cabeza por días. Patricia Peña lo hace sin esfuerzo aparente, como si esa mezcla de humor y honestidad fuera parte de cómo respira. Comunicadora, mentora y comediante, ha convertido la autenticidad en método, la vulnerabilidad en narrativa y el humor en un refugio tan femenino como profundamente personal.
Entre María Josefina, su alter ego más celebrado, y su aclamado segmento “Mujeres a las que les tengo envidia”, Patricia ha logrado poner en palabras lo que tantas sentimos y tan pocas decimos, combinando lucidez, dulzura y un instinto cómico que parece innato en ella. Con Malgusto, su debut en el stand-up, abre un capítulo donde la mujer, la artista y la profesional se muestran sin adornos, confiando únicamente en el filo de su mirada y la verdad de su historia.
En esta entrevista exclusiva, nos recibe con su risa franca y esa honestidad luminosa que, sin proponérselo, ya es parte de su firma. Aquí, Patricia habla del miedo, la valentía, el humor y todo lo que ha aprendido entre el branding, el teatro y las mujeres que la inspiran… incluso cuando les tiene “envidia”.
Pandora: Patricia, si tuvieras que presentarte sin decir que eres mentora, conferencista o comediante… ¿cómo te describirías?
Como una mujer alegre, amante de la gente, las historias y la vida.
Tu historia parece escrita a base de carcajadas y mucha autenticidad. Si tu vida fuera una obra de teatro, ¿cómo se llamaría el acto en el que estás ahora?
Acto XXXVI: Becoming
Eres comunicadora, actriz, conferencista y una de las voces más carismáticas del stand-up dominicano. ¿Qué faceta te reta más y cuál te da más libertad?
El stand-up es el que más me libera y, por tanto, el que más me reta. Creo que la sensación de libertad viene después del miedo que sentimos antes de lanzarnos al vacío.

¿Cómo fueron tus primeros pasos en redes sociales y cuándo dijiste “sí, esto es lo mío”?
Este proceso, como casi todos, fue caótico y nada lineal. Comencé enseñándoles a otros lo que yo misma no me atrevía a hacer. Luego me tocó vivir, ser coherente y encarar el “¿quién soy yo para hablar de esto?”, lo mismo que debían atravesar mis clientes para comenzar a proyectarse en redes.
Tres años más tarde, después de desaciertos, de sentir que le hablaba a la pared y de no tener idea de quién era, empecé a encontrar mi voz como mentora y finalmente pude decir “esto es lo mío”. Años más tarde, con el humor, ya eso fue otra historia.
Has dicho que “emprender es conectar con una idea”. ¿Cuál fue esa primera idea que realmente te hizo sentir que habías encontrado tu propósito?
Enseñarles a las mujeres a ser las gerentes de su propia marca personal. Sentía que esa misión me acercaba al propósito que une todo lo que hago, que es darles herramientas para liberarse de lo que necesiten en cualquier área, ya sea financiera, mental o social.
Cuando hablas de marca personal, ¿qué errores ves con más frecuencia en mujeres profesionales o creadoras que recién empiezan a mostrarse?
El error más común es querer parecer perfectas; querer encajar en lugar de destacar. Ese miedo al “qué dirán si soy demasiado yo”. Hoy se necesitan voces únicas más que nunca. Ya tienes la tuya, solo necesitas hablar como lo haces con tus clientas y amigas.
En un mundo donde todos quieren ser vistos, hablas mucho sobre autenticidad y estrategia. ¿Cómo se logra ese equilibrio entre mostrarse con propósito y no perder la esencia en el intento?
Mostrarse con propósito y mostrarse con esencia no deberían ser contrarios. Las estrategias que no van contigo simplemente no son para ti. Todo lo que no te genere entusiasmo creativo no funciona. Cuando tu objetivo está alineado con tu propósito, profesionalizar lo que haces se vuelve natural y coherente con quien eres. Si la esencia empieza a diluirse, es porque algo del proceso se desconectó.

Tienes programas como Gente Master y Brand Your Story. ¿Qué parte disfrutas más: verlas crecer o verlas reírse de sí mismas en el proceso?
(Risas) Definitivamente verlas darse cuenta de que, si no aprendemos a reírnos de nosotras mismas, crecer y exponernos se vuelve lento, pesado y doloroso.
¿En qué momento dijiste “voy a subirme a un escenario y hacer reír”? ¿Qué te llevó a dar el salto al stand-up comedy y qué descubriste de ti misma en ese proceso?
Lo dije cuando ya mi círculo tenía un “cohete” puesto, como decimos en buen dominicano, pero aun así me daba muchísimo miedo. A finales del 2024 tomé la decisión porque pasé todo el año creando contenido de humor en redes y eso me dio confianza, aunque sabía que el stand-up es una ciencia completamente distinta. Estaba en pánico me lancé porque confirmé que era mi sueño más grande. Y descubrí que soy más valiente de lo que pensaba y menos vulnerable de lo que creía.
Malgusto mostró una nueva faceta tuya. ¿Cómo se entrelazan la comedia y el branding en tu vida profesional?
La verdad es que no se entrelazan. El branding quedó como un capítulo de mi vida emprendedora que abriré una vez al año por temporadas específicas y puede que en algún momento lo cierre por completo. Llegó la hora de abrir el acto de la artista al 100%.

¿Qué te ha enseñado el escenario, esa versión sin pantallas ni edición, sobre la vulnerabilidad?
Me ha enseñado que me aterra no ser suficiente y, peor aún, no serlo frente a la gente. El stand-up es un feedback inmediato, en vivo. Lo que más me frustra es cuando trabajo un chiste, lo escribo, lo ensayo y en escena no funciona, pero igual tengo que sostener ese segundo incómodo donde no hay risa. Si no hay risa, toca seguir. Si te va mal un día, ¡hay que seguir!
Hoy tienes un personaje muy querido, María Josefina. ¿Cómo nació este alter ego y qué parte de la Patricia real vive en ella?
Nació de una exageración que siempre ha vivido en mí. Cuando me enojo porque alguien es muy “lindaaaaaa”, aparece mi lado envidiosa jajajajaja, o cuando ¡echo un boche! Un día usé ese nombre y, sin buscarlo, las mujeres empezaron a llamarme así.
Al hablar de María Josefina, ¿qué buscabas al incorporar humor y personaje al discurso de marca personal?
Los boches con amor de María Josefina son una invitación a liberarnos de los roles de género que nos cargan con la responsabilidad mental, el trabajo invisible no remunerado, la sobreexigencia y el perfeccionismo de una sociedad que nos exige ser delgadas, tener casas perfectas, ser hijas infalibles y madres incansables.
Uno de tus segmentos más comentados es “Mujeres a las que les tengo envidia”. ¿Cómo nació ese título y qué significa realmente para ti?
Nace de varias cosas. Primero, de haber crecido en una generación que construyó su vida adulta comparándose con los demás: ‘ella viaja’, ‘ella tiene su casa decorada’, ‘ella está fit’, ‘ella tiene tanta ropa’. Por eso creo que hay que normalizar la envidia como una emoción que nos atraviesa de manera sana.
Y segundo, nace de la admiración entre mujeres. Los videos han hecho que muchas nos demos cuenta de que tenemos cosas envidiables, ¡y no lo sabíamos! Me detienen en la calle y me dicen: ‘¡yo soy la de las pijamas!
Hablando de moda… ¿qué tres prendas o clásicos crees que toda mujer entre 20 y 40 años debería tener para proyectar su “yo soy”?
Unos jeans que las hagan sentir “¡qué cuerpazo tengo!”. Una buena camisa blanca con unos puños negros y unas buenas gafas de sol.
Entre talleres, shows, redes y eventos, ¿cómo se cuida Patricia Peña? ¿Cuál es tu ritual para desconectarte sin sentir culpa?
Una mañana libre a la semana para despertarme sin alarma, hacer yoga en casa, escribir un poco, tomarme mi matcha y luego ver mi k-drama mientras almuerzo algo rico. Tener espacio para estar ¡sola!

Si pudieras dejarle un mensaje a la Patricia que recién comenzaba, esa que aún dudaba en mostrarse, ¿qué le dirías?
Deja de intentar repararte, no hay nada roto. Mira todo lo que ya hay en ti, el humor, la genialidad, la calidad humana. Eres buena y vas a estar bien. Te amo.
“Si no aprendemos a reírnos de nosotras mismas, crecer se vuelve lento, pesado y doloroso”.
Texto : Marcelle Cordero
Fotografía: Pine Box Visual Studio
Estilismo: Marlene Blanco
Maquillaje: Taína Peña
Peinado: Max Paulino
Asistencia: Patricia Nuñez
Publicista de profesión, asesora de imagen y estilista de moda por pasión. Con el pasar de los años ha abrazado la profesión de las letras como una herramienta con la que puede comunicar sus conocimientos, informar sobre novedades y tendencias del mundo de la moda tanto local como internacional.








