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Cuando el cuerpo dice no: El vaginismo y su vínculo silencioso con la ansiedad
Escrito por: Heidy Camilo Hilario (@camiloheidy), M.A. Terapeuta sexual y de pareja, encargada del departamento de sexualidad del Centro Vida y Familia Ana Simó. Puede haber amor, deseo, incluso excitación… pero cuando llega el momento de la penetración, el cuerpo se paraliza. Así se manifiesta el vaginismo, un espasmo involuntario de los músculos vaginales que impide o dificulta la penetración vaginal, generando dolor, miedo e incomodidad. Aunque la mujer pueda disfrutar de otras formas de placer, como la estimulación oral o la masturbación, el coito se vuelve imposible. Y detrás de ese “bloqueo” físico, suele haber una emoción conocida por todas: la ansiedad.

¿Qué es un trastorno sexual y por qué el vaginismo es diferente?
Los trastornos sexuales son dificultades que interfieren en la respuesta o disfrute sexual. Pueden aparecer en cualquier fase del ciclo sexual y afectan tanto a hombres como a mujeres. Mientras que algunas disfunciones como la falta de deseo, la anorgasmia o la eyaculación precoz son compartidas entre géneros, el vaginismo es una disfunción exclusivamente femenina, profundamente ligada a la historia emocional y psicológica de cada mujer.
Ansiedad, miedo y culpa: un círculo vicioso
La mayoría de las mujeres que viven con vaginismo experimentan pensamientos intrusivos como: “No voy a poder”, “Esto me va a doler muchísimo”, “Mi pareja me va a dejar”. Estos pensamientos disparan respuestas físicas de tensión y rigidez, especialmente en la zona pélvica. El cuerpo, que inicialmente podía estar relajado, entra en un estado de defensa automática. Y el ciclo se repite, una y otra vez, alimentado por el miedo, la vergüenza y la sensación de no “cumplir” con lo que se espera de una mujer.

¿Por qué sucede?
Las causas pueden ser múltiples y profundamente personales:
- Abuso o trauma sexual previo
- Salud mental deteriorada
- Dolor físico en experiencias pasadas
- Educación sexual punitiva o basada en el miedo
- Infidelidad o traición emocional
- Dolor físico en experiencias pasadas
- Educación sexual punitiva o basada en el miedo
- Infidelidad o traición emocional
Existen dos tipos de vaginismo:
- Primario: Cuando la mujer nunca ha podido ser penetrada.
- Secundario: Cuando la penetración era posible, pero un evento traumático o emocional cambió esa realidad.
Sí hay salida: Sanar desde el cuerpo y la mente.
En terapia sexual se trabaja desde la historia individual de cada mujer, reconociendo sus heridas, miedos y mitos sobre la sexualidad. No es lo mismo acompañar a una sobreviviente de abuso infantil que a una mujer criada con miedo y desinformación sobre el sexo. El enfoque terapéutico suele ser cognitivo-conductual, enfocado en transformar pensamientos limitantes, reducir la angustia y enseñar técnicas de relajación y conexión corporal.

De la vergüenza a la sanación.
El vaginismo no es un fallo, no es una rareza, y mucho menos una sentencia. Es una respuesta del cuerpo ante algo que necesita ser atendido, comprendido y abrazado con compasión. Con el acompañamiento adecuado, muchas mujeres logran romper el ciclo de dolor y miedo, reconectándose con su placer, su pareja y su propio cuerpo.








