Nació “entre tules y zapatillas”, como ella misma dice, dentro de un ambiente familiar, que de generación en generación, ha desarrollado la educación artística. Su madre, Magaly Rodríguez, tenía una escuela de ballet en La Vega, de donde es oriunda, por lo que practica la danza desde muy joven. Desde los catorce años enseñaba de manera informal el arte y ya a los diecisiete años, se fue a vivir a Estados Unidos a perfeccionar el talento que trae en los genes, enfocándose principalmente en el área de educación, pues además de la danza, la enseñanza es algo que le apasiona.

Forma el centro de enseñanza al regresar a República Dominicana, de esta manera nace la escuela-conservatorio Ballet Clásico Alina Abreu. Desde temprana edad entendió que la vida de bailarín es efímera. “Es muy corta la profesión por todo lo que demanda de tu cuerpo; todas las horas de trabajo y todo el desgaste físico”, afirma.

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Cuando llega el momento de reconocer hasta cuando debes bailar, viene el segundo paso: ¿qué hacer con esta pasión, este talento y todo este conocimiento? Puede ser que el bailarín o bailarina se dedique a la coreografía, pero en su caso, la enseñanza fue la mejor alternativa.

Es una mujer que ha sabido mantener un nivel de enseñanza sobresaliente por 30 años y se ha caracterizado por la constante actualización en las diversas áreas que interesan a la educación artística, como los avances en neurociencia, anatomía, biomecánica,  y con razón: no se puede enseñar hoy como se enseñaba hace diez años. Para ella, la enseñanza de la danza clásica o contemporánea debería ser obligatoria en todos los niveles educativos porque la danza, científicamente comprobado, permite desarrollar las siete inteligencias. Enseña a pensar y el encontrarse con la enseñanza sistemáticamente de ésta, Alina entiende que forma personas sensibles, disciplinadas, determinadas, y saludables.

Hacer el balance entre ser bailarina, educadora, emprendedora, madre e hija, no ha sido tarea fácil, nos cuenta. Es una artista que ha tenido que convertirse en empresaria y que se ha visto en la situación de aprender a manejar la parte artística sin que interfieran los problemas administrativos.

Con el tiempo, ha adquirido la capacidad de sobrellevar los obstáculos que se le han presentado y de mantenerse en pie en las altas y bajas. Sin embargo, piensa que nada de lo que uno hace cansa, si realmente quiere, porque esto se convierte en una prioridad, por más difícil que sea o por más dedicación que requiera. Las aptitudes están ahí y las actitudes aparecen, porque como dicen “la necesidad tiene cara de hereje”.

Que desde pequeña se haya rodeado de piezas clásicas y pisos de madera, no significa que esto sea toda su vida. Le inspira caminar al aire libre, correr, el patinaje en línea, contemplar el mar y leer, porque todo esto alimenta su espíritu y le ayuda a dar rienda suelta a su imaginación. La creatividad, para un artista, es el motor de arranque de muchos proyectos y principalmente en la danza clásica que se tratan temas fantásticos y relacionados a la magia, soñar es parte fundamental para obtener buenas presentaciones. Además, Alina considera el compartir en familia como una de las actividades más importante en su vida.

Ser bailarina es algo que la hace sentir plena y sobretodo, feliz, tanto que si volviera a nacer, no dejaría de serlo. La misma preparación que ha tenido en la parte artística es lo que ha forjado su vida en el ámbito personal y profesional.

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Orgullosa de ser dominicana y de enaltecer el nombre del país en contextos internacionales. De personajes influyentes en la historia, como Juan Pablo Duarte, ha aprendido que una persona puede marcar el destino de un país, que se puede amar y es posible sentirse orgullosos y orgullosas cuando se obtienen los resultados de una incesante y dificultosa lucha y hacer que otros se sientan orgullosos de esto también.

Cada vez que forma un bailarín y una bailarina, tiene la satisfacción de que está potencializando el talento de una persona y lo está ayudando en varios aspectos de su vida, y al pertenecer a organismos internacionales como la Alianza Mundial de la Danza Américas (WDAA) y la Asociación Interamericana de Danza para las Américas (AIDA), asegura que el material dominicano está muy bien posicionado a nivel internacional y ve qué se hace en otros países en los que la danza tiene cientos de años de trayectoria, y al compararlo con que lo que se hace aquí, ve que lo criollo cumple con los parámetros.

La escuela ha participado en distintos festivales, tanto nacionales e internacionales. Desde su fundación, le ha brindado la oportunidad a muchos jóvenes de desarrollar su talento y de que sean reconocidos a nivel internacional. Este conservatorio de danza admite a niños y niñas desde los 3 años de edad en los diversos tipos de bailes y forma a personas de todas las edades y condiciones, ya que tienen clases desde Danza Española y Belly Dance, como Preparación para parto y Danza Terapia.