Aunque resulte confuso, muchas recién casadas transitan por el abismo de la depresión post-boda, sin entender qué les pasa ni los motivos que desencadenan la situación.

Depresión post-boda: la lucha de poder entre felicidad y tristeza

“Ni yo misma me lo creía”, nos cuenta Renata sobre su vivencia. Se casó felizmente a los 30 años con su esposo, Luis Alberto. Hoy, siete años más tarde y tras varias sesiones de terapia individual y de pareja, nos confirma que no se arrepiente de su decisión y mucho menos de lo vivido: sufrió depresión post-boda durante al menos 8 meses. “Al principio no entendía lo que me sucedía, y mucho menos mi esposo”, recuerda con la mirada algo vidriosa.

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Al igual que Renata, un sinnúmero de mujeres suelen vivir episodios depresivos una vez contraen matrimonio, y esto no significa que no sean felices con su pareja. Se trata, en la mayoría de los casos, de una etapa transitoria que con el debido apoyo y ayuda profesional se puede superar sin complicaciones.

Colaboración con Ana Luisa Robles, psicóloga y terapeuta de pareja, sobre el tema

“La depresión postboda es una crisis que se experimenta pasado el momento esperado. Puede ser un día, una semana, un mes o incluso un par de años después del evento”, explica la psicóloga y terapeuta de pareja, Ana Luisa Robles. “Es lo que conocemos hoy día como post-wedding blues, que en ocasiones toca las puertas de nuestro hogar debido a las expectativas, realistas o no, que cada uno sea crea de la vida en matrimonio”, añade la experta.

En este tipo de escenario, y porque los sentimientos son muy particulares de cada persona, la depresión no siempre muestra evidencias claras, es experta en camuflajearse. Y esto lo decimos porque sabemos que no necesariamente se está triste cuando se padece. Por eso, como se trata de una experiencia personal, la pareja y familiares pondrían ser la voz de alerta.

Respecto a los síntomas más comunes, Robles enumera:

1. Sensación de soledad

“Abandono, angustia, desconexión de la pareja y ensimismamiento son algunos síntomas que acompañan al sentimiento de soledad”, explica nuestra entrevistada, enfatizando que de manera especial pueden vivirla más fuerte quienes extrañan aspectos de su independencia o los muy apegados a sus familias o amigos.

2. Tristeza y melancolía

Si la boda lo era todo, una vez pase surgirá un sentimiento de vacío, llegando así la tristeza y la melancolía. “Pueden experimentar incomodidad por ya no ser el centro de atención o sentir que les falta propósito como pareja”, manifiesta la psicóloga. “Se tiende a añorar el día de la boda, queriendo revivir los mejores momentos”, dice.

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3. Apatía y falta de concentración

El no querer hacer nada o, simplemente, no poder concentrarse en ninguna actividad es también un signo de alerta.

4. Pensamientos negativos

Reproches, inconformidad, falta de confianza hacia el otro o hacia sí mismo…“Y es que hay personas que, de pronto, no se sienten listas para afrontar el matrimonio”, puntualiza Robles.

Es algo que también afecta a los hombres

“Aunque las mujeres son más susceptibles a estas sensaciones negativas, el ‘post-wedding blues’ puede afectar también a los hombres, producido de manera especial por una idealización de la vida de casados o de la propia pareja, que no es como se imaginaba”.

Cuidado con lo que esperas después de decir ”Sí quiero”

Nuestra segunda voz experta, Milciades Suazo, psiquiatra y terapeuta sexual y de pareja, señala que aunque no hay estudios que reafirmen esto como un síndrome per se, hay escenarios sí podrían desencadenar depresión:

La boda como solución a problemas existentes

Muchos se plantean casarse para desconectarse de sus problemas como pareja. “La boda funge como un parche, pero una vez pasa, se vuelven a encontrar con las mismas dificultades de comunicación, confianza, celos, etc.”, comenta.

La boda como una manera de salvar la relación

“Suele darse en parejas que llevan mucho tiempo juntos; proponen la boda como una inyección de energía. Y muchas veces es así, pero una vez explotan los fuegos artificiales producto de la boda y la luna de miel, se evapora. Luego se vuelve a la realidad, y en el peor de los casos, provocar un efecto rebote”, concluye Milciades.

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