Coordinación Sarah Carrasco Texto Nazaret Espinal Fotos Adolfo Florentino Locación Arturo Fuente Cigar Club Maquillaje y peinado Leysi Vestuario y calzado Leonardo’s. 

 

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“Hay personas que entienden que tenía talento cuando era gordo. Que ahora que estoy delgado, ya no”.

Su forma de hacer humor tiene un toque de ironía. Es que es un ser humano con un pálpito hacia las causas sociales y que se ha tomado muy en serio el trabajo de hacer reír. 

Desde pequeño ya correteaba sobre los escenarios “de manera coyuntural”. Como muchos actores, tuvo la oportunidad de iniciarse con Nuryn Sanlley. En la televisión arranca a los 19 años, a través de Mango TV. Su primer contacto con la comedia es a través del Show de Carlos Alfredo. Su carrera la mira con mucha responsabilidad y dice sentirse muy bendecido de poder disfrutar de ella y compartirla con personas que quiere. Sin muchos preámbulos, es un tipo directo y con una visión muy clara de las aguas en las que se mueve. Tener muy buenos maestros le ayudó a aprender a nadar en ellas, sin ahogarse.

Has tenido la oportunidad de tener contacto con varias generaciones por estar en los medios desde pequeño, ¿cómo valoras la evolución de los talentos, tanto en la televisión como en la actuación? La diferencia está en que ahora somos más, muchísimos más. Pero al mismo tiempo, no necesariamente va a la par con la preparación, con la cultura.

¿Se preparaban más antes? Yo creo que venían con eso de fábrica. Es como absurdo que ahora uno tenga más acceso a tantas informaciones y sin embargo es tan banal. No se puede culpar a que nosotros proyectamos lo que es la sociedad, lo que refleja. Yo nunca he estado de acuerdo con eso. Nosotros tenemos el cuarto poder en nuestras manos, somos los que debemos orientar a la sociedad y no dejarnos llevar de ella. Entonces, eso es lo que estoy viendo diferente a la generación de antes. Con eso no te quiero decir que sí hay muchas personas en el medio con un norte establecido, muy preparadas, muy capacitadas, que siguen pasando páginas para la izquierda, pero antes eso era el factor común.

Freddy Beras Goico, con quien tuviste la oportunidad de trabajar, siempre decía que para hacer humor hay que tener formación. Lo curioso de trabajar con Freddy fue que empecé a los 21, estaba muy joven. Vine a entender o a sentirme abiertamente cómodo, después de dos o tres años de trabajar con él. Al principio decía: «Yo soy el más joven de este grupo y estoy haciendo humor a las personas más veteranas de todos los tiempos». Caerle atrás a esas personas era imposible a nivel cultural, de preparación. De los consejos que me dio Freddy, fueron dos básicamente: uno, ser natural y dos, documentarme; leer mínimo aunque sea los periódicos. Y lo hice porque es algo que se caía de la mata. Yo veía como Freddy escribía, cómo le salían las décimas, las parodias… Era impresionante ver esa máquina mental, cómo ese sentido del humor salía a flote inmediatamente. Y entonces me incliné a aprender las décimas, las métricas. Aprendí que para desarrollar un tema jocoso hay que tener la documentación obligatoria: historia, cultura general, lo que pasa aquí para compararlo a nivel histórico, a nivel mundial. Hay que tener un entendimiento más que un conocimiento de todo lo que ha pasado.

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¿Entonces la comedia no es para tomársela a broma? No debe ser. Claro, en el humor es válido todo. Quizás escribo una parodia mañana y no la van a entender, pero quizás hay una base humorística a nivel físico, por arribita de lo cotidiano y es entendible. O sea, que es cuestión de gustos.

¿Qué ha sido lo más incómodamente cómico que te ha sucedido? Muchas cosas, sobre todo con Freddy. Él siempre fue muy natural y permitió que nosotros también lo fuéramos. Pero tenía sus días. Recuerdo que una vez, haciéndole una gracia (siempre cuando se hacía humor o él estaba en una tertulia, alguno detrás de cámara le hacía bromas que no salían al aire y él reaccionaba), mientras hacía un comentario en serio, yo me bajé los pantalones detrás de cámara y vi que él me vio y viró la cara hacia otra cámara pero me asesinó con la mirada. Yo dije, «bueno». Me fui al camerino y me pensé: «Hoy no fue el día. Aquí ya me voy (risas)». Entonces, cuando llegó al camerino, estaba con los lagrimones, con la lengua afuera, riéndose. Y me dijo «Hijo de… yo estaba hablando en serio». Yo respiré (risas). Luego le dije: «mierquina mano excúsame, después fue que me di cuenta, no sabía que estabas hablando en serio».

Entonces después, cuando había un comentario en serio, yo le cruzaba por detrás en cámara y le levantaba la mano, como para pedirle permiso, y él me hacía señas como diciéndome, «ahora no», porque sabía lo que venía. Era muy chulo. Y con la temporada de la Escuelota, tú no te puedes imaginar lo que pasaba en el aire, a veces la gente se la llevaba. Freddy se las disfrutaba y tenía una licencia que ahora mismo, después de su partida, se la han quitado a uno.

¿Sí?, ¿a qué licencia te refieres? Bueno, Freddy tenía la licencia de hacer cualquier comentario subido de tono de manera jocosa y se le permitía, era bien visto. Yo creo que en esa época no había tanta sensibilidad (entre comillas) como la hay ahora, en el humor, me refiero. Ahora uno es más cuidadoso con las palabras, con las acciones también: si hay maltrato físico, burla de algún tipo hacia alguien que se pueda ofender en el público… Uno es más cuidadoso ahora ya que Freddy no está. Antes había más licencia para eso porque él tenía las dos caras, se sensibilizaba ante el público y hacia humor abiertamente ante el público. Podía acabar con cualquier figura política de manera humorística y no había sensibilidades. Ahora hay que pasarle pañitos.

¿Y a qué crees que se deba eso? A que no hay pantalones. Uno trata de hacerlo. Por ejemplo con los shows, en el caso de Los Tres Temores, tenemos esa licencia porque nos la hemos ganado. Los que van saben que van a ver un show irreverente, donde no pasamos paños tibios de manera humorística y mandamos fuego. Pero eso en televisión ya no lo podemos hacer.

¿Te sientes con un compromiso social? Todos debemos tenerlo. De mi parte lo digo, a mí lo que no me gusta es darle propaganda. Como seres humanos, tenemos el deber de apoyar cualquier causa, solidarizarnos con cosas humanas, sin interés. Claro, hay que ponerlo en una balanza. Si darle publicidad genera más ayuda, pa’lante. Pero si es por puro ego y mantener esa soberbia, ahí no.

Pero el público no es tonto, se da cuenta… Sí, pero lamentablemente quienes no se dan cuenta es a los que tú estás ayudando, porque la necesidad tiene cara de hereje y aquí son más los que necesitan.

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En cuanto a la actuación, ¿dónde te has sentido más realizado? En teatro. Es una magia inigualable. Lo que puedes lograr en teatro es muy completo. Te forma para todo lo demás. Lo que recibes tiene que ver en un 99% de ti, a diferencia del cine, donde el que el trabajo tuyo tiene que ver con mucha gente. Y la televisión es mi casa, mi levantar, mi acostar, mi vigencia, mi ticket de entrada para hacer teatro, cine y todo lo demás. Pero el teatro es definitivamente la real formación de vida.

Aunque haya sido el cine por el que hayas recibido uno de los mayores reconocimientos. Sí, porque cuando a ti te apasiona algo lo último que esperas es el reconocimiento, si realmente vives para eso. Porque tu premio es esa labor. En los pasados premios Soberano estuve nominado como Mejor Actor de Cine y de Teatro. Y tú no puedes entender la satisfacción que yo sentí por estar en el renglón de teatro, es algo tan serio para mí. No te puedo explicar… la preparación que hay que tener para hacer teatro, no es «paja e’ coco» como dicen. Sí, aunque he venido haciendo mucho teatro, las comedias teatrales no se toman en serio. Yo decía, no recuerdo donde, que aquí tienen un afán de dividir o subdividir las profesiones. Que si eres actor de teatro, o de cine o de comedia… actuación es actuación.

Para este papel, Al Pacino no fue la primera opción. ¿Llegaste a ser segunda opción en algún momento, donde te escogieron porque no hay otro? A veces pasa, más ahora que hay muchos en la fila. Y me he dado cuenta más por mi cambio físico. Cuando estaba en sobrepeso, yo era el único gordo…

Perdón pero, ¿eso te daba ventaja? Bueno sí, de alguna manera, porque si querían un gordo para un papel, era yo nada más (risas); pero ahora que estoy delgado, hay mucho más opciones. Es la realidad. Hay que hacer una fila más larga. Hay muchos talentos impresionantes de mi generación o perfil que están puestos para eso realmente. Incluso hasta me asusta porque no teniendo las bendiciones que tengo y las oportunidades de exponerme a diario, esas personas logran tener papeles a base de actuación pura. Y eso hay que reconocerlo. Yo vine a hacer un protagónico ahora, el año pasado. Siempre he sido secundario y lo disfruto muchísimo. Es una pela tener la carga de una historia completa. Uno no se entera cuando es segunda opción. Pero eso pasa. A veces se cae y uno permite que sea así, quizás por tiempo, porque no le agrade “X” proyecto o porque no hay buena paga. Me ha pasado y cuando voy a ver los trabajo digo, menos mal que no me escogieron (risas) porque el tipo lo hizo mejor (risas), y he llamado al actor y le he dicho, «Mi hermano, ¡gracias! (risas). De la que me salvaste». Al final uno debe estar abierto a ser segunda, tercera opción o primera.

Nosotros nos hemos reído, pero es algo muy serio. Cuando decides adelgazar a la gente le costó asociarte y asimilarte en el nuevo peso. Fue algo que profesionalmente no pensé porque me vi en la obligación de operarme por asuntos de salud. Después, cuando comencé a ver los cambios y la gente también, entonces uno se da cuenta de lo que te comenté ahorita, que es muy gracioso, pero es real. Incluso sabido de personas que entendían que tenía talento y ahora después que estoy flaco, no. Creo que una cosa no tiene que ver con la otra. Pero visualmente es un cambio. Yo lo entiendo. Antes causaba más gracia que ahora.

¿Sí? ¡Claro!, y es normal y visualmente lógico, pero gracias a Dios ahí está Juan Carlos Pichardo, que si buscan a un gordo, ahí está él (risas). Pero hay gente que sí sigue mi trabajo desde que empecé, conoce mi esencia y la destreza o no que pueda tener, mi mucho o poco talento y con eso me vale.

¿No te arrepientes? No… no. Yo me operaría 15 mil veces, la nariz cuatro más (risas). Además, el medio me ha enseñado también a poder subsistir sin ser necesariamente un talento. Esa es la ventaja de este arte. Te puedes desempeñar en lo que te dé la gana y disfrutarlo si te gusta realmente. Yo he trabajado en producción, incluso me he inclinado a hacerlo sin estar delante de un proyecto, porque me fascina. Uno no sabe mañana como da vuelta el negocio.

Michael Corleone era el único de la familia que se quería mantener lejos de la mafia, aunque después sucumbiera. ¿Cómo has logrado mantener tu esencia? Es difícil porque uno tiene las emociones a flor de piel. Se dan dos caras: o es eso o te vuelves un insensible. En el caso mío son las emociones a flor de piel. Con el tiempo he aprendido a escoger pocos amigos que comparten conmigo este mismo norte y a mantener los enemigos escogidos. Me refiero a enemigos, a los que hay en todos los ambientes, yo sé quiénes son y quiénes no son. Quiénes están y quiénes no están. Cuál es el propósito de cada uno, qué hay detrás. Entonces ahí es donde viene la estrategia de manejo en este medio. Cuando se apaga la televisión, me apago de la calle y del medio. Tengo una familia que aunque viene de los medios, lo entiende también así. Soy muy social pero en sitios donde no me vean y con gente que sé puedo compartir. No estoy donde no tengo que estar.

¿Ha sido para curarte en salud? Parte y parte. Yo soy un poquito así. Me gustan los encuentros caseros, selectivos, con personas reducidas, escogidas, que son amigos de vida, y también por eso mismo, por la estrategia de que no me gusta estar ventilando cosas que no suman. Ya hay bastante de eso ahora.

¿Te han juzgado mal tus seguidores, ahora que tenemos el feedback más directo con las redes sociales? El dominicano es cruel, no tiene pestillo en la boca. Sin embargo, me considero una persona muy agradecida, muy bendecida por los seguidores que tengo. Son muy respetuosos, buenos consejeros, alentadores. Creo que va de la mano con lo que uno también publica. Ha sido un respeto mutuo. Aunque siempre aparece un desacertado. Pero yo me tomo mi tiempo para documentarme, para analizar a esa persona, y le respondo. Y quien me ponga un comentado inapropiado u ofensivo, inmediatamente lo elimino y lo bloqueo. No por mí, sino porque los demás que están viendo esa cuenta no merecen eso.

¿En algún momento has hecho algo que no para conseguir algo en tu trabajo, en tu vida personal? Sí, sí… A nivel profesional no es que haya hecho algo, pero uno permite que ciertas cosas pasen para subir escalones. No nada drástico, como permitir que maten a alguien como Michael Corleone (risas). Pasa también a nivel personal. Cuando uno tiene que tomar decisiones para el bienestar propio, alguien se tiene que joder, lamentablemente. Yo he tenido que asumir ese papel. Y va a seguir pasando. A veces esas son las desventajas de decir no, de romper una relación profesional, personal, sabiendo que esa decisión va a perjudicar mucho a la otra persona pero al final si es de buena fe por el bienestar tuyo, es parte de la vida, del negocio. Nos pasa, uno trata de que no sea así, de sopesar las decisiones desde el inicio para no tener que llegar a eso.

¿Eres extremadamente trabajador? Soy muy inquieto a nivel de procesos creativos. Lo que me cuesta mucho y te lo digo a confianza, son las iniciativas de proyectos que involucran dinero. Y es desgastante, el mercado está muy difícil. No puedo descansar mucho. Siempre tengo la mente activa.

¿El espacio para ti, para desconectarte? Yo diario me prohíbo pensar. Tengo que tener por lo menos dos horas en blanco, diario. Y gracias a Dios lo logro cuando me voy a acostar. Porque no estaba durmiendo, descansando. Llego del programa y es desconectado full, es mi momento de bajar las revoluciones. Pero ya al otro día los procesos creativos son parte de mí, y los disfruto muchísimo. Voy en la calle, manejando y es dándole mente a lo que veo, para procesarlo. Ando con una libretita anotando, con la grabadora del celular. Es algo que veo como normal en mí.

Al Pacino es uno de los mejores actores de Hollywood y quizás nunca pensó que alcanzaría la fama que tiene. ¿Alguna vez pensaste llegar a donde estás ahora? ¿Te proyectas para el futuro? Sí y no. Empecé en el negocio y no sabía que iba a tener lo que tengo hoy, ni la valoración ni el posicionamiento, nada de eso. Y doy gracias a Dios porque ha sido así. A mí no me gusta proyectarme mucho. Yo voy más con el día a día. Ahí nos diferenciamos mucho Corleone y yo (risas). Las estrategias son básicas. Las sorpresas, como sorpresas, no sabes cuándo van a llegar pero sí cómo pueden llegar, y eso de alguna manera te mantiene alerta. Y como ya de alguna forma uno ha sentado bases, en cuanto a un estilo y forma de trabajo, se sabe más o menos lo que uno puede esperar. Como este negocio no depende tanto de mí, sino de las circunstancias, los clientes, el momento, la temporada… entonces uno se limita a proyectarse. Por lo pronto puedo decirte que seguiré con lo que me ha funcionado hasta ahora, que son las producciones, la comedia, los shows. Y espero que puedan seguir las oportunidades, porque aquí cuando uno comienza a independizarse a nivel de producción te van descartando como actor o como empleado.

En esta película se aplica la ley del más fuerte. Ese es el que gana y a quien respetan. De hecho la vida es eso. En tu carrera, ¿cuál ha sido tu fortaleza, lo que te ha funcionado para mantenerte? La constancia en ser quien soy, en dar lo que sé dar y reconocer mis limitaciones. Sé lo que puedo hacer y trato de hacerlo. No quiero ser más de lo que ya soy, desviándome. No estoy aquí por llegar primero. De hecho, lo que quiero es seguir viviendo de esto de manera digna, con mi visión de negocios y sin desesperarme. Creo que la desesperación, de verdad, es parte del fracaso, y más en este negocio. He visto gente que han empezado increíble y admirablemente y se han ido por eso. 

¿No eres ambicioso? Diría que soy ambicioso pero no soy interesado, que es diferente. Me encantaría y sueño, y en eso yo sí me proyecto, en lograr tener cosas: mi casa propia, un lugar de poder desconectarme… pero no me desvela. Es algo que si llega, llega, y la única manera de hacerlo es a mí manera.

Aunque parece irónico, en la mafia la familia es muy importante, hasta matan por protegerla. ¿Qué tan familiar eres? Para mí la familia tiene un rol primordial. Soy el único varón, el más pequeño. Mi padre, de una generación de antaño, me tuvo bastante mayor. Lo que he podido disfrutar de él ha sido más que ñoñerías y sinvergüenzadas, pero el hecho de tener hermanas me da un sentido de protección quizás un poco elevado. Yo amo a mis hermanas, son mi debilidad. Por ellas lo que sea. Igual con mi padre y mi madre. Y es al final lo que te reconforta y es parte del escape. Como ellos conocen el negocio, nos juntamos para no hablar de nada de eso y eso me alivia muchísimo. Además, es una familia con sentido del humor.

¿Entonces es heredado? Sí, porque cada uno es un personaje. Lo que pasa es que yo le estoy sacando provecho a eso. Mis hermanas tienen un sentido del humor muy chispeante, igual que mi papá. Mi madre es más objetiva, demandante, exigente. Tiene una cultura impresionante.

¿Por qué te dedicaste a la comedia? Es que era tan, y es, el reflejo de la vida. Yo lo entiendo ahora, la vida es una comedia. La vida es tu película, tu puesta en escena. Eres quien la actúa. Quien la dirige pueden se tu padre o Dios, a quien escojas. Tus actores de reparto son tus hermanos, tus amigos.  O sea que, ¿por qué no hacerlo de manera humorística? Si uno supiera lo que hay después (de esta vida) entonces no sabe qué hacer en esta. Por eso yo me la estoy gozando. La risa es tan reconfortante. Entonces, ¿por qué no? Si aparte de eso te pagan para hacer reír.

¿Y se paga bien? Sí, se paga bien realmente. Es difícil lograrlo, pero como te dije, cuando uno no tiene interés, uno fija su posición, es un buen negocio. Antes no había estrategia, ahora hay que tenerla. Pero se paga bien.