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¿Ser madre a los 40 cambia tu idea de éxito? Elena Crespo te cuenta…

¿Ser madre a los 40 cambia tu idea de éxito? Elena Crespo te cuenta…

Redacción Pandora
mama a los 40

Para cerrar el Mes de la Mujer con broche de oro, ponemos el foco en historias que no solo inspiran, sino que también se sienten cercanas. Historias de mujeres que han tenido que reconstruirse, redefinirse y tomar decisiones incómodas para vivir una vida más alineada con quienes son hoy.

Dejar tu país, construir una carrera desde cero y, años después, atreverte a replantearlo todo desde la maternidad no es cualquier historia. Es una de esas transformaciones silenciosas que marcan un antes y un después. Así se dibuja el recorrido de Elena Crespo.

Tras quince años de trayectoria profesional en República Dominicana, llegó a los cuarenta con la seguridad de quien domina su terreno. Periodista primero, consultora de reputación después, había logrado posicionarse desde el rigor, la estrategia y una voz propia. Pero la llegada de su hijo Elías cambió el sentido de sus coordenadas.

Hoy, junto a su hijo de dos años, Elena ha decidido soltar esa capa de superwoman que tantas veces se nos impone sin cuestionarla. No desde la renuncia, sino desde una elección más consciente, perseguir una vida más humana y equilibrada. Apostar por una copaternidad real, donde el liderazgo y la crianza convivan en un mismo plano.

Empezar de nuevo

Llegó desde Madrid con la solidez académica de la universidad pública y la autonomía de una mujer independiente. Pero insertarse en un país ajeno fue un ejercicio profundo de humildad. Adaptarse, desaprender, volver a aprender. Desde entender cómo pedir paso hasta demostrar, día tras día, que su talento no era una fachada, sino una estructura construida con constancia.

En un contexto donde la comunidad española representa apenas el 0.30% de la población dominicana —y cerca del 5.2% dentro del universo de extranjeros, según datos de la ONU—, hacerse un lugar no es automático. Es un proceso que exige presencia, consistencia y, sobre todo, resiliencia.

“Formar parte de ese 0.30% de españoles que han echado raíces en la isla es mucho más que una cifra. Es el desafío de ejercer una competencia real en un mercado donde eres minoría, pero donde tu voz también suma dentro del liderazgo femenino en el país”, comparte.

Competitividad femenina

Desde esa mirada, Elena reflexiona sobre una realidad que muchas mujeres reconocen. La competitividad femenina no siempre es frontal, muchas veces se mueve en dinámicas más sutiles. En la forma en que se gestiona la imagen, en la validación dentro del grupo, en esa necesidad de pertenecer sin generar conflicto abierto.

“Para mí, no se trata de conflicto, sino de una búsqueda constante de estabilidad y alianzas. En mi experiencia como migrante, he visto cómo esa competencia es, en el fondo, una lucha genuina por encontrar pertenencia y reconocimiento en un suelo ajeno”.

Pero hay una nueva capa que complejiza aún más ese escenario. La presión de parecer. En la era de las redes sociales, ya no solo se compite por el éxito, sino por la apariencia de éxito. “Hoy, si no etiquetas tus logros profesionales, parece que no puedes justificar tu conocimiento. Y muchas veces es una visibilidad vacía que nos empuja a competir por quién proyecta mejor”, reflexiona. Para Elena, el riesgo está en sustituir el ser por el aparecer, convirtiendo el reconocimiento en algo superficial.

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La maternidad, especialmente cuando llega en una etapa más madura, ha sido un punto de inflexión. La maternidad, cuando te alcanza, no pregunta por el calendario ni pide permiso a la biografía. Es una revolución de tripas afuera, que te demuele la mujer que creías ser para levantarte otra, más dura y a la vez más frágil. Cuando ese hijo te mira, el mundo cambia de escala”, dice.

Y con ese cambio, también llegan nuevos retos. Mientras en España la licencia de paternidad alcanza las 16 semanas, en República Dominicana el marco legal apenas contempla dos días, aunque algunas empresas comienzan a ampliar ese tiempo. En su caso, la respuesta ha sido construir acuerdos propios.

“En mi casa, la copaternidad significa ser socios con plenos poderes. Es pactar desvelos y agendas, apoyarnos desde lo real, para que la salud materna no sea una carga individual, sino un compromiso compartido”.

Al final, su historia no se trata solo de validar una carrera en otro país. Tampoco de alcanzar un ideal de éxito. Se trata de algo más honesto. Entender que la competencia más dura no es con otras mujeres, sino con esa idea de perfección que nos persigue. Y que la verdadera evolución está en soltarla. En moverse hacia una forma de crecer donde la sororidad deje de ser discurso y se convierta en red. Porque, al final, no se trata de poder con todo. Se trata de construir una vida que, de verdad, te haga sentido.

Por: Elena Crespo, Periodista y relacionadora pública.

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