Con sus baches, malinterpretaciones, extremismos y críticas, eso ha querido hacer el movimiento feminista en todo el mundo. Proponer al fin una cultura de equidad.

Hace unas semanas atrás leía un reportaje en el portal en español de la BBC, a propósito del discurso que hiciera la actriz Patricia Arquette al ganar el Oscar como Mejor Actriz de Reparto. Los que vieron Boyhood saben que Arquette interpretó a una madre divorciada que tenía que trabajar y criar a la par a sus dos hijos. “Llegó la hora de una igualdad salarial de una vez por todas y de la igualdad de derechos para las mujeres de Estados Unidos”. Dijo, con papel y estatuilla en mano, mientras la cámara enfocaba a una Jennifer López que aplaudía eufórica y, a su lado, una Meryl Streep que casi saltando fuera de su asiento, gritaba: “Yes, yes, yes” (sí, sí sí), y levantaba su brazo en señal de aprobación.

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Sus palabras eran la introducción a: “El impuesto a la maternidad”. El título me intriga y me pregunto, ¿qué locura es esta? Resulta que en Estados Unidos, las mujeres ganan 82 centavos mientras los hombres  un dólar, según reporta el Departamento de Trabajo de este país. Continúo leyendo. El panorama no es mejor para las que son madres: 76 centavos por cada dólar que devenga su sexo opuesto y seis centavos menos que las mujeres que no tienen hijos. Ya el titular tiene explicación e igual sigue pareciéndome una locura. Si eres mujer y madre, entonces te multamos. Simple.

Hablamos de problemas del primer mundo. ¡¿Qué será de los países tercermundistas, donde hay brechas, mejor dicho, huecos enormes respecto a que las del sexo femenino alcancen ciertos puestos de trabajo, que parecen estar reservados para los varones? O a que consigan un empleo fuera de la cocina. En otras sociedades están obligadas a casarse antes de cumplir los 18 años. Si abrimos la sombrilla de los impedimentos, nos toparemos con que es enorme.

Equilibrar la balanza es el fin por el que se ha formado un movimiento que tiene como principio “una transformación social abordando la población en general, para promover un cambio entre hombres y mujeres”. Así define Feminismo, Graciela De la Cruz Bourdier, Directora Ejecutiva del Centro de Solidaridad para el Desarrollo de la Mujer (CE-MUJER).

Bourdier, quien es Socióloga y tiene una maestría en Género y Desarrollo, afirma que esta corriente no es contraria al Machismo, el extremo con el que se le compara, si no que busca erradicar lo que por años ha venido como consecuencia de él: la discriminación y opresión femenina. El hombre contra la mujer. Así como en el Androcentrismo: dónde el varón es el centro de todo.

 

Camino hacia la equidad

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El feminismo tiene en sus venas sangres de revolución. Sus orígenes como un movimiento colectivo, está vinculado con la Revolución Francesa (finales del siglo XVIII). Algunas autoras, como Geneviève Fraisse (historiadora, Paris 1948) y Celia Amorós (filósofa, Valencia 1944), coinciden al observar que los actos que tuvieron lugar en dicho proceso social fueron fundamentales con la articulación del feminismo moderno.

“En la Revolución Francesa veremos no sólo el fuerte protagonismo de las mujeres en los sucesos revolucionarios, sino la aparición de las más contundentes demandas de igualdad sexual”, apunta Ana Miguel en el portal mujeres en red. La nobleza, el clero y el pueblo en sí, habían excluido a las mujeres de  la reunión en la que se redactaron las quejas que iban a ser presentadas al rey. Así que ellas decidieron redactar sus propios cahiers de doléance (cuaderno de quejas) y con ellos, se autodenominaron “el tercer Estado del tercer Estado”, mostrando así “su clara conciencia de colectivo oprimido y el carácter de su opresión”, explica Miguel en el texto. Como pueden notar, se empezaba a trazar el camino hacia la equidad, donde su voz fuera escuchada y sus derechos, respetados.

“Creemos en una relación humana de solidaridad entre hombres  y mujeres”, dice la directora de CE-Mujer, Graciela Bourdier. Con esto, zanja la creencia de que el feminismo tiene como principio el resentimiento con el que se busca desplazar el género masculino. Que suceda no es la norma, sino una decisión personal de quien lo asume.

De hecho, lo que ha querido hacer las Naciones Unidas, desde ONU-Mujeres, a través de la campaña HeforShe (la primera en su tipo) propuesta por la reciente nombrada Embajadora de Buena Voluntad, Emma Watson, es movilizar a los hombres y los jóvenes para que ellos defiendan la igualdad de género. En su recordado discurso realizado el 20 de septiembre de 2014 en NY, Watson aclaraba que, mientras se adentraba en el conocimiento sobre el feminismo: “más me he dado cuenta de que la lucha por los derechos de las mujeres se ha vuelto con demasiada frecuencia un sinónimo de odiar a los hombres”, reconoce la actriz de 24 años de origen británico. Sin embargo, no vacila y afirma: “Si hay algo de lo que estoy segura es que esto no puede seguir así”.

Una de las propuestas del feminismo es que el hombre también pueda gozar de su libertad sin temor a estereotipos. Estereotipos como el que tienen prohibido llorar y ser sensible. Y es que ser el “sexo fuerte” también tiene sus debilidades. Watson lo citó durante su alocución: “He visto a hombres jóvenes que padecen una enfermedad mental y no se atreven a pedir ayuda por temor a parecer menos ‘machos’. De hecho, en el Reino Unido, el suicidio provoca la muerte en los hombres de entre 20 y 49 años de edad, mucho más que los accidentes de tránsito, el cáncer o las enfermedades coronarias”.

Esta es la perspectiva, al menos actualmente, que se está promoviendo desde este organismo, porque más que un tema de género, es de Derechos Humanos. Con esta postura concuerda Bourdier. Por eso, desde la organización que dirige, llama la atención del Estado y demás dependencias para que trabajen conjuntamente y aporten los recursos que hagan falta para que la educación hacia la equidad pueda llegar a todos los estratos sociales, sin excepción. 

Ciertamente, el Estado juega un papel muy importante en el orden social, por eso, también la activista Anadelle Aquino entiende que hace falta comprensión de parte del gobierno sobre la plenitud ciudadana que le corresponde a la mujer y de su reconocimiento como “ser humana”, desde el momento de su nacimiento.

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Si ciertamente hay un cambio en la mentalidad en la mujer dominicana, el proceso ha sido lento, entienden ambas entrevistadas. Uno de los motivos de este flojo avance, se debe a la falta de inversión.

“Hay que invertir para cambiar el cassette que tiene mucha gente que piensa todavía que la mujer es un objeto decorativo. Lo vemos a diario en la televisión, al ver cómo promueven su cuerpo, muchas veces porque es una exigencia. Hace falta conciencia, compromiso, inversión y educación para mejorar”, infiere la directora de CE-Mujer.

La socióloga lamenta que los medios de comunicación promuevan el cuerpo de la mujer como un objeto sexual  y afirma que esto es una forma de violencia, de agresión, que evidencia la falta de oportunidades y de justicia.