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Dale Follow a Camila Dipuglia @sanoyexotico 

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Durante mucho tiempo, la alimentación saludable estuvo rodeada de reglas, restricciones y la idea de que comer bien implicaba renunciar al sabor. Camila Dipuglia decidió desafiar esa narrativa desde un lugar mucho más humano: compartir recetas que despiertan el apetito, pero también conversaciones que invitan a construir una relación más amable con la comida. A través de su proyecto Sano y Exótico (@sanoyexotico), ha creado una comunidad donde el bienestar no se mide por la perfección, sino por el equilibrio, el disfrute y la conexión con uno mismo.

En esta edición de Dale Follow, conversamos con la chef basada en plantas sobre el proceso que la llevó a transformar su propia relación con la alimentación, el propósito detrás del contenido que comparte y la importancia de entender que comer saludable puede ser tan creativo, accesible y placentero como cualquier otra forma de disfrutar la cocina.

Antes de que existiera “Sano y Exótico”, ¿cómo era tu relación con la comida en lo  cotidiano? 

Antes de “Sano y Exótico”, mi relación con la comida estaba muy lejos de ser intuitiva. Crecí en un  entorno donde siempre se priorizó comer bien, pero internamente yo no lo vivía desde un lugar de  conexión, sino de conflicto. 

Durante mucho tiempo, la comida estuvo ligada al control, a la percepción de mi cuerpo y a una  constante búsqueda de “hacerlo bien”. Había momentos de restricción, seguidos por etapas más  desordenadas, y todo se movía dentro de ese ciclo. No lo veía como una herramienta de bienestar,  sino como algo que determinaba cómo me sentía conmigo misma. Con el tiempo, y especialmente a través de un proceso personal bastante intenso, tuve que  reconstruir completamente esa relación. Pasé de ver la comida como premio o castigo, a entenderla  como algo que me sostiene, me nutre y también me permite disfrutar. “Sano y Exótico” nace justamente desde ahí: desde el proceso de sanar, cuestionar y volver a  conectar con la comida de una forma más libre. 

Tu contenido desafía la idea de que lo saludable es aburrido. ¿Por qué crees que ese mito  sigue tan presente? 

Porque durante años lo saludable se ha presentado desde la limitación. Todo quieren hacerlo girar  alrededor de lo que no puedes comer, y eso inevitablemente le quita lo atractivo. Han vuelto de la comida saludable una idea muy reducida: platos simples, sin mucha intención, sin  creatividad. Y claro, si esa es la referencia, es normal que la gente piense que comer saludable es  aburrido. 

Pero la realidad es otra. Hay una diversidad enorme de ingredientes, sabores y combinaciones que  muchas veces no se exploran. No es que la comida saludable sea limitada, es que no se ha enseñado  a trabajarla bien. 

Mi contenido busca justamente cambiar esa percepción: demostrar que cuando entiendes los  ingredientes y sabes cómo combinarlos, lo saludable puede ser incluso más interesante, más rico y  más creativo. 

¿Cómo evitas caer en lo restrictivo dentro de una propuesta saludable? 

Para mí esto es algo muy consciente, porque sé lo fácil que es caer ahí. 

Hoy en día yo no construyo mi alimentación desde el miedo, sino desde el entendimiento. Veo la  comida como lo que realmente es: una herramienta que me sostiene, que me da energía y que me  permite alcanzar mis metas físicas y personales. Es literalmente el puente entre dónde estoy y dónde  quiero estar. 

Y gran parte de eso viene de educarme. Porque muchas veces las ideas que tenemos sobre la comida  no vienen del conocimiento, vienen de lo que escuchamos: “esto engorda”, “esto es malo”, “esto no  se debe comer”. Cuando tú empiezas a entender cómo funcionan los alimentos —que todos tienen  macronutrientes, que todo cumple una función— dejas de ver la comida de forma tan rígida. También hay algo clave en mi proceso: cocinar. 

Cuando tú preparas tu comida, entiendes lo que estás comiendo, conectas con el proceso y  automáticamente todo se vuelve más balanceado. No es lo mismo repetir lo que alguien dice, que  realmente entenderlo y vivirlo. Para mí evitar lo restrictivo no es hacer “todo perfecto”, es tener claridad, tener balance y no irme a  los extremos. 

¿Cuál ha sido tu mayor contradicción dentro de este camino saludable? 

Construir una carrera alrededor de la comida mientras estaba sanando mi relación con ella. Es una contradicción que puede parecer incómoda, pero en realidad ha sido una de las cosas que  más me ha formado. Porque no estoy hablando de comida desde un lugar idealizado, sino desde  haber vivido los extremos. 

He tenido que cuestionarme mucho: qué significa realmente comer bien, qué es salud, qué es  balance… y darme cuenta de que muchas de las ideas que tenía no eran mías, sino aprendidas. También me obligó a ser más honesta conmigo. A no caer en discursos rígidos, a no proyectar  perfección. Porque sé lo que hay detrás de eso. 

Y al final, esa contradicción se convirtió en propósito. Porque ahora puedo crear desde un lugar  mucho más real, y conectar con personas que están pasando por procesos similares. 

¿Qué conversación sientes que nadie está teniendo sobre la comida saludable y tú sí quieres  abrir? 

Que la salud no se trata solo de lo que comes, sino de cómo te relacionas con la comida. Siento que todavía hay mucha conversación superficial: qué es bueno, qué es malo, qué debes  evitar… pero no se habla suficiente de la parte emocional. 

No se habla de la culpa después de comer, de la obsesión por hacerlo perfecto, de la ansiedad que  puede generar la comida incluso cuando es “saludable”. 

Y eso es algo real. Yo quiero abrir una conversación más honesta, donde se entienda que tú puedes estar comiendo  bien y aun así no estar en un lugar saludable internamente. Que la salud también es poder comer sin  miedo, sin ansiedad, sin sentir que todo está bien o mal. Porque al final, si no hay paz en la relación con la comida, tampoco hay balance real. 

Construir una carrera alrededor de la comida mientras sanaba mi relación con ella no fue una contradicción, fue lo que le dio sentido.

¿Cómo decides qué compartir y qué se queda fuera, especialmente cuando se trata de  hábitos o procesos personales? 

Para mí eso es algo muy cuidado. Hay partes de mi historia —especialmente todo lo relacionado con mi relación con la comida— que  durante mucho tiempo fueron muy personales. Incluso me daba vergüenza hablarlo. Y aunque hoy en día soy mucho más abierta, no siento que todo tenga que ser compartido en el  momento en que está pasando. Hay procesos que necesitan espacio, tiempo y claridad antes de  poder ponerlos afuera. 

Sí me interesa que mi contenido refleje lo que hay detrás: la evolución, el aprendizaje, la forma en  la que pienso hoy. Pero contar ciertas cosas… quiero hacerlo bien, con contexto, con profundidad. Porque no es solo mi historia, también puede impactar a otras personas. Y eso lo tomo con mucha  responsabilidad. 

Hay una percepción de que lo saludable no es accesible para todos. ¿Cómo dialoga tu  contenido con esa realidad? 

Creo que esa percepción viene de cómo se ha vendido lo saludable, no de lo que realmente es. Cuando la gente piensa en comida saludable, muchas veces piensa en productos específicos,  importados, “fit”, sin esto, sin lo otro… y claro, eso puede ser costoso. 

Pero lo saludable, en su base, es mucho más simple que eso. 

Vegetales, frutas, granos, ingredientes reales — eso siempre ha existido y sigue siendo accesible. El  problema es que muchas veces no sabemos qué hacer con eso, cómo prepararlo, cómo hacerlo rico. Y ahí es donde entra mi trabajo. 

Yo no quiero que la gente sienta que tiene que cambiar toda su vida o gastar más dinero para comer  mejor. Quiero que vean que pueden empezar con lo que tienen, que pueden hacerlo simple y que  aun así puede ser increíble.

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¿Qué pasa con las recetas que no salen como esperabas? 

Son parte del proceso, pero no siempre del resultado final. 

Detrás de cada receta que comparto hay muchas pruebas. Hay ajustes, cambios, repeticiones…  porque para mí es importante que lo que salga esté realmente bueno. 

Si una receta no está a la altura, no la publico. No es por perfeccionismo, es porque quiero que las  personas confíen en lo que están viendo, que sepan que si lo hacen, les va a gustar. Eso no significa que no existan errores. Existen, y son parte de aprender y de crear. Pero hay un  filtro, hay un criterio y eso también es parte de respetar a quien está del otro lado. 

¿Qué buscas que alguien se lleve después de ver una de tus recetas?

Más que una receta exacta, quiero que se lleven una nueva forma de ver la comida. Que entiendan  que pueden comer saludable sin aburrirse, sin sentir que están sacrificando algo. Que puede ser  incluso más rico, más interesante, más creativo. 

También quiero que se sientan capaces. Que no vean la cocina como algo complicado o lejano, sino  como algo que pueden hacer suyo. Si logro cambiar esa percepción, aunque sea un poco, ya para mí  tiene sentido. 

Mirando lo que has construido, ¿qué sientes que tu contenido dice de ti sin tener que  explicarlo? 

Creo que dice que no creo en los extremos. 

Que soy una persona que encuentra balance entre lo saludable y lo disfrutable, entre lo simple y lo  creativo. Que la comida, para mí, no es solo nutrición, es expresión. 

Mi contenido refleja mucho mi forma de ver la vida: con color, con intención, sin rigidez. “Sano y Exótico” no es solo un nombre, es una forma de hacer las cosas. Es demostrar que puedes  comer bien sin limitarte, que puedes volver a lo natural sin dejar de disfrutar, y que no hay reglas  absolutas cuando se trata de comida.

Entender la comida cambia todo: deja de ser una lista de reglas para convertirse en una herramienta que te sostiene, te da energía y te acerca, con intención, a la vida que quieres construir.

Más que enseñar recetas, Camila Dipuglia ha construido un espacio donde la comida deja de ser una lista de reglas para convertirse en una herramienta de bienestar, creatividad y conexión. Su historia demuestra que transformar la relación con lo que comemos también puede ser el primer paso para construir una vida más equilibrada, recordándonos que la verdadera alimentación saludable comienza mucho antes de sentarnos a la mesa.

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