Una pérdida siempre es irreparable y cambia el mundo de sus familiares y quienes le rodean, sin importar las circunstancias en las que haya perdido la vida, pero cuando el fallecimiento es súbito-traumático, como en el caso de un asesinato, un suicidio o ciertos accidentes de tránsito, el duelo, por lo general, es más prolongado e impacta más. Rosa Mariana Brea Franco, psicóloga y especialista en intervenciones de crisis, trauma y duelo, nos dice que las personas afectadas necesitan tener más recursos internos y externos para lidiar con esa pérdida.

Los recursos internos tienen que ver con la capacidad de buscar ayuda, de no inhibir la tristeza. “Hay personas que no expresan sus penas y eso lo perjudica física y emocionalmente. Muchas depresiones vienen de un duelo que no ha sido bien manejado o que no lo ha expresado”, comenta Brea Franco. Mientras, que en los recursos externos influyen el apoyo de familiares y amigos. Al inicio de un proceso traumático, muchas veces, se les ofrece a las personas afectadas una orientación sobre cómo vivir el duelo. La especialista comparte con Pandora qué es lo sano y adecuado.

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* Apoyo familiar. En el doliente, lo más importante es el apoyo familiar y de amigos,  pero no debe ser un apoyo que los agote. “Necesitan tranquilidad para reflexionar de todo lo que han vivido. Ayudan haciéndole diligencias personales, preparándole algún alimento, recogiendo sus hijos al colegio… esas acciones son más válidas que estar todo el día en la casa del doliente”.

* Es necesario buscar un intermediario, el que esté un poco más fuerte de la familia, que estime cuando es conveniente recibir una llamada, ya que las personas en duelo, aunque necesitan compañía y apoyo, también deben descansar, y no es prudente que reciba todo el día visitas o llamadas.

* En el caso de que un familiar no desee asistir a los actos fúnebres del paciente, se debe respetar su decisión, aunque Rosa Mariana Brea aclara que lo recomendable es que asista o que se dialogue con esa persona para entender las razones por las cuales no quiere estar presente. También se le puede invitar a participar en un ceremonial íntimo, antes de empezar con los actos abiertos a los demás allegados y conocidos.

* A los niños hay que incluirlos en el funeral y actos posteriores, siempre y cuando vayan acompañados de un adulto de confianza, como un tío o un padrino, y se les expliquen lo que van a ver. “Pueden asistir a partir de los 6 o 7 años”, aclara Brea, quien también recomienda que ellos participen en un encuentro íntimo, con familiares cercanos.

* Estar triste es natural. Que los primeros días, la persona en duelo llore mucho, no quiera comer o dormir es lo usual, ya que está pasando por una pena muy profunda, y no se les debe insistir en que se reponga rápido o darles medicamentos sin previa autorización médica.

“Hay que tener cuidado porque los familiares consideran que cuando el individuo está muy triste debe ser medicado. No todos los dolientes van a necesitar ayuda farmacológica. Al principio todo eso es normal; ahora, si tiene problemas de depresión por más de tres meses, se tomarán medidas”, aclara la experta. *El duelo es de más de 30 días. “Muchas veces, los amigos acompañan hasta el primer mes pero lo duro viene a partir de ahí, sobretodo en el caso del suicidio, que tienen mucha estigma”, argumenta, Brea, por lo que pasado los primeros 30 días, es recomendable seguir brindándole apoyo a la persona en duelo.

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* El silencio es mejor. En el afán de consolar, algunas personas recurren a frases que hacen más daño que bien. Decirle a un doliente “tienes que ser fuerte”, “no te preocupes, vas a tener otros hijos” (en el caso de que haya perdido uno) o “tienes que pensar en los que están vivos” es muy perjudicial, ya que en ese momento, está llorando por esa pérdida irreparable. Además, es negarle que viva su duelo, que llore y se exprese. Si no encuentra qué decir en el momento, Brea sugiere, simplemente, dar un abrazo, o sentarse al lado del doliente y acompañarlo sin decir nada.

Rosa Mariana Brea Franco es además autora del libro «El Duelo, un camino hacia la transformación».