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El escándalo detrás de Miss Universo 2025

El escándalo detrás de Miss Universo 2025

Marcelle Cordero
Miss Universo 2025 Miss Universe

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Desde pequeñas nos enseñan a mirar los certámenes de belleza como un sueño luminoso, un camino envuelto en coronas, focos y una perfección que parece inquebrantable. Crecemos idealizando ese universo donde las sonrisas nunca titubean y todo luce impecable. Sin embargo, Miss Universo 2025, incluso antes de la gala, dejó entrever una cara distinta… una que rompió el mito del glamour absoluto y expuso tensiones y silencios que casi nunca llegan a la superficie.

En esta edición, el desfile no fue lo único que ocupó los titulares. Un escándalo en el país anfitrión alcanzó al organizador local y despertó cuestionamientos sobre el manejo interno, los equilibrios de poder y posibles irregularidades. A esto se sumó la renuncia inesperada de varios jueces, un gesto que encendió nuevas alarmas y reveló desacuerdos profundos dentro de la estructura del certamen.

Crecemos observando a esas mujeres “perfectas” cumplir, una a una, las exigencias de un checklist imposible que abarca altura, belleza, porte, presencia y elocuencia. Sin embargo, este año, entre el brillo y la expectación, aparecieron fisuras que transformaron por completo la narrativa y nos obligaron a mirar más allá del escenario. Para muchos, incluso surgió la duda de si la coronación fue realmente legítima o si respondió a la necesidad de la organización de recomponer su imagen tras días de turbulencia. Acompáñame a analizar lo que ocurrió detrás del telón de Miss Universo 2025.

El altercado público que encendió la alarma en Miss Universo 2025

El conflicto estalló durante una ceremonia previa al concurso, emitida por Facebook Live, cuando Nawat Itsaragrisil —director regional de Miss Universo en Tailandia— cuestionó públicamente a Fátima Bosch por una supuesta negativa a participar en actividades promocionales del país anfitrión.

Nawat Itsaragrisi Miss Universe

Lo que parecía un llamado de atención rutinario se transformó en un episodio incómodo y humillante. En el video quedó registrado cómo la acusó de “no seguir las reglas”, la llamó “dumbhead” y pidió que fuera retirada del lugar por el equipo de seguridad.

Bosch no se quedó inmóvil. Se puso de pie con firmeza y, en un tono sereno pero contundente, exigió respeto. “Tengo una voz… no me estás respetando como mujer”, respondió ante la mirada atenta de otras concursantes. La tensión fue tal que varias participantes, incluida la Miss Universo saliente, Victoria Kjær Theilvig, abandonaron el recinto en un gesto de solidaridad que rápidamente se volvió simbólico.

El episodio obligó a la organización a reaccionar. Raúl Rocha, presidente de Miss Universo, informó que se limitaría la participación de Itsaragrisil en las actividades oficiales. Poco después, el CEO Mario Búcaro viajó de urgencia a Bangkok para supervisar personalmente la logística restante del certamen, en una maniobra que muchos interpretaron como una operación de control de daños.

Esa misma noche, Nawat Itsaragrisil ofreció una disculpa pública frente a las concursantes. Su discurso, cargado de emoción, reconoció su error con una frase que buscó recuperar la narrativa institucional: “Soy humano… si alguien se sintió incómodo, lo siento”.

Las renuncias del jurado que abrieron una grieta en la transparencia

La crisis se intensificó días antes de la gala final con la renuncia de tres miembros prominentes del jurado: el compositor Omar Harfouch, el exfutbolista Claude Makélélé y la princesa Camilla di Borbone delle Due Sicilie. Las dimisiones ocurrieron en cadena y encendieron nuevas alarmas sobre la transparencia del concurso.

Omar Harfouch Miss Universe 2025
Omar Harfouch.

Harfouch hizo la acusación más contundente. Señaló la existencia de un “jurado clandestino” que habría seleccionado a las 30 semifinalistas sin la participación completa del panel oficial. Según su declaración, este comité incluía figuras con posibles vínculos personales con algunas candidatas, lo que, de confirmarse, comprometería la legitimidad del proceso.

La organización reconoció la existencia de ese comité, pero aseguró que su función no estaba relacionada con elegir ganadoras sino con coordinar un programa paralelo orientado a causas benéficas. La aclaración, sin embargo, lejos de cerrar el debate, abrió más preguntas. ¿Hasta qué punto la estructura de decisión detrás de Miss Universo permite procesos paralelos sin supervisión clara? ¿Y quién vigila realmente a quienes toman las decisiones que definen la competencia?

Las voces que denuncian un rumbo errático

El descontento tampoco quedó limitado a lo ocurrido en el escenario o en los pasillos del concurso. Voces con trayectoria dentro del mundo de los certámenes se sumaron al debate. Lupita Jones, ex Miss Universo México, fue una de las más críticas. Calificó la situación como el reflejo de un concurso que “se ha convertido en un circo” y lamentó que la atención ya no recaiga en las candidatas sino en los escándalos que rodean a la organización.

En su perspectiva, el cambio de liderazgo —con Raúl Rocha como presidente y Mario Búcaro como CEO— no ha logrado devolverle credibilidad al certamen. Por el contrario, considera que los recientes episodios han profundizado la percepción de deterioro en la marca Miss Universo y han generado dudas sobre su futuro rumbo.

Los vínculos familiares con el certamen

A la tensión acumulada se sumó un ángulo aún más sensible: los posibles vínculos entre la familia de Fátima Bosch y figuras de poder dentro de la organización. Fue el juez renunciante Omar Harfouch quien afirmó que Raúl Rocha —empresario mexicano y copropietario de Miss Universo— mantiene negocios con el padre de la nueva reina. Según su testimonio, Rocha lo habría presionado durante un encuentro en Dubái para favorecer a Fátima, argumentando que su triunfo sería “beneficioso para sus intereses comerciales”.

El padre de la ganadora, Bernardo Bosch Hernández, es un consultor de alto nivel en Pemex, lo que lo convierte en un actor relevante en el entramado empresarial y energético de México. Para los críticos, esta relación abre la puerta a posibles conflictos de interés que ensombrecen la credibilidad del certamen.

Además, en redes sociales y foros especializados comenzó a circular otra sospecha: que la familia Bosch tendría vínculos laborales o colaborativos con la franquicia de Miss Universo en México. Aunque no existe confirmación oficial, la sola posibilidad fortaleció la narrativa de favoritismo y alimentó la percepción pública de que la coronación estuvo atravesada por fuerzas que exceden al escenario.

La organización negó cualquier irregularidad; aun así, estas revelaciones —sumadas al escándalo previo y a las renuncias del jurado— reforzaron la sensación de opacidad. Para muchos, lo ocurrido va más allá de una polémica puntual y expone una estructura marcada por influencias y silencios incómodos. Aunque nada ha sido probado, el solo hecho de que estas conexiones formen parte del debate alimentó la idea de que la edición 2025 no solo enfrentó fallas internas, sino también dudas serias sobre la imparcialidad del resultado final.

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