Comencemos aclarando que civilizaciones milenarias conocían y aceptaban el influjo del sonido en el ser humano. Por ejemplo, los antiguos griegos consideraban en parte la música como responsable del comportamiento de las personas; iban bien lejos al otorgar propiedades morales, éticas y emocionales a sus diferentes escalas. Pero durante años, Occidente prefirió olvidar o bien ignorar estas verdades. “Nos acostumbramos a percibir la música sólo como una placentera diversión y como fuente motivadora de juicios y reacciones estéticas. Sin embargo, aparte de ser también una ciencia y un lenguaje –el más universal– la música es ante todo, una poderosa fuerza, una dinamo impulsora y generadora de las más amplias gamas de valores estéticos”, explica la musicóloga, educadora y pianista dominicana Catana Pérez, quien amplía al decir que no es sólo la música, sino el sonido en general, quien posee un poder, una fuerza profunda, enraizada y eterna que influye en cada uno de nosotros.

“La música y los sonidos ofrecen un abanico infinito de posibilidades para ayudarnos a vivir mejor, tanto física como mental y espiritualmente. Solo hay que dedicar un poco de tiempo cada día al encuentro con ella y observar cómo nos vamos sintiendo con cada pieza que escuchemos, según nuestras necesidades del momento”, detalla Pérez.

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Aunque los escépticos podrían considerarlo ambiguo y/o subjetivo, por si había dudas, un grupo de psicólogos de la Universidad de Cambridge, Reino Unido, liderado por el Dr. Jason Rentfrow, jefe del Departamento de Psicología Social y del Desarrollo, han elaborado un estudio que confirma que la predilección musical viene determinada por los rasgos de personalidad.

El informe final ha arrojado a la luz los siguientes resultados: las personas en las que prima la empatía disfrutan más de los estilos musicales suaves, como el blues, el jazz y el country. Por el contrario, las composiciones de heavy metal o punk jamás entrarían en su repertorio. Quienes se identifiquen con la sistematización, o la capacidad para comprender instintivamente las reglas, escuchan, por normal general, ritmos más contundentes.

Lo anteriormente citado no contradice a otros estudios previos sobre el tema, que catalogan a cada persona en función de preferencias musicales. Uno de ellos es la investigación promovida por Adrian North y David Hargreaves, de la Universidad de Leicester, que basa sus resultados en las respuestas sobre hábitos musicales de más de 2.500 voluntarios. De las conclusiones se extrae que efectivamente los gustos musicales vienen dados por los rasgos de personalidad; la música se utiliza como un medio para regular las emociones.

“La versatilidad y la ausencia de barreras mentales se relacionan con el blues, el jazz y la música clásica. Las personas extrovertidas, que disfrutan estando rodeadas de gente, preferirán el pop, el funk y todas aquellas corrientes melódicas que les permitan bailar sin parar”, detallan.

De su parte, Samuel Gosling y Peter Rentfrow, de la Universidad de Texas, describen cuatro categorías en las que podemos agrupar a las personas de acuerdo a su contexto musical. “Así, los seguidores de la música clásica, el blues, jazz y soul se caracterizan por su solidez emocional y, como señalan los investigadores de Cambridge, suelen ser tolerantes y abiertos de mente.

Los fans del country y del pop se revelan como individuos más conservadores y extrovertidos. Disfrutan de una intensa vida social y de las aglomeraciones de gente, pero curiosamente, sus habilidades verbales no están excesivamente desarrolladas. El rock y el heavy metal se identifican con cierto grado de rebeldía e impulsividad que los hace destacar siempre donde van. Tienen un estilo personal y confían firmemente en su inteligencia.

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Los amantes del soul, el funk y el hip-hop, así como de la música electrónica, son abiertos, liberales y algo despistados. Les fascina el deporte y salvo ciertas excepciones, no reparan mucho en los fallos de los demás”, concluyen.

Aunque posiblemente esta serie de estereotipos pueden no ser del todo ciertos, esos estudios dejan muy claro que la gente hace declaraciones cercanas sobre su propia imagen y personalidad cuando hablan de su música favorita. “Muestran que la música es una poderosa forma de expresión social que puede reforzar estereotipos y potencialmente prejuicios sociales. Al declarar una preferencia por un estilo musical muchos de nosotros parece que usamos ese dato como una ‘pista’ para sacar conclusiones sobre la personalidad de esta persona”, afirma Rentfrow.