Armonía y unidad son pilares de las familias bien integradas. Una pareja de artistas cubanos residentes en Santo Domingo y su hija, tienen en la práctica del arte y el interés por el quehacer cultural en general, el elemento primordial para consolidar la de ellos. 

Para el pintor Francisco Sánchez, más conocido como “Guanabacoa” nombre de su municipio natal en Cuba; su pareja, la pintora y directora teatral Ana María Nardo, así como la joven pintora Indira Sánchez Jayawardana, hija de Sánchez, la pasión por el arte les recompensa en mayor amor y comprensión familiar.

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Establecidos en el país desde principios de este siglo, estos artistas han hecho de República Dominicana su casa, así como también objeto permanente de sus inquietudes creativas.

Consideran el arte como un elemento de comunicación, entendimiento, cohesión y funcionamiento familiar, amén de moldear sus vidas en general.

Conductas que en otros núcleos familiares pudieran ser elementos asociados a conflictos, tales como: aislamientos, “caras largas” o silencios de sus miembros, en el hogar Sánchez-Nardo no son más que rasgos naturales propios del proceso creativo de cada uno, mutuamente comprendidos y respetados.

“Es una comodidad esta familia, es más fácil entendernos entre nosotros por ser todos artistas, expresa “Guanabacoa”, quien se desempeña como profesor de Arte y Comunicación en la Universidad APEC.

“Nos parecemos mucho y esa semejanza contribuye a evitar cualquier conflicto; nos consultamos mutuamente, somos cómplices, a veces hasta decimos las mismas palabras a la vez por el hecho de que el arte es nuestro modo de vida y la actividad creativa nos ocupa permanentemente por encima de cualquier otro interés”, abunda Nardo, quien también ejerce labor docente en el colegio Lux Mundi.

“Para mí vivir entre artistas es parte de mi vida, lo que siempre he visto, y ellos me han ayudado a crecer y a formarme en el interés por la cultura”, expresa la joven Sánchez Jayawardana.

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Entre ellos la inclinación artística funciona como dinamizador cotidiano del vínculo afectivo, significándoles siempre tener temas interesantes de conversación y querer compartir la mayor parte del tiempo en casa. 

Las ocasiones en que suelen salir, lo hacen mayormente juntos, motivados en la preferencia por la misma clase de actividades, siempre vinculadas al quehacer cultural.

Al penetrar a su acogedora residencia en Santo Domingo, ambientada de manera impresionante con las realizaciones artísticas del trío de pintores y donde también opera su taller, nadie se remontaría a las dificultades que confrontó la pareja durante sus primeros años en Santo Domingo. “Ambos llegamos por primera vez a República Dominicana en 2001 y 2002; yo vine a exponer junto al artista dominicano Claudio Espejo, se presentaron sucesivos compromisos y gradualmente ambos nos establecimos en el país”, cuenta Guanabacoa.

Empezaron desde cero, añade, en principio establecidos en un cuarto angosto donde apretujados, pintaban. Un período “duro” pero contaron con amigos que les ayudaron, según resaltó el artista y profesor.

La labor artística del trío tiene como denominador común el enfoque antropológico y étnico de la cultura, marco dentro del cual cada uno también manifiesta sus particularidades o diferencias: Sánchez estacionado en el tema negroide y mágico- religioso de la cultura caribeña; Nardo en la transculturación, y Sánchez Jayawardana escudriñando conjuntamente en los rasgos espirituales de Sri Lanka, país de su madre biológica. 

La permanencia en Santo Domingo les ha significado una ampliación de sus inquietudes como artistas y consecuentemente, ya una parte importante de sus obras aborda temáticas y personajes de la cultura dominicana. 

Al comentar sobre esa transformación, Nardo puntualizó que “mi obra es dominicana”, pues en la actualidad plasma situaciones, personajes y sentimientos de la identidad cultural local.

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Enfatiza que tanto ella como Sánchez pertenecen a una generación que “no pinta por vanidad ni hedonismo”, sino para atender necesidades de la sociedad y adicionalmente, fue marcada por el énfasis que la época hacía en la cultura afro cubana.

Son valores formativos que actualmente extienden a su trabajo artístico en la República Dominicana, nación que comparte con su tierra natal una herencia cultural caribeña común.

De la producción en el país resaltan los títulos: “Se lo llevó la suerte que pasó”; “Perro negro, perro de otra ciudad”; “Presencia insular”; “Rituales del alma”; “Divinos forajidos”; “Asojano”; “Cuando mires atrás no estaré”, entre otros.

Ni Nardo ni Sánchez llevan cuenta de sus exposiciones aquí, aunque son “muchas” y la lista seguirá ampliándose este mes con “Augurios”, individual de Nardo, y “Sinastria”, colectiva de Guanabacoa y seis renombrados artistas de República Dominicana, España y Cuba, ambas en la galería Bodden del ensanche Evaristo Morales. 

En los últimos años también han presentado sus obras en ciudades de Estados Unidos como Nueva York, Miami, New Jersey, Boston, Los Ángeles y Groton, Connecticut.