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Thais Herrera: «La cima de una montaña no es más que la base de la siguiente»

Thais Herrera: «La cima de una montaña no es más que la base de la siguiente»

Marcelle Cordero

En las alturas más imponentes de la Tierra, donde el frío “muerde” y el aire se vuelve escaso, Thais Herrera encontró su verdadero ser. En la cima del Everest, no solo conquistó la montaña más alta del mundo, sino que también trascendió sus propios límites, demostrando que el verdadero ascenso está en el alma. La primera dominicana en llegar a esa cumbre emblemática, Thais no solo desafió las fuerzas de la naturaleza, sino también las adversidades que la vida le presentó, convirtiendo el dolor en su mayor fuente de fortaleza.

Su historia es un testimonio de resiliencia, donde el duelo por la pérdida de su esposo, Domingo Aristy, se transformó en la chispa que la impulsó a buscar nuevas alturas, tanto físicas como emocionales. El montañismo se convirtió en su refugio, en su camino hacia la sanación, y cada cima conquistada, un recordatorio de su inquebrantable voluntad de seguir adelante.

Este mes de la mujer, celebramos a Thais como un faro de inspiración, no solo por sus logros excepcionales, sino por la profunda humanidad que los sustenta. Su historia nos invita a reflexionar sobre la capacidad infinita de superación que reside en todas nosotras, esa que se enciende cuando enfrentamos nuestros mayores retos.

Thais Herrera
Thais Herrera

Te invitamos a sumergirte en esta entrevista exclusiva, un relato de coraje, sacrificio y transformación, donde Thais comparte no solo sus victorias en las montañas, sino la evolución de una mujer que, al conquistar las alturas más extremas, también ha aprendido a encontrar la paz y la fortaleza dentro de sí misma. Una historia que, más allá de las montañas que escaló, resuena en cada una de nosotras que buscamos nuestro propio ascenso personal.

Thais, muchas personas te conocen como la primera dominicana en conquistar el Everest, pero nos gustaría comenzar hablando de la Thais antes de ser alpinista. ¿Quién era esa Thais y cómo llegaste a este mundo de las montañas?

Antes de montañista y aventurera, soy madre, hija y hermana. Una mujer que sueña con un mundo mejor, más justo e inclusivo. De profesión, soy Ingeniera Industrial con una maestría en Alta Gerencia. Luego de trabajar varios años en empresas multinacionales, me convertí en empresaria hace 19 años con Asertiva RD, donde servimos a nuestros clientes a través de conferencistas con historias increíbles a quienes les damos una voz, así como también a través de experiencias inolvidables de team building al aire libre, contribuyendo al desarrollo de competencias conductuales en equipos de trabajo empresariales. Llegué al montañismo en 2011, cuando comencé a correr por la fundación en la que era directora ejecutiva, Futuro Posible (posteriormente fusionada con la Fundación St. Jude). Nuestros jóvenes fueron invitados al Pico Duarte a una experiencia con la fundación de Karim Mella, el primer dominicano en llegar a la cima del Everest. Su inspiración y la de sus amigos despertaron en mí la inquietud por las montañas.

Tu esposo, Domingo Aristy, es una pieza clave en tu historia. ¿Cómo influyó su amor y su partida en la mujer que eres hoy? 

Cuando empecé a hablar de hacer montañismo, conté con el apoyo de mi familia. Gané una beca para un curso de glaciares en Estados Unidos y, en 2015, regresé convencida de que escalaría el Everest. Domingo incluso me regaló una cámara para capturar ese momento. Sin embargo, él enfermó de cáncer y toda nuestra energía se enfocó en su recuperación. Lamentablemente, menos de un año después de su diagnóstico, su partida nos dejó un inmenso vacío. Decidimos recordarlo desde el amor y el agradecimiento, con su lado jocoso ante cualquier situación. Unos meses más tarde, busqué paz y consuelo en las montañas de Ecuador. Domingo fue un esposo y padre presente. No fue un cuento de hadas, sino una relación madura donde, en los momentos críticos, decidimos luchar por nuestra familia. Eso me ha permitido ser agradecida por los años de historia que compartimos.

Hablas de amor, y es claro que esa emoción ha sido un motor en tu vida, pero también has enfrentado miedos. ¿Cuáles fueron los miedos más grandes que tuviste que superar en el camino hacia tus primeras expediciones?

El miedo es una emoción natural y un instinto de supervivencia. He enfrentado situaciones difíciles, y justo en la primera de mis Seven Summits, me tocó devolverme a tan solo 262 metros de la cima debido a una tormenta y los riesgos asociados. Fue una decisión dura, pero me enseñó humildad: a veces, aunque estemos cerca de lo que anhelamos, debemos regresar. Un año después volví a esa montaña, el Aconcagua, y ahí inició mi sueño de escalar la montaña más alta de cada continente y esquiar hasta los polos Norte y Sur.

Thais Herrera
Thais Herrera

Tu historia inspira a muchas mujeres, especialmente a las que, como tú, han pasado por momentos difíciles. ¿Qué consejo les darías a aquellas que están atravesando un proceso de duelo o buscando un nuevo propósito en la vida? 

Al poco tiempo de quedar viuda, mi amiga Sandra me regaló unos consejos que fueron vitales para mí, y hoy, con el corazón abierto, los comparto. Uno de los más importantes fue recordar siempre que Dios no desampara a sus hijos. En los momentos más oscuros de desesperación, confié en esa promesa y me dio la fuerza para seguir adelante.Otro de los consejos que más me ayudó fue recordar a quien ya no está desde el amor y el agradecimiento. Cuando te enfocas en lo positivo de lo que esa persona te dejó, puedes encontrar paz, aunque el dolor sea profundo. Además, aprendí que evitar el uso de químicos para dormir es esencial. Mantenerse activa durante el día y hacer ejercicio se volvió una herramienta vital para mi bienestar. No solo mejora el cuerpo, sino que también alivia el alma.

También aprendí que el duelo es un proceso profundamente personal. Es necesario llorar, recordar con amor y sentir todo lo que se necesita sentir sin presiones ni expectativas externas. Finalmente, buscar ayuda nunca está de más. Ya sea a través de un profesional o el apoyo de amigos y familiares, contar con recursos como libros o páginas especializadas puede hacer la diferencia.

En cada ascensión, ¿sientes que una parte de ti se queda en la montaña, en el punto culminante que acabas de conquistar?

Yo siento justo lo contrario. Siento que cada montaña me regala algo a mí, que puedo aprender algo, crecer en algún aspecto. Encuentro lecciones en las personas, tanto de mi equipo como de otras expediciones, en el sendero, en la naturaleza, en las increíbles culturas que este recorrido por los siete continentes me ha permitido vivir.

A lo largo de tu carrera, has logrado completar el desafiante reto de las “Siete Cimas”, llevando con orgullo nuestra bandera tricolor a las montañas más altas del mundo. ¿Cómo te impactó cada una de estas expediciones? ¿Hubo alguna que, por su singularidad, te marcó profundamente o te enseñó algo inesperado sobre ti misma? 

Siento que lo mejor en cada una de mis expediciones y lo más impactante es la gente con quien tengo la bendición de compartir. En mi segundo intento al Aconcagua, la vida me regaló la oportunidad de conocer a un grupo maravilloso de personas, quienes fueron las que me inspiraron a hacer el reto de las 7 Cimas. Inicialmente, inspirada por el dominicano José Gómez, solo pensaba en hacer el Everest y los dos polos, pero este equipo genial, que incluye a un montañista ciego, Rafa Jaime; a un récord de velocidad en montañas, Karl Egloff; y a otros amigos que han sido imprescindibles para que yo entendiera que, aunque no sea la más rápida, puedo llegar a mi ritmo y en mi tiempo a la cima de cada montaña que me proponga. Ese es un aprendizaje que llevo no solo para mis expediciones y aventuras, sino también para la vida y mi empresa. Y al unir el reto de las 7 Cimas a los 2 Polos, pues empecé con el proyecto de Explorer’s Grand Slam, que solo han completado unas 74 personas en el mundo hasta el momento, esperando llevar nuestra hermosa bandera a ser parte de este exclusivo grupo.

Para muchas mujeres, la vida a veces se convierte en un camino de constante sacrificio y lucha.  ¿Cómo podemos encontrar nuestra propia fuerza interior para escalar nuestras montañas personales?

En mi caso, mi fuerza interior viene de aceptarme tal como soy, con mis talentos, fortalezas y debilidades, y de estar agradecida por ello. A partir de ahí, puedo entender que uno puede mejorar, accionar e ir avanzando en las áreas que se proponga para dicha mejora. Por ejemplo, en ocasiones me han dicho, y con razón, que no tengo un cuerpo atlético. Mi reflexión ante eso es que es cierto, y que, aun así, este cuerpo maravilloso, con sus libritas extra, me ha llevado por la vida y las montañas de forma exitosa. Por lo cual, aunque sigo entrenando y trabajando para que esté mejor, mientras eso sucede, cada día le estoy muy agradecida por permitirme llegar a grandes cimas.

Thais Herrera
Thais Herrera

En tus ascensos, ¿te has encontrado en momentos de total soledad? ¿Cómo lidias con esos silencios y qué descubres sobre ti misma cuando estás tan alejada del mundo? 

Es sorprendente la cantidad de ruido exterior e interior con el que vivimos cada día. Yo disfruto los momentos de soledad y el silencio, que me permiten conectar con más intención con la experiencia que vivo y conmigo misma. Encuentro que es importante compartir con personas valiosas en nuestra vida, pero también es vital darse tiempo para disfrutar del silencio, así como hacer actividades en solitario.  A mí me gusta vivir experiencias de forma independiente: viajar, ir al cine, a museos, al parque, correr, ir a los senderos. En una ocasión, fui sola a un concierto de Pavel Núñez en Casa de Teatro y ¡lo disfruté tanto! Incluso me permitió conocer personas nuevas, algo que quizás no habría sucedido de haber ido en grupo.

Si pudieras compartir un momento específico de una de tus expediciones, uno que haya sido emocionalmente revelador para ti, ¿Cuál sería y por qué? 

En mi expedición al Polo Sur, esquiábamos diariamente entre 8 y 10 horas. En un momento, se formó una ventisca que no me permitía ver más de unos pocos centímetros delante de mí. El viento me golpeaba en el rostro en el único punto descubierto, en el lado izquierdo. Era una sensación desesperante. Una brisa implacable que no cesaba ni un segundo. Sentía tanto, tanto frío. Quizás la temperatura estaba alrededor de -20 °C. En ese momento, empecé a recordar técnicas de trabajo mental para sobrellevarlo. “Piensa en tu lugar feliz”, me dije.

Sentí que, aunque estaba tan lejos de mi patria, llevaba conmigo un pedazo del Caribe. En mi mente, comencé a bañarme en cada playa: Playa Rincón, Frontón, Cosón, Bahía de las Águilas y así sucesivamente, hasta que, sin darme cuenta, la tormenta había pasado. En ese instante, entendí que lo que uno ama lo lleva siempre en el corazón.

A lo largo de todo este proceso, ¿cuál dirías que ha sido tu mayor lección sobre la vida? 

La partida de Domingo me marcó profundamente. Tenía sólo 45 años cuando falleció, y siento que me dejó como enseñanza la importancia de vivir de manera intencional, día a día, disfrutando las experiencias y los momentos sin dejar pendientes. Nunca sabemos cuándo nosotros, o aquellos a quienes amamos, dejaremos de estar aquí. Desde entonces, trato de vivir el presente con pasión y sin excusas. También aprendí a decir que “no” a aquellas cosas que, aunque interesantes, no se alinean con mis objetivos del momento. 

Uno de tus proyectos más inspiradores será sin duda el documental “Una dominicana encontrándose en la cumbre”. ¿Puedes contarnos más sobre esto?

Mi proyecto de las 7 Cimas y 2 Polos lleva este nombre porque representa mi relación con las expediciones y aventuras. Fue mi gran amigo José Llano quien me hizo notar lo mucho que mencionaba que me encontraba en la montaña. Cuando, 

de la mano de Raúl Camilo, realizamos el teaser del proyecto y del futuro documental, decidimos llamarlo así. Este proyecto me motiva a demostrarme que puedo alcanzar 

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lo que me proponga, junto a un equipo de personas valiosas y con el esfuerzo necesario. Además, disfruto y encuentro paz y satisfacción en el logro de mis sueños, dejando a mis hijos la enseñanza de que hay que perseguir aquello que mueve nuestros corazones.

Thais Herrera

Como mujer y, especialmente, como madre, ¿has tenido momentos en los que te cuestionaste si debías continuar escalando? 

Aún no he llegado al punto de cuestionarme la escalada. Lo que sí he hecho es rodearme de los mejores en cada expedición y aventura, minimizando riesgos. Por ejemplo, para el Everest, fui con una empresa de gran experiencia y resultados. No fui sola; me acompañaron mi amigo y guía ecuatoriano Paúl Guerra y dos sherpas con experiencia en montañas de gran altura. Fue necesario replantear la ruta, entrenar horas adicionales para reforzar mis habilidades de escalada en hielo y esperar unas semanas más de lo planeado para encontrar buen clima. Todo esto hace que, aun en grandes montañas, me sienta dentro de parámetros de seguridad que me impulsan a seguir adelante.

¿Cómo te hace sentir el impacto que has tenido en otras vidas? ¿Te das cuenta de cuán inspiradora es tu historia para ellas? 

Sinceramente, se me encoge el corazón cuando me cuentan estas cosas. Sufro de síndrome del impostor; a veces siento que no me lo creo, que no me lo merezco. He trabajado mucho para aprender a aceptar tanto amor y cariño, y agradecer de corazón poder aportar, aunque sea un granito de arena, para que las personas se animen a encontrar sus sueños o sus propias montañas y a salir a perseguirlas. Me siento humildemente feliz y agradecida por tanto.

Thais, mencionaste que el montañismo te dio una razón para seguir adelante. Ahora que has alcanzado tantas cumbres, ¿Qué significa para ti realmente llegar a la cima? 

Alcanzar la cumbre más alta de cada continente me ha regalado aprendizajes invaluables. Las cimas significan logro, pero también la prueba de que los sueños pueden alcanzarse con dedicación y esfuerzo. Además, se necesita un equipo fuerte que también crea en esos sueños.

Sabemos que has escalado algunas de las montañas más desafiantes del mundo, como el Aconcagua, el Elbrus y el Monte Everest. ¿Cómo te preparas mental y físicamente para estas ascensiones? 

Físicamente, trabajo en dos áreas específicas: fortalecimiento/movilidad y resistencia cardiovascular. Cada expedición tiene, además, algunas variantes de acuerdo con sus requerimientos. Como a los dominicanos nos resulta tan difícil entrenar en montañas debido a estar al nivel del mar, subir y bajar el Pico Duarte corriendo se convirtió en un entrenamiento habitual, al punto de que incluso me llevó a crear una carrera internacional: el Pico Duarte Express (46 km) y el Pico Duarte Ultra (100 km y 62 km). Para otras montañas, como el Denali, la montaña más alta de América del Norte, se requería arrastrar un trineo de unas 110-120 libras. Para eso, entrené de la mano de mi coach Carlos Tejeda, de InShape, arrastrando un simulador y mi mochila con un total de 130 libras. Otras montañas, como el Everest, requieren preparación en altura, y para ello entreno en Ecuador. La mente, por su parte, la trabajo con el agradecimiento y la meditación.

Al estar en la cima de una montaña como el Everest, ¿Qué es lo primero que sientes en ese momento? 

Sentí una mezcla de agradecimiento, felicidad profunda y orgullo al saber que llevaba mi patria en mi bandera y mi corazón. Fue un momento mágico y fugaz en el que pedí un minuto más para agradecer, sentir y admirar lo que me rodeaba.

Thais Herrera

Después de haber alcanzado tantas alturas físicas y emocionales, ¿Qué sueños o metas aún te quedan por cumplir? 

Para completar el Explorer’s Grand Slam, aún me falta esquiar el último grado hasta el Polo Norte, un desafío que nunca ha sido realizado por ninguna persona de nuestro país. En 2022, estaba lista para partir, pero dos semanas antes, el viaje fue cancelado por temas geopolíticos. Sin embargo, creo que todo sucedió por una razón. Fue gracias a esa cancelación que terminé tomando un famoso capuchino en París, un momento que, de alguna manera, ayudó a recordar la importancia de no dejar pendientes en la vida. Este abril, nuevamente estoy inscrita para esta aventura. Siento que ha llegado el momento de completar este reto y confío en que Dios, junto con el cariño y las oraciones de tantas personas que me apoyan, harán que sea posible. En los demás aspectos de mi vida, me siento profundamente agradecida, en un estado de plenitud y equilibrio. Mi familia está bien, tengo una pareja maravillosa y mi empresa, Asertiva RD, sigue floreciendo. Siento que estoy viviendo de manera intensa y apasionada. Sin embargo, siempre hay áreas en las que debo seguir trabajando. Definitivamente, necesito afianzar mis prioridades, consolidar mi equipo de apoyo y materializar algunos proyectos que han quedado en pausa por esta meta que ahora persigo. Además, quiero retomar mis iniciativas de responsabilidad social, que, ante tantas bendiciones, quizás he dejado un poco de lado. 

Si tu vida fuera una montaña, ¿Cómo la describirías?

Si mi vida fuera una montaña, tendría mucha naturaleza y ríos en su falda. Tendría partes muy lindas y cuidadas, pero también otras muy empinadas y duras que parecerían imposibles de subir. Estaría llena de escaladores con valores y virtudes que serían clave para poder escalarla, formando parte del recorrido. Nos ayudaríamos mutuamente en un camino lleno de anécdotas, a veces de risas, otras de silencios y reflexiones. De seguro, sería un lugar con una cima maravillosa, donde los amaneceres serían inolvidables, y quienes llegarán hasta allí, lo harían con gratitud. La cima se disfruta más en compañía. Pero, sobre todo, sería un lugar donde cada paso tendría significado y, en cada momento, nos enfocaríamos no tanto en la cima, sino en disfrutar el trayecto y todo lo que nos regala.Sería un lugar con espacios para examinar la vida, reflexionar y pensar, encontrar propósito y estudiar el legado que queremos dejar. En fin, la cima de una montaña no es más que la base de la siguiente. En mi viaje personal, quedan muchos proyectos por hacer. Espero que, al igual que en el Everest, en estos viajes también me acompañen mi bandera y mi corazón.   

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