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Julissa Céspedes: «Ser madre reforzó mi esperanza y la necesidad urgente de hacer algo que contribuya a mejorar el mundo en el que mis hijos crecerán»

Julissa Céspedes: «Ser madre reforzó mi esperanza y la necesidad urgente de hacer algo que contribuya a mejorar el mundo en el que mis hijos crecerán»

Marcelle Cordero

Hay mujeres que hacen del micrófono un altar de servicio y de la palabra, un acto de amor valiente; Julissa Céspedes es una de ellas. Su voz no solo informa: abraza, incomoda, revela. Desde que decidió contar historias, lo ha hecho con la certeza de que el periodismo es un acto de fe, un compromiso con la verdad y con la dignidad humana.

Su nombre se ha convertido en sinónimo de periodismo de investigación, un trabajo que no solo desafía el status quo, sino que da voz a los invisibles y arroja luz sobre lo que muchos preferirían mantener en las sombras.

Hoy lidera tres espacios donde la verdad tiene nombre propio: Reporte Especial, 55 Minutos y Despierta con CDN. Desde cada uno, insiste en mirar de frente lo que otros esquivan. Su mirada, aguda y empática, se afinó aún más con la maternidad: entendió que detrás de cada historia hay un rostro, una familia, una herida que merece respeto.

Julissa Céspedes
Julissa Céspedes

Julissa no busca protagonismo,  busca justicia. Y en cada entrega nos recuerda que el buen periodismo también puede ser un acto de amor: al país, a su gente, a esas verdades que duelen y necesitan contarse.

En esta conversación, más allá de su destacada carrera, de las cámaras y los micrófonos, hablamos con Julissa: la madre, la esposa y, sobre todo, la mujer que intenta equilibrar su vocación con el amor incondicional que entrega a los suyos. Reflexionamos sobre cómo la maternidad ha moldeado su manera de ver el mundo, de dónde nace la fuerza que la sostiene cada día y de su empeño por mantenerse fiel a sí misma en medio de tantas demandas.

Tu carrera ha estado marcada por la búsqueda de la verdad y el compromiso con la denuncia social. ¿Qué momento definió tu vocación por el periodismo como herramienta de transformación?

Desde pequeña tuve alma de voz popular. Mi mamá es maestra y tenía una pequeña escuela donde yo hacía de profesora en mi tiempo libre. Cuando desaparecía, generalmente estaba cuidando a los más chiquitos, resolviendo temas o asistiendo a mi mamá en su rol directivo —o al menos eso creía yo. [risas] Me atraía la sensibilidad de conocer las historias de quienes necesitaban ayuda, y abogaba por ellos. En mi casa materna somos cuatro hermanos, y yo soy la única hembra, por lo que desde pequeña me sentía la vocera del grupo. Siempre nos hablaron como adultos y se conversaba de política, de derechos humanos, y de los temas del momento. Aprendí temprano a discutir por lo justo, a identificar una injusticia, y si no estaba muy segura… igual me inventaba algún argumento que hiciera lógica por sentido común.

Sin embargo, ya más adulta tomé consciencia de que mi propósito estaba profundamente ligado al sentido de justicia, y fue esa certeza la que me llevó a elegir los caminos que hoy, con convicción, sigo recorriendo.

Desde tus inicios en los medios hasta tu consolidación como una de las voces más respetadas del periodismo dominicano, ¿cómo ha evolucionado tu forma de entender el poder de la comunicación?

Entender el poder siempre es complejo. El poder proyecta y emulsiona lo que hay dentro de las personas: a algunos los revela, a otros los despega del sentido común. Para mí, es un ejercicio interesante observar a las personas cuando obtienen poder y registrar sus cambios a través del tiempo. Este oficio tiene mucho de eso. Desde temprano entendí que el poder solo sirve si se utiliza para mejorar las cosas. De lo contrario, se convierte en un arma. Me gusta creer que podemos ayudar a recordar los límites, y hacer —dentro de lo posible— que quienes tienen poder también los recuerden.

Con una carrera que transita entre la investigación, la opinión y la estrategia, ¿qué aspectos de tu oficio te siguen desafiando hoy en día?

Me desafía encontrar el balance entre exponer lo suficiente en las investigaciones para que quede una enseñanza, pero sin afectar las vidas de los involucrados más allá de lo estrictamente necesario. Con cada nuevo caso me apasiono, me involucro y, una vez tengo todos los datos confirmados, me tomo un tiempo para pensar cómo contarlo. Siempre me pregunto: ¿Esto puede dejar algo positivo, o me estoy extralimitando?

Julissa Céspedes

En un contexto mediático cada vez más ruidoso, ¿cómo construyes credibilidad y profundidad desde tu ejercicio periodístico diario?

Teniendo siempre presente que la verdad y el bienestar colectivo están por encima de todo. Lo viral, sea bueno o malo, pasa rápido, se sustituye una noticia con otra. Pero el trabajo profundo, bien intencionado, permanece. El ruido nunca debe ser nuestro único consejero.

Has contado historias que otros han callado. ¿Qué representa para ti el silencio, tanto en tu trabajo como en tu vida personal?

Para mí, el silencio es un espejo de la conciencia. En este oficio no siempre significa lo mismo, aunque ocurra en las mismas circunstancias. El silencio puede estar cargado de prudencia o de complicidad: uno decide cuál es su carga.

¿Cómo ha transformado tu manera de comunicar el hecho de ser madre? ¿Qué parte de tu sensibilidad profesional se ha afinado a partir de esa experiencia?

Ser madre me lo cambió todo. Reforzó mi esperanza y la necesidad urgente de hacer algo que, de manera directa o indirecta, contribuya a mejorar el mundo en el que mis hijos crecerán. Me hizo pensar con más conciencia en la sociedad, el medio ambiente y el ecosistema socio político en el que les tocará convivir. La maternidad me sembró el compromiso de trabajar cada día por ser una mejor versión de mí misma. Transformó mi  manera de mirar a los demás, de interpretar sus historias y de elegir mis palabras. Después de ser madre, las personas dejaron de ser sólo nombres; cada una representa el hijo, la hija, el padre o la madre de alguien. Desde entonces, pienso también en las familias que hay detrás de cada nombre que debo mencionar. La maternidad te vuelve más humana, más consciente de los límites que decides cruzar y de cómo cada decisión, cada relato, puede resonar en la vida de quienes más amas.

Julissa Céspedes
Julissa Céspedes e hijos

En medio de tantos compromisos laborales, ¿cómo te aseguras de estar presente emocionalmente para tus hijos?

Siempre es un reto. Tengo muy presente que ellos son mi prioridad, y procuro darles su espacio sin alejarlos de mi amor y protección, permitiéndoles crecer con libertad pero sabiendo que siempre estoy ahí.

Me mantengo conectada con ellos, sin importar cómo sea mi día o cuán ocupada me encuentre. Un llamado suyo es mi campana de pausa: dejo lo que esté haciendo para atender sus necesidades o simplemente escucharlos. A veces estoy en medio de una reunión, un reportaje de campo o analizando detalles delicados, y suena el teléfono con alguna de sus llamadas para contarme lo que dijo la amiguita, que no quiere la merienda, algo de la tarea o, en el caso de mi hijo mayor, temas de universidad, su novia o cualquier inquietud del momento. Respiro y sonrío, porque eso me recuerda quién soy realmente.

Mis hijos tienen edades muy distintas, lo que me obliga a ponerme cada día en sus zapatos para comprenderlos mejor. Cuando eran bebés, todo parecía más sencillo. Ahora, como adolescentes y adultos, me descubro preguntándome si estoy siendo la madre que necesitan en cada etapa.

No hay una receta única. Cada madre tiene sus propios métodos y desafíos, y su corazón les habla en su propio lenguaje. Yo intento siempre mirar la vida desde sus ojos, desde su edad, desde su forma de ser, sin perder de vista que soy su guía, y que mis pasos también les hablan, incluso cuando no me doy cuenta.

¿Cuál es el valor más importante que deseas dejar sembrado en tus hijos a través de tu ejemplo como mujer y profesional?

La lealtad, la responsabilidad, la perseverancia y la honestidad —con ellos mismos y con los demás. Siempre les repito que sus valores son lo que los hace realmente diferentes.

Como esposa, ¿qué aprendizajes han sido clave para sostener el equilibrio entre la vida íntima y la visibilidad pública?

Nos ayuda mucho la personalidad y la química que tenemos. Una de nuestras grandes fortalezas es la facilidad con la que nos comunicamos, a veces incluso sin palabras. Hemos hecho un compromiso de cuidar nuestro vínculo: sacamos tiempo para nosotros cada semana y tenemos una cita diaria, cada noche, cuando volvemos a encontrarnos.

También, he de admitir que tuve la dicha de casarme con un hombre increíble. Me respeta y entiende mis horarios, como yo respeto los suyos. Ama mi esencia sin intentar cambiarme. Conocemos nuestras luces y también nuestras sombras, y las manejamos con amor. Nos tenemos una admiración mutua que nos hace ser cuidadosos y agradecidos con el tiempo del otro.

¿Qué parte de tu alma se activa cada vez que tienes que contar una historia que duele, y cómo lo manejas sabiendo que al final del día debes volver a ser mamá y esposa?

La sensibilidad. Muchas veces necesito hacer una pausa, respirar profundo y recordarme que es un privilegio que Dios me haya dado la capacidad emocional e intelectual para contar las historias de otras personas. Que esas historias, a veces, puedan incluso ayudarles a ellos mismos, es un regalo que no doy por sentado.

Pero al llegar a casa, no tengo que ser fuerte, ni una súper mujer. Solo soy la esposa de Fernando y la mamá de Edmoncito, Juliet y Lissa. A veces les cuento cómo fue mi día, si me lo preguntan, y todos compartimos algo. Pero ese espacio es otra cosa: es íntimo, sereno, nuestro. Es el lugar donde el mundo se reduce a lo esencial: nosotros y nuestra rutina.

¿Cómo se construye una mujer fuerte como tú sin endurecerse por dentro?

No lo sé. Cada quien responde desde su personalidad y sus circunstancias. A mí me sostiene la oración, la conexión diaria con Dios, mi meditación y esa energía divina que me recuerda, con humildad, que no soy más que un instrumento circunstancial.

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¿Qué representa para ti el hogar, más allá de un lugar físico, en medio de una vida tan llena de movimiento y exposición pública?

Mi hogar es mi santuario, mi nido privado, el lugar cálido —y bullicioso— donde me reconecto con lo más importante.

Hablándonos de tu vida profesional, ¿Qué te llevó a asumir el reto de estar al frente de espacios tan diversos como Despierta con CDN, El Gobierno de la Tarde y Reporte Especial, y cómo encuentras tu voz en cada uno?

Me llegó cada uno en el momento preciso. En el instante en que Dios consideró que yo estaba lista para asumirlos. No soy la misma Julissa que hacía Voces Propias o El Gobierno de la Tarde, espacios que fueron una escuela invaluable y me dejaron lecciones profundas para crecer. Hoy, tanto con Reporte Especial como con 55 Minutos, me doy el tiempo que cada historia merece, porque el formato lo permite y la madurez también. Antes y ahora, cada proyecto tiene su magia. Servir desde la comunicación siempre ha sido un privilegio sagrado para mí. Este oficio me permite aportar, con la convicción de escuchar a todos, pero de hablar siempre desde mi conciencia, sin dejarme influenciar por ningún interés ajeno a la verdad.

¿Qué tipo de historias sientes que el país aún necesita escuchar, y desde qué lugar deseas contarlas?

El país siempre va a necesitar historias que inspiren esperanza, que reconozcan la organización, que señalen consecuencias para quienes no hacen lo correcto y, sobre todo, que resalten las lecciones que dejan las buenas prácticas. Porque al final de cada día, necesitamos sentir que todo lo que hacemos vale la pena, que el mañana siempre puede ser mejor y que los buenos, pese a todo, siempre seremos más. Y yo quiero seguir contándolas desde aquí, desde mi país.

El periodismo de investigación en República Dominicana puede ser complicado. ¿Cómo eliges los temas que decides contar en Reporte Especial?

Tanto en Reporte Especial como en 55 Minutos somos un equipo que trabaja con propósito. Elegimos con responsabilidad lo que puede sumar a la conciencia colectiva. Sabemos que nuestro norte es aportar y sobre esa base tomamos las decisiones de nuestros temas.

¿Cómo proteges tu objetividad cuando el tema que investigas toca directamente realidades sociales que también vives como ciudadana?

Protejo la objetividad siendo fiel a los hechos; no invento realidades ni juzgo sin fundamentos, y eso para mí no es negociable.

¿Cuál ha sido la historia más compleja que has trabajado, no por falta de datos, sino por las emociones que te despertó?

Son muchas. Siempre tienen que ver con los dramas humanos, con el dolor de las familias que pierden a un ser querido en circunstancias tal vez injustas, por la ausencia de controles o porque alguien decidió no seguir las reglas. No siempre es fácil. Es inevitable conectar con la historia de los demás, y muchas veces nos toma días construir el relato con la distancia necesaria, sin que la emoción nuble el compromiso con la verdad. Me resulta especialmente difícil hablar de muertes de niños o de personas desaparecidas. Son temas que me tocan profundamente.

Julissa Céspedes

¿Alguna vez has sentido miedo por investigar y exponer ciertas verdades? ¿Cómo canalizas esa emoción?

Mentiría si dijera que no hay preocupación en algunos casos, pero me sostiene ser fiel al relato de los hechos. No aumento ni distorsiono para atraer. No creo en el sensacionalismo como método, porque en las investigaciones serias eso no aporta nada verdadero. Me funciona ser transparente, vivir de acuerdo con mis principios y jamás alimentar deseos de venganza hacia ningún involucrado. No nos corresponde juzgar con malicia ni opinar de forma aviesa sobre quienes quedan evidenciados. Lo que más temor me da es ver cuán convencidos están algunos de que el verdadero problema es quien revela la verdad, y no quien la oculta o la quebranta.

¿Qué le dirías a una joven periodista que sueña con contar la verdad pero teme las consecuencias?

Le diría que necesitamos más gente en este oficio. Es exigente, sí, pero el corazón te lo compensa. Dormir con la conciencia tranquila por haber hecho bien tu trabajo no tiene precio. Es profundamente esperanzador ver a nuevos profesionales interesados en contar los hechos con rigor, sensibilidad y profundidad. Porque mientras más voces comprometidas tengamos, más posibilidades tendremos de construir una sociedad mejor informada y más justa.

Créditos:

Fotografía: Yael Duval
Estilismo de moda: Miguel Estévez Vesturario: Versa by Mariu Jones
Maquillaje y peinado: Jhonaly Beauty Studio Asistente de fotografía: Melany Crisóstomo

Retocador: José De Lo Santos

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