Esta realidad se confirma en la lucha por la independencia en 1844. El periódico El día comparte la historia mujeres que fueron claves para ese importante día.

Una de ellas es María Trinidad Sánchez, una activista dominicana que fue la primera víctima del crimen político en la historia republicana, es la más elevada expresión del liderazgo femenino en su época. Fiel seguidora del pensamiento y acción de Juan Pablo Duarte, participó activamente en todo el proceso que culminó el 27 de febrero de 1844, momento decisivo en el que transportó pólvora en sus propias faldas y elaboró muchos de los cartuchos que utilizaron Los Trinitarios esa noche.

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Otra destacada fue Micaela de Rivera y su hija Froilana, de acuerdo con el historiador Velilio Alfau, en los primeros años del siglo diecinueve, numerosas familias dominicanas se vieron forzadas a abandonar las villas fronterizas donde vivían debido a los desmanes de los haitianos y que algunas de ellas se establecieron en la común de El Seibo, siendo esa la razón de que la villa oriental “se convirtiera en el centro de las conspiraciones” en los últimos años de la ocupación haitiana de Santo Domingo.

Tras suceder una serie de situaciones en la independencia, doña Micaela y su hija también sacrificaron sus prendas y sus haberes para la compra de los primeros buques que debían formar la flotilla nacional, encargada de la defensa de nuestras costas en 1844.

María Baltasara de los Reyes, otra valiente mujer que se destaco por haber ocultado a Juan Pablo Duarte mientras era perseguido por hombres del ejército haitiano y por haber sido la primera mujer en tomar armas en la guerra de independencia el 27 y 28 de febrero de 1844.

Ana Valverde, mujer con corazón de guerrera, inmediatamente después de la proclamación del 27 de febrero, como se esperaba un ataque haitiano, esta valiente mujer se dedicó a recabar fondos para reconstruir los muros de la ciudad de Santo Domingo.

Filomena Gómez de Coya, corresponde la gloria de haber importado desde Caracas la flor blanca que sirvió de símbolo duartista en el pecho y en la cabellera de la mujer dominicana y en el ojal y sobre el corazón de los próceres en los días gloriosos de la Trinitaria.

Rosa Montás de Duvergé, quien fue la esposa del entonces  gobernador de Azua y jefe militar de fronteras Antonio Duvergé. En cada una de aquellas batallas, doña Rosa Montás acompañó a su esposo y se dedicó a curar heridos y se desprendía de sus escasos bienes para darle de comer a los soldados que comandaba el héroe para defender la frontera.

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Pongamos en alto el ejemplo de mujeres esforzadas. En nombre de todas las que han luchado, y no se mencionan, y de las que continúan enfrentando de todo para llegar.